Creación a imagen de Dios
La Sagrada Escritura afirma que «Dios creó al hombre a su imagen; a imagen de Dios los creó; varón y hembra los creó» (Gén 1, 27) — un pasaje que subraya que tanto el varón como la mujer reflejan la dignidad divina (1). La igual dignidad de ambos sexos se desprende del hecho de que ambos son «imagen del Señor» y, por tanto, poseen la misma dignidad intrínseca (2).
Género y dignidad igual
El Concilio Vaticano II, en Gaudium et Spes, ya señalaba que «el hombre y la mujer son creados con igualdad de dignidad, aunque diferentes en su ser» (3). El Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia confirma que «el hombre es el complemento de la mujer y la mujer del hombre; la unidad de los dos permite la plenitud del ser humano» (4). La Carta a la Familia del Papa Francisco reitera que la diferencia no implica subordinación, sino mutua ayuda y enriquecimiento (1).
Unión matrimonial como signo de la Trinidad
El Catecismo de la Iglesia Católica explica que el matrimonio «une al hombre y a la mujer en una sola carne, reflejando la unidad de la Trinidad» (5). La Internationale Theological Commission describe el matrimonio como «una forma elevada de comunión humana que imita la vida de amor del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo» (6). Así, la complementariedad se vive plenamente en el sacramento del matrimonio, donde la recíproca entrega constituye un signo del amor trinitario (7).
