Escuchar antes que leer
Durante las lecturas, la tarea principal del fiel consiste en escuchar la Palabra de Dios. La lectura litúrgica no equivale a una lectura privada: Cristo está presente en su palabra y el Evangelio ocupa un lugar singular dentro de la celebración.
El Misal ayuda a seguir la estructura, pero el fiel no debe bajar continuamente la mirada para comprobar cada frase. Una lectura previa en casa facilita escuchar durante la celebración sin depender constantemente del libro.
Primera lectura y salmo responsorial
La asamblea permanece sentada durante la primera lectura, el salmo responsorial y, cuando existe, la segunda lectura. Al terminar cada lectura, el lector proclama «Palabra de Dios» y la asamblea responde «Te alabamos, Señor». En el salmo, el pueblo participa mediante la respuesta repetida.,
El salmo no constituye una lectura ordinaria. Su forma responsorial invita a la participación de toda la asamblea, mientras el salmista proclama las estrofas.
Aclamación antes del Evangelio
La asamblea se pone de pie para la aclamación antes del Evangelio y permanece así durante su proclamación. El texto de la aclamación cambia según el tiempo litúrgico; durante la Cuaresma no se utiliza el Aleluya. El fiel debe atender a la indicación del cantor o del celebrante.,
Proclamación del Evangelio
El Evangelio se escucha de pie. El sacerdote o el diácono anuncia el Evangelio, y la asamblea responde con las aclamaciones previstas. El fiel puede localizar el pasaje en una hoja o en un leccionario, pero el Misal no sustituye al Leccionario, que contiene las lecturas bíblicas proclamadas en la Misa.
Homilía y silencio
Durante la homilía la asamblea permanece sentada. La homilía forma parte de la acción litúrgica y ayuda a comprender con mayor profundidad la Palabra proclamada. Después puede guardarse un breve silencio para acogerla y convertirla en oración.,