Antecedentes
El proyecto del Catecismo de la Iglesia Católica hunde sus raíces en el Sínodo Extraordinario de los Obispos celebrado en 1985 con motivo del vigésimo aniversario de la clausura del Concilio Vaticano II. El Sínodo expresó el deseo de disponer de un catecismo o compendio de toda la doctrina católica en materia de fe y moral, destinado a servir como punto de referencia para los catecismos elaborados en las distintas regiones.
La propuesta sinodal pedía una presentación bíblica y litúrgica, fiel a la doctrina católica y adaptada a las circunstancias de la vida contemporánea. El proyecto no pretendía eliminar los catecismos diocesanos o nacionales, sino ofrecerles un marco doctrinal común.
Juan Pablo II constituyó en 1986 la comisión encargada de preparar el Catecismo para la Iglesia universal. El trabajo condujo a la promulgación del Catecismo de la Iglesia Católica en 1992. Aquel Catecismo se convirtió en la referencia doctrinal fundamental para la enseñanza católica y para la elaboración de catecismos locales.
Preparación del Compendio
El Congreso Catequético Internacional de octubre de 2002 manifestó de manera explícita el deseo de disponer de una síntesis breve del Catecismo. Juan Pablo II acogió esa petición y, en febrero de 2003, encargó la preparación del Compendio a una comisión de cardenales presidida por Joseph Ratzinger, entonces prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe. La comisión contó también con la colaboración de diversos expertos.
Durante la elaboración, la comisión sometió un proyecto a los cardenales y a los presidentes de las conferencias episcopales. La gran mayoría valoró favorablemente el texto. Tras la elección de Joseph Ratzinger como papa, la aprobación y promulgación correspondieron a Benedicto XVI.
Aprobación y promulgación
Benedicto XVI aprobó y promulgó el Compendio el 28 de junio de 2005, víspera de la solemnidad de los santos Pedro y Pablo. El acto pontificio presentó la obra a toda la Iglesia como una síntesis segura y fiel del Catecismo.
El Papa vinculó la publicación del Compendio con la misión evangelizadora de la Iglesia y con la educación en la fe. Su brevedad debía favorecer el conocimiento de la doctrina sin separarla de su centro: Jesucristo, presentado como «el Camino, la Verdad y la Vida».