Los actos humanos
La teología moral salmanticense comienza con el análisis de los actos humanos, porque la responsabilidad moral depende de la inteligencia y de la voluntad. Un acto propiamente humano exige conocimiento y consentimiento; las acciones carentes de uno de esos elementos pueden disminuir o excluir la responsabilidad.
El análisis escolástico distingue entre:
- El objeto moral de la acción.
- La intención del agente.
- Las circunstancias.
- La libertad.
- La ignorancia.
- El miedo.
- La violencia.
- Las pasiones.
- El hábito.
- El consentimiento.
Estas categorías permiten valorar no solo el resultado exterior de una conducta, sino también su estructura moral interna.
La conciencia
La conciencia ocupa un lugar central en la teología moral. El compendio estudia la conciencia cierta, dudosa, escrupulosa, probable y errónea, junto con las obligaciones que nacen de cada situación.
La conciencia no crea por sí misma la verdad moral. Su función consiste en aplicar la ley moral al caso concreto. Por ello, la formación de la conciencia exige conocer la ley de Dios, recibir una instrucción adecuada y buscar consejo prudente cuando exista duda razonable.
La tradición moral católica distingue entre la ignorancia invencible, que la persona no puede superar razonablemente, y la ignorancia vencible, que deriva de negligencia o falta culpable de formación. Esta distinción resultaba especialmente importante en el ministerio de la confesión.
La ley y la obligación moral
El compendio trata la ley eterna, la ley natural, la ley divina positiva, la ley eclesiástica y la ley civil. La ley moral no aparece como una mera imposición exterior, sino como una ordenación racional de los actos humanos hacia el bien y hacia el fin último.
La teología salmanticense examina también:
- La promulgación de la ley.
- La obligación en conciencia.
- La interpretación de la ley.
- La dispensa.
- La costumbre.
- La duda sobre la existencia o el alcance de una norma.
- El conflicto aparente entre distintas obligaciones.
Este tratamiento conecta con la tradición tomista de la ley y con la práctica pastoral del discernimiento.
El pecado
El tratado sobre el pecado estudia su definición, especies, causas y efectos. La doctrina distingue entre pecado mortal y pecado venial, según la gravedad de la materia, el conocimiento y el consentimiento.
El compendio considera también:
- La cooperación con el pecado ajeno.
- El escándalo.
- La ocasión próxima de pecado.
- Los pecados internos.
- Los pecados contra los mandamientos.
- La distinción entre pecado formal y material.
- La imputabilidad.
- La reparación del daño causado.
La gravedad moral no depende únicamente del perjuicio visible. También debe considerarse el objeto de la acción, la intención y la relación del acto con la ley divina.
Las virtudes
El esquema moral salmanticense se apoya en la vida virtuosa. Además de las virtudes teologales -fe, esperanza y caridad-, estudia las virtudes cardinales y las virtudes morales vinculadas a ellas.
La prudencia orienta la elección concreta del bien posible; la justicia da a cada uno lo que le corresponde; la fortaleza sostiene frente a la dificultad; y la templanza ordena los deseos sensibles.
La caridad ocupa el centro de la vida cristiana. Las obligaciones morales adquieren su plenitud cuando proceden del amor de Dios y del prójimo, no de un cumplimiento exterior aislado.