Matrimonio, divorcio y nueva unión
Una persona divorciada o que mantiene una nueva relación no debe concluir automáticamente que la Iglesia la rechaza. Puede participar en la vida parroquial, escuchar la Palabra, rezar y buscar acompañamiento. La situación matrimonial concreta necesita un examen cuidadoso: matrimonios anteriores, validez del vínculo, convivencia actual, responsabilidades hacia los hijos y obligaciones de justicia.
El sacerdote puede orientar sobre la posible presentación de una causa de nulidad matrimonial, aunque nadie debe confundir la nulidad con un divorcio católico. La Iglesia no disuelve un matrimonio sacramental válido y consumado, pero puede declarar que un vínculo aparente nunca alcanzó validez por la ausencia de algún elemento esencial.
La persona debe evitar tanto la desesperación como la recepción automática de los sacramentos sin discernimiento. La verdad y la misericordia no se oponen: la misericordia conduce a vivir conforme a la verdad.
Heridas causadas por miembros de la Iglesia
Algunas personas abandonaron la Iglesia después de sufrir abusos, humillaciones, injusticias, discriminación o escándalos. La responsabilidad moral corresponde a quienes causaron el daño. Nadie está obligado a negar una experiencia traumática para regresar a la fe.
La atención pastoral debe incluir escucha, protección, justicia y, cuando resulte necesario, ayuda psicológica y jurídica. La reconciliación con Dios no elimina la obligación de denunciar delitos ni sustituye los procesos de reparación. La persona puede acercarse a Cristo incluso mientras atraviesa un proceso de dolor y búsqueda de justicia.
Dudas intelectuales
La duda no equivale siempre a rechazo voluntario de la fe. Puede expresar una búsqueda sincera, una dificultad filosófica, una crisis ante el sufrimiento o una decepción con la conducta de cristianos concretos. La formación, la lectura, el diálogo y la dirección espiritual pueden ayudar a distinguir entre una objeción razonada y una herida emocional.
La Iglesia no pide fingir certezas inexistentes. Pide buscar la verdad con rectitud y mantener abierta la voluntad ante Dios.
Personas que abandonaron la Iglesia visible
Quien perteneció a otra comunidad cristiana y desea entrar en plena comunión con la Iglesia católica necesita un itinerario distinto del que corresponde a un católico bautizado que dejó de practicar. La preparación depende de la validez del Bautismo, de la formación recibida y de la comunidad de origen.
El derecho canónico oriental establece que los cristianos bautizados en Iglesias orientales no católicas necesitan una preparación doctrinal y espiritual adecuada, junto con la profesión de la fe católica. Para otros cristianos bautizados, la Iglesia exige únicamente aquello que resulte necesario según su situación, sin imponer cargas innecesarias.