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Compañía de Jesús

La Compañía de Jesús, también llamada Sociedad de Jesús y conocida popularmente como Jesuitas, es un instituto religioso clerical de derecho pontificio fundado por san Ignacio de Loyola y aprobado por el papa Paulo III en 1540. Su carisma combina la búsqueda de la unión con Dios, el discernimiento espiritual, la disponibilidad para la misión, la obediencia al Romano Pontífice y el servicio apostólico en ámbitos como la evangelización, la formación, la investigación, la atención pastoral, la promoción de la justicia y el acompañamiento de los pobres.

Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombreCompañía de Jesús
CategoríaOrganización religiosa
Nombre Completo
  • Societas Iesu
  • Jesuitas
Fecha de Fundación1540-09-27
Autoridad EclesiásticaPrepósito general (elegido por la Congregación General)
Carismaunión con Dios, discernimiento espiritual, disponibilidad para la misión, obediencia al Papa, servicio apostólico
Cuarto Votoobediencia especial al Papa en materia de misiones
Fecha de Restauración7 de agosto de 1814
Fecha de Supresión21 de julio de 1773
Fundador
LemaAd maiorem Dei gloriam
Papa que restauróPapa Pío VII
Papa que suprimióPapa Clemente XIV
Personas relacionadasPapa Paulo III
TipoOrden religiosa, Instituto religioso clerical

Tabla de contenido

Denominación y naturaleza eclesial

El nombre oficial latino del instituto es Societas Iesu. Ignacio de Loyola escogió la denominación «Compañía de Jesús» para expresar que Jesucristo constituye su verdadero Señor y guía. La palabra «jesuita» nació inicialmente como una designación despectiva, pero con el tiempo pasó a emplearse de manera habitual para referirse a los miembros de la Compañía.1

La Compañía pertenece a los institutos religiosos clericales. Su finalidad no consiste únicamente en la santificación de sus miembros dentro de una vida conventual, sino también en el ejercicio de un amplio apostolado al servicio de la Iglesia. Desde sus orígenes, los jesuitas adoptaron una organización flexible, capaz de enviar sacerdotes y religiosos a lugares diversos y de responder a las necesidades pastorales que el Romano Pontífice o los superiores religiosos les encomendasen.1

El instituto posee una estructura centralizada bajo la autoridad del prepósito general, elegido por la Congregación General. Las provincias y regiones dependen de superiores que reciben la misión de gobernar y enviar a los religiosos según las necesidades de la Iglesia y las capacidades espirituales, intelectuales y humanas de cada jesuita.

Fundación

San Ignacio de Loyola y los primeros compañeros

Ignacio de Loyola nació en 1491 en el castillo de Loyola, en Guipúzcoa. Una herida recibida durante la defensa de Pamplona en 1521 inició un proceso de conversión que transformó sus antiguos ideales caballerescos en una entrega radical a Jesucristo.

Durante los años siguientes, Ignacio vivió periodos de oración, penitencia, estudio y discernimiento. En París reunió a los primeros compañeros, entre ellos san Francisco Javier, san Pedro Fabro, Diego Laínez, Alfonso Salmerón, Nicolás de Bobadilla, Simón Rodrigues, Claudio Le Jay, Juan Codure y Pascasio Broët.2

El 15 de agosto de 1534, en Montmartre, Ignacio y sus compañeros pronunciaron votos de pobreza y castidad. También expresaron su propósito de peregrinar a Tierra Santa y dedicar su vida al servicio de Dios. La guerra con los turcos impidió realizar aquel proyecto. Por ello, en 1537 decidieron ponerse a disposición del papa para recibir de él la misión que considerase más necesaria.2

La experiencia espiritual de La Storta, cerca de Roma, tuvo un lugar decisivo en la comprensión que Ignacio alcanzó de su vocación. La Compañía nació, por tanto, de una comunidad de compañeros unidos por la oración, el discernimiento y el deseo de servir a Cristo dentro de la Iglesia.

Aprobación pontificia

El papa Paulo III aprobó la Compañía mediante la bula Regimini militantis Ecclesiae, promulgada el 27 de septiembre de 1540. La aprobación pontificia confirmó la primera fórmula del instituto y concedió a la nueva orden capacidad para establecer sus propias leyes y constituciones.1

La fundación no respondió inicialmente a un plan limitado a combatir la Reforma protestante. La vocación de Ignacio y de sus compañeros nació antes de que la Compañía adquiriese sus principales responsabilidades en la renovación católica del siglo XVI. Su finalidad originaria consistía en servir a Cristo y a la Iglesia allí donde las necesidades apostólicas fueran mayores.1

Carisma ignaciano

Buscar y hallar a Dios

La espiritualidad de la Compañía hunde sus raíces en los Ejercicios espirituales de san Ignacio. Este método de oración y discernimiento ayuda a ordenar la vida hacia Dios, reconocer los movimientos interiores y elegir aquellos caminos que conduzcan a un servicio más generoso de Cristo.

La tradición ignaciana interpreta la vida cristiana como una peregrinación en la que la persona aprende a distinguir entre consolación y desolación, es decir, entre los movimientos interiores que acercan a Dios y aquellos que debilitan la fe, la esperanza y la caridad. La consolación incluye el crecimiento de estas virtudes y una alegría interior estable, no una emoción pasajera.3

Discernimiento

El discernimiento espiritual ocupa un lugar central en la vida personal, comunitaria y apostólica de los jesuitas. La Compañía procura examinar las circunstancias concretas, valorar las necesidades de la Iglesia y buscar la respuesta que conduzca al «mayor servicio de Dios».

Este discernimiento también configura el gobierno religioso. El superior no asigna una tarea únicamente por criterios administrativos, sino después de considerar la misión apostólica, las aptitudes del religioso y su situación espiritual. La misión recibida por el jesuita puede confirmarse, adaptarse o modificarse según las necesidades apostólicas.4

Cura animarum

El apostolado jesuita no queda reducido a la enseñanza. La cura animarum, entendida como cuidado pastoral integral de las personas y de las comunidades, comprende la predicación, la celebración de los sacramentos, la dirección espiritual, los Ejercicios espirituales, la catequesis, el acompañamiento vocacional, la reconciliación, la atención a los enfermos y el servicio a quienes viven en situaciones de pobreza o marginación.

La Fórmula del Instituto de 1550 incluyó expresamente el progreso de las personas en la vida cristiana y en la doctrina, la propagación de la fe, la reconciliación de quienes estaban enemistados y la asistencia a presos, enfermos y necesitados.5

«Ad maiorem Dei gloriam»

La expresión latina Ad maiorem Dei gloriam, abreviada habitualmente como AMDG, significa «para mayor gloria de Dios». Resume la orientación apostólica de la Compañía: ninguna obra constituye un fin absoluto, porque toda actividad debe ordenarse al conocimiento de Dios, al anuncio del Evangelio, a la santificación de las personas y al servicio de la Iglesia.

El cuarto voto

Naturaleza

Además de los votos religiosos comunes de pobreza, castidad y obediencia, los profesos de la Compañía emiten un cuarto voto de especial obediencia al papa en materia de misiones. Este voto constituye una característica propia del instituto y expresa su disponibilidad para ser enviados a cualquier lugar donde el Romano Pontífice juzgue necesario su servicio apostólico.6

El cuarto voto no constituye una simple promesa de lealtad personal al papa ni equivale a una obediencia indiscriminada en todos los aspectos de la vida. Su objeto jurídico y espiritual es concreto: la disponibilidad para recibir del papa una misión relativa al provecho de las almas y a la propagación de la fe.

Diferencia respecto de los votos religiosos comunes

Los tres votos religiosos comunes pertenecen a la estructura esencial de la vida consagrada:

  • Pobreza: renuncia al uso independiente de los bienes y subordinación de su administración a la comunidad religiosa.
  • Castidad consagrada: entrega indivisa a Dios mediante la continencia perfecta en el celibato.
  • Obediencia: sometimiento de la voluntad a los legítimos superiores conforme a las constituciones del instituto.

El cuarto voto no sustituye ninguno de estos votos ni añade una cuarta virtud teologal o cardinal. Tampoco convierte al papa en superior ordinario de cada jesuita para todos los asuntos cotidianos. Su naturaleza es apostólica y misional: vincula especialmente al religioso con la disponibilidad universal para las misiones que el Romano Pontífice pueda confiar a la Compañía.

En la práctica ordinaria, el papa ejerce esta responsabilidad a través del prepósito general, a quien corresponde enviar a los jesuitas en nombre de la Iglesia. Los superiores provinciales y locales concretan después las misiones particulares.7

San Ignacio consideraba este voto el «principio y principal fundamento» de la Compañía. La tradición jurídica y espiritual jesuita lo relaciona con la identidad más propia del instituto: vivir como hombres enviados para servir a Cristo en la Iglesia universal.4

La formación y los estudios

La educación en los primeros siglos

La Compañía concedió desde sus comienzos una importancia notable a la catequesis, la formación de la juventud, la enseñanza universitaria y la preparación intelectual del clero. Ignacio promovió instituciones como el Colegio Romano, origen de la actual Pontificia Universidad Gregoriana, y el Colegio Germánico de Roma. Estas instituciones formaron sacerdotes destinados a ejercer el ministerio pastoral en sus países de origen.8

Los colegios jesuitas no pretendían transmitir únicamente conocimientos técnicos. Su proyecto aspiraba a una formación integral, capaz de unir competencia intelectual, madurez humana, vida espiritual y compromiso cristiano. La educación constituía un medio para formar personas preparadas para servir a la Iglesia y a la sociedad desde distintos estados de vida.9

La Ratio Studiorum

La Ratio atque Institutio Studiorum Societatis Iesu, conocida como Ratio Studiorum, fue el sistema educativo común de la Compañía. Después de diversos ensayos y consultas en las provincias, la versión definitiva apareció en 1599 durante el generalato de Claudio Acquaviva.10

La Ratio Studiorum organizó los estudios de humanidades, filosofía y teología, y reguló aspectos como los programas, los métodos docentes, la disciplina escolar y la formación de los profesores. Su pedagogía combinó la tradición de las universidades católicas con elementos del humanismo renacentista.10

La educación histórica de los jesuitas no debe confundirse con toda la identidad apostólica de la Compañía. Los colegios constituyeron una de sus obras más visibles, pero el carisma incluía también misiones, predicación, dirección espiritual, atención pastoral, investigación, reconciliación y obras de misericordia.

Expansión misionera

San Francisco Javier

San Francisco Javier fue uno de los primeros compañeros de Ignacio y el gran iniciador de la expansión misionera jesuita en Asia. Ignacio lo envió a Oriente, donde anunció el Evangelio en la India, las islas Molucas y Japón. Murió en 1552 en la isla de Sancián, a las puertas de China, sin haber podido entrar en el continente.

Su actividad inauguró una extensa tradición de misioneros jesuitas enviados a Asia, África y América. La Compañía entendió la misión como una disponibilidad universal para anunciar el Evangelio en contextos culturales, lingüísticos y sociales diversos.8

China y Matteo Ricci

Matteo Ricci desarrolló en China una forma de presencia misionera basada en el estudio de la lengua, la cultura y las tradiciones intelectuales del país. Su método buscó presentar el cristianismo mediante categorías comprensibles para la sociedad china y entablar diálogo con sus sabios y autoridades.

La misión china puso de manifiesto tanto las posibilidades como las dificultades de la inculturación. La Compañía procuró distinguir entre el núcleo de la fe cristiana y aquellas formas culturales que podían recibir una interpretación compatible con ella. Las controversias posteriores sobre los ritos chinos mostraron la complejidad de este proceso y la necesidad de la autoridad eclesial para discernir sus límites.

Japón

La misión japonesa alcanzó un notable crecimiento durante el siglo XVI. En 1582 contaba, según las estimaciones de la época, con numerosos cristianos, iglesias y misioneros. Las persecuciones iniciadas a finales de aquel siglo provocaron martirios y redujeron progresivamente la presencia pública de la Iglesia.11

Entre los mártires relacionados con la misión japonesa figura el beato Carlos Spinola, ejecutado en el gran martirio de Nagasaki de 1622 junto con miembros de otras órdenes religiosas. Durante décadas, numerosos jesuitas intentaron mantener la vida cristiana clandestina, aunque la persecución terminó por impedir la continuidad ordinaria de la misión.11

América y las reducciones

En Brasil, Paraguay y otras regiones americanas, los jesuitas combinaron la predicación, la catequesis, la enseñanza, la defensa de los indígenas y la organización de comunidades cristianas.

Las reducciones del Paraguay surgieron como respuesta pastoral y social a las dificultades creadas por el sistema de encomienda, la explotación de los indígenas y la falta de protección frente a los abusos. Los misioneros reunieron a numerosos pueblos indígenas en comunidades organizadas, con iglesias, escuelas, talleres, agricultura y formas propias de gobierno local.12

La finalidad de las reducciones no consistía solamente en agrupar población. Pretendían proteger a los indígenas de la servidumbre personal, facilitar la instrucción cristiana y crear condiciones sociales más justas. La Corona española promulgó disposiciones que prohibían someter a servidumbre a los indígenas convertidos y apoyó jurídicamente la organización de estas comunidades.12

La historia de las reducciones incluye luces y tensiones. La relación entre evangelización, estructuras coloniales, autoridad civil, jurisdicción episcopal y autonomía de las comunidades indígenas produjo conflictos y debates. Una valoración histórica responsable evita tanto la idealización absoluta como la descalificación global de aquella experiencia.

Teología, ciencia y cultura

Los jesuitas participaron intensamente en la teología, la exégesis bíblica, la patrística, la historia de la Iglesia, la moral y el derecho canónico. San Pedro Canisio y san Roberto Belarmino contribuyeron a la catequesis y a la defensa doctrinal católica en el contexto de la Reforma protestante y del Concilio de Trento.9

La Compañía también promovió el estudio de las ciencias naturales, las matemáticas, la astronomía, la cartografía, las lenguas y la historia de los pueblos. Esta labor nació de la convicción de que la fe cristiana no teme la verdad y de que el conocimiento puede servir al desarrollo humano cuando permanece ordenado al bien de la persona y a la gloria de Dios.9

Supresión y restauración

Durante el siglo XVIII, la Compañía afrontó fuertes conflictos políticos y eclesiales. Diversos gobiernos europeos expulsaron a los jesuitas de sus territorios. Finalmente, el papa Clemente XIV suprimió universalmente la Compañía mediante el breve Dominus ac Redemptor, del 21 de julio de 1773. El documento recordó la aprobación inicial otorgada por Paulo III y las facultades concedidas a la orden desde su fundación.13

La Compañía sobrevivió en algunos territorios bajo protección civil, especialmente en Rusia y Prusia. El papa Pío VII restauró universalmente el instituto mediante la bula Sollicitudo omnium ecclesiarum, promulgada el 7 de agosto de 1814. La restauración permitió reanudar la actividad misionera, educativa, científica y pastoral.14

Evolución del apostolado social

De las obras de caridad a la promoción de la justicia

Desde la Fórmula del Instituto, la Compañía atendió a presos, enfermos, pobres y personas necesitadas. Sin embargo, durante el siglo XX el apostolado social adquirió una formulación más amplia. La preocupación dejó de concentrarse exclusivamente en la asistencia inmediata y comenzó a incluir el análisis de las causas estructurales de la pobreza, la defensa de los derechos humanos, la educación popular, la atención a los refugiados y la transformación de las condiciones injustas.

El padre Pedro Arrupe impulsó una comprensión especialmente intensa de la relación entre servicio de la fe y promoción de la justicia. Esta perspectiva no presentó la acción social como una actividad separada de la evangelización, sino como una dimensión inseparable del anuncio cristiano.5

La evolución del apostolado social no significa que la Compañía abandonase su tradición educativa o misionera. Más bien amplió la comprensión de la misión, integrando la formación intelectual, la evangelización, la defensa de la dignidad humana, la reconciliación y el cuidado de la creación.

Refugiados y personas excluidas

En las últimas décadas, los jesuitas han dedicado una atención particular a refugiados, desplazados, migrantes, víctimas de guerras y personas excluidas de los sistemas sociales. Este trabajo combina acompañamiento pastoral, asistencia jurídica y material, educación, defensa de derechos y denuncia de las causas que provocan la expulsión y la pobreza.

La tradición ignaciana interpreta el encuentro con los pobres como un lugar privilegiado para reconocer la presencia de Cristo. El servicio a quienes sufren nace de la oración y conduce a una caridad que busca tanto aliviar el dolor como transformar las situaciones que lo generan.5

La Compañía en España

España ocupa un lugar fundamental en la historia de la Compañía por ser la patria de san Ignacio de Loyola y por haber proporcionado numerosos misioneros, educadores, escritores y profesores.

Los jesuitas desarrollaron una amplia actividad en colegios, universidades, parroquias, seminarios, casas de ejercicios, misiones populares y obras sociales. Su presencia española también estuvo vinculada a la investigación teológica, la espiritualidad ignaciana, la dirección espiritual y la formación de laicos.

Durante el siglo XX, la Compañía afrontó los cambios culturales, políticos y eclesiales que afectaron a toda la Iglesia. El Concilio Vaticano II impulsó una renovación de los métodos pastorales y de la comprensión de la misión. Pablo VI exhortó a los jesuitas españoles y portugueses a mantener la unidad, la obediencia, la fidelidad a la Sede Apostólica y las líneas fundamentales de la espiritualidad ignaciana, integrándolas con las orientaciones conciliares.15

Gobierno y misión

La vida apostólica de un jesuita articula oración, comunidad, estudio, ministerio y disponibilidad. La misión concreta llega normalmente mediante el superior, que actúa dentro de la autoridad recibida del prepósito general. El religioso ofrece al superior información sobre su situación espiritual, sus capacidades, sus límites y sus responsabilidades para favorecer un discernimiento adecuado.6

La llamada cuenta de conciencia no equivale simplemente a una conversación privada de dirección espiritual. Dentro de la tradición jurídica y espiritual jesuita, permite al superior conocer mejor al religioso para gobernarlo y enviarlo a la misión más adecuada. El discernimiento comunitario debe respetar la dignidad de la persona y orientarse al servicio de Cristo y de la Iglesia.16

Santos y figuras destacadas

La Compañía ha dado numerosos santos, beatos, mártires, teólogos, misioneros, educadores y científicos. Entre sus figuras más conocidas figuran:

Junto a estas figuras canonizadas, la historia de la Compañía incluye innumerables religiosos dedicados a la enseñanza, la investigación, la predicación, el acompañamiento espiritual y el servicio silencioso a las comunidades cristianas.

Identidad contemporánea

La Compañía de Jesús continúa entendiendo su misión desde cuatro dimensiones inseparables:

  • Anunciar la fe en Jesucristo.
  • Acompañar a las personas en su camino espiritual.
  • Promover la justicia y la reconciliación.
  • Dialogar con la cultura, la ciencia y las religiones.

La educación sigue ocupando un lugar relevante, pero el carisma jesuita abarca también parroquias, universidades, centros de espiritualidad, investigación teológica, comunicación, atención a migrantes, defensa de los pobres, acompañamiento de jóvenes y formación de laicos.

La fidelidad a san Ignacio no consiste en repetir formas históricas sin discernimiento, sino en mantener la orientación fundamental de su espiritualidad: buscar la voluntad de Dios, servir a la Iglesia, estar disponibles para la misión y trabajar por el bien integral de las personas.

Significado eclesial

La Compañía de Jesús ha ofrecido a la Iglesia una forma de vida religiosa marcada por la movilidad apostólica, la formación intelectual, la disponibilidad universal y la unión entre contemplación y acción. Su tradición ha contribuido a la evangelización de numerosos pueblos, a la renovación de la catequesis, a la formación del clero, al desarrollo de la educación católica y a la defensa de los pobres y perseguidos.

Su identidad no puede reducirse a la imagen de una orden docente ni a su papel histórico en la controversia antiprotestante. La Compañía nació para servir a Cristo en la Iglesia universal y ha desarrollado ese servicio mediante la predicación, los sacramentos, los Ejercicios espirituales, la educación, la ciencia, las misiones, la reconciliación y la promoción de la justicia. El cuarto voto expresa de manera singular esta disponibilidad para ser enviada allí donde la Iglesia necesite su servicio.

Citas y referencias

  1. La Sociedad de Jesús. Enciclopedia Católica, La Sociedad de Jesús (1913). 2 3 4
  2. San Ignacio de Loyola. Enciclopedia Católica, San Ignacio de Loyola (1913). 2
  3. Santa Sede. Acta Apostolicae Sedis: número 11, 2016, 30 (2016).
  4. José Luis Sánchez-Girón Renedo. La cuenta de conciencia al superior. Relación entre carisma y derecho, I, 2013, número 2, pp. 211-240, 13 (2013). 2
  5. Los pobres, un lugar de encuentro con el Señor, Papa Francisco. A los participantes en la reunión de la Secretaría de Justicia Social y Ecología de la Sociedad de Jesús, 1 (2019). 2 3
  6. B1.2, José Luis Sánchez-Girón Renedo. La cuenta de conciencia al superior. Relación entre carisma y derecho, I, 2013, número 2, pp. 211-240, 10 (2013). 2
  7. José Luis Sánchez-Girón Renedo. La cuenta de conciencia al superior. Relación entre carisma y derecho, I, 2013, número 2, pp. 211-240, 11 (2013).
  8. Papa Juan Pablo II. A los provinciales de la Sociedad de Jesús (27 de febrero de 1982) - Discurso, 5 (1982). 2
  9. Santa Sede. Acta Apostolicae Sedis: número 5, mayo de 1982, 35 (1982). 2 3
  10. Ratio studiorum. Enciclopedia Católica, Ratio Studiorum (1913). 2
  11. Historia de los jesuitas antes de la supresión de 1773. Enciclopedia Católica, Historia de los Jesuitas antes de la supresión de 1773 (1913). 2
  12. Reducciones de Paraguay. Enciclopedia Católica, Reducciones de Paraguay (1913). 2
  13. Papa Clemente XIV. Dominus ac Redemptor (21 de julio de 1773), 16 (1773).
  14. Santa Sede. Acta Apostolicae Sedis: número 3, marzo de 1991, 10 (1991).
  15. A los padres provinciales de la Sociedad de Jesús de España y Portugal (17 de junio de 1970) - Discurso, Papa Pablo VI, 1 (1970).
  16. José Luis Sánchez-Girón Renedo. La cuenta de conciencia al superior. Relación entre carisma y derecho, I, 2013, número 2, pp. 211-240, 12 (2013).
Modificado el 31 de agosto de 2026 • FideScore™ 8.84Citar este artículoPaq. Scorm (LMS)Sugerir mejoraCompartir artículoImprimir artículoGenerar QRInstalar aplicaciónark:28736/mchjmb3n8

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