San Francisco Javier
San Francisco Javier fue uno de los primeros compañeros de Ignacio y el gran iniciador de la expansión misionera jesuita en Asia. Ignacio lo envió a Oriente, donde anunció el Evangelio en la India, las islas Molucas y Japón. Murió en 1552 en la isla de Sancián, a las puertas de China, sin haber podido entrar en el continente.
Su actividad inauguró una extensa tradición de misioneros jesuitas enviados a Asia, África y América. La Compañía entendió la misión como una disponibilidad universal para anunciar el Evangelio en contextos culturales, lingüísticos y sociales diversos.
China y Matteo Ricci
Matteo Ricci desarrolló en China una forma de presencia misionera basada en el estudio de la lengua, la cultura y las tradiciones intelectuales del país. Su método buscó presentar el cristianismo mediante categorías comprensibles para la sociedad china y entablar diálogo con sus sabios y autoridades.
La misión china puso de manifiesto tanto las posibilidades como las dificultades de la inculturación. La Compañía procuró distinguir entre el núcleo de la fe cristiana y aquellas formas culturales que podían recibir una interpretación compatible con ella. Las controversias posteriores sobre los ritos chinos mostraron la complejidad de este proceso y la necesidad de la autoridad eclesial para discernir sus límites.
Japón
La misión japonesa alcanzó un notable crecimiento durante el siglo XVI. En 1582 contaba, según las estimaciones de la época, con numerosos cristianos, iglesias y misioneros. Las persecuciones iniciadas a finales de aquel siglo provocaron martirios y redujeron progresivamente la presencia pública de la Iglesia.
Entre los mártires relacionados con la misión japonesa figura el beato Carlos Spinola, ejecutado en el gran martirio de Nagasaki de 1622 junto con miembros de otras órdenes religiosas. Durante décadas, numerosos jesuitas intentaron mantener la vida cristiana clandestina, aunque la persecución terminó por impedir la continuidad ordinaria de la misión.
América y las reducciones
En Brasil, Paraguay y otras regiones americanas, los jesuitas combinaron la predicación, la catequesis, la enseñanza, la defensa de los indígenas y la organización de comunidades cristianas.
Las reducciones del Paraguay surgieron como respuesta pastoral y social a las dificultades creadas por el sistema de encomienda, la explotación de los indígenas y la falta de protección frente a los abusos. Los misioneros reunieron a numerosos pueblos indígenas en comunidades organizadas, con iglesias, escuelas, talleres, agricultura y formas propias de gobierno local.
La finalidad de las reducciones no consistía solamente en agrupar población. Pretendían proteger a los indígenas de la servidumbre personal, facilitar la instrucción cristiana y crear condiciones sociales más justas. La Corona española promulgó disposiciones que prohibían someter a servidumbre a los indígenas convertidos y apoyó jurídicamente la organización de estas comunidades.
La historia de las reducciones incluye luces y tensiones. La relación entre evangelización, estructuras coloniales, autoridad civil, jurisdicción episcopal y autonomía de las comunidades indígenas produjo conflictos y debates. Una valoración histórica responsable evita tanto la idealización absoluta como la descalificación global de aquella experiencia.