La doctrina social católica ofrece cuatro principios básicos para valorar la vida pública: la dignidad de la persona humana, el bien común, la subsidiariedad y la solidaridad.,
Dignidad de la persona humana
Toda política debe respetar a cada ser humano como persona, nunca como instrumento. La dignidad humana reclama protección de la vida, libertad responsable, justicia, condiciones laborales dignas, atención a los pobres y rechazo de toda discriminación injusta.
El votante católico debe analizar si una propuesta protege realmente a las personas más vulnerables o si las convierte en medios para alcanzar objetivos políticos, económicos o ideológicos.
Bien común
El bien común comprende las condiciones sociales que permiten a las personas y a las comunidades alcanzar su perfección de manera más plena. No equivale a la suma de intereses particulares ni a la ventaja de la mayoría contra una minoría.
Al valorar una candidatura conviene preguntar:
- ¿Favorece la justicia y la paz?
- ¿Protege a quienes carecen de poder?
- ¿Promueve instituciones honestas?
- ¿Respeta los derechos fundamentales?
- ¿Ayuda a la convivencia y a la responsabilidad compartida?
La decisión electoral debe considerar el conjunto de la vida social y no únicamente la cuestión que afecta directamente al votante.
Subsidiariedad
La subsidiariedad protege la iniciativa y la responsabilidad de las personas, las familias y las comunidades. Las instancias superiores -como el Estado- deben ayudar a las inferiores cuando no pueden alcanzar por sí mismas un objetivo necesario, pero no deben absorber injustificadamente sus competencias.
Este principio ayuda a valorar las propuestas sobre educación, familia, administración pública, economía, sanidad y organización territorial. Una buena política combina la responsabilidad de las instituciones públicas con la libertad y la participación de la sociedad civil.
Solidaridad
La solidaridad reconoce la interdependencia entre las personas y los pueblos. Impulsa a buscar el bien de todos, especialmente de los pobres, los enfermos, los migrantes, los trabajadores vulnerables y quienes sufren exclusión.
El votante católico debe evitar tanto el individualismo -que ignora las necesidades ajenas- como una concepción de la política que convierta a los necesitados en objetos pasivos. La solidaridad reclama justicia, participación y responsabilidad mutua.