Forma ordinaria
El modo tradicional consiste en colocar una pieza sobre el pecho y la otra sobre la espalda, de manera que los cordones descansen sobre los hombros. El escapulario puede llevarse:
- Debajo de la ropa, en contacto habitual con el cuerpo.
- Encima de la ropa, cuando resulte más apropiado.
- Durante el día y la noche, con la debida dignidad.
- En casa, en el trabajo, durante los viajes y en las actividades ordinarias.
La finalidad no consiste en exhibirlo, sino en mantener vivo el compromiso que representa. La tradición del escapulario admite llevarlo bajo o sobre la ropa y apartarlo durante un breve tiempo cuando exista una causa razonable.
Durante el descanso y el baño
El fiel puede retirarlo temporalmente para bañarse, practicar deporte, realizar una actividad que pueda dañarlo o evitar un riesgo para la seguridad. También puede apartarlo durante un periodo breve por razones de higiene, trabajo o salud. Después conviene volver a colocarlo con naturalidad.
La devoción no depende de conservar la tela en contacto físico permanente con el cuerpo. La Iglesia no presenta el escapulario como un objeto mágico cuya eficacia desaparece por una retirada momentánea. Su valor espiritual procede de la fe y del compromiso cristiano que el signo expresa.
Cuando el escapulario se rompe o se desgasta
El desgaste no invalida la devoción. Si el escapulario queda deteriorado, el fiel puede sustituirlo por otro de características apropiadas. La práctica habitual consiste en conservar el nuevo escapulario con respeto y llevarlo en sustitución del anterior. Una nueva imposición puede resultar conveniente, especialmente si el fiel desea renovar conscientemente su compromiso, aunque la sustitución material no debe convertirse en una fuente de escrúpulos.
El escapulario antiguo merece un trato respetuoso. No debe arrojarse descuidadamente a la basura. Puede quemarse de forma prudente o entregarse en una parroquia para que reciba el tratamiento adecuado.
Si una persona deja de llevarlo
Quien deja de llevar el escapulario durante un tiempo no pierde la pertenencia espiritual por una omisión accidental. La tradición devocional considera que la persona puede volver a colocarlo sin necesidad de repetir automáticamente toda la ceremonia. La interrupción prolongada por indiferencia implica, sin embargo, que el fiel no vive durante ese tiempo el signo exterior ni las prácticas asociadas a él.
Si alguien abandona el escapulario durante muchos años y después desea retomarlo con una renovada conciencia, puede pedir al sacerdote una oración de reimposición o de renovación. Esta celebración ayuda a recuperar el sentido espiritual de la devoción.