El origen de las Completas ha sido objeto de discusión entre los liturgistas. Aunque la opinión general, respaldada por expertos como Bäumer y Batiffol, atribuye su formalización a San Benito a principios del siglo VI, algunos estudiosos como el Padre Pargoire y A. Vandepitte sugieren una antigüedad mayor1. San Benito, en su Regla (capítulos xvi, xvii, xviii y xlii), no solo le dio el nombre de «Completas» (Complin), sino que también definió su estructura inicial, incluyendo tres salmos (4, 90 y 133), un himno, una lección, un versículo Kyrie eleison, la bendición y la despedida1.
No obstante, se reconoce que una oración de cierre del día existía antes de San Benito, aunque él le diera su forma específica para Occidente3. La Peregrinatio ad Loca Sancta, escrita alrededor del año 388 d.C. por Eteria, una abadesa española, describe la liturgia de la Iglesia de Jerusalén en ese período, pero los oficios de Prima y Completas fueron desarrollados posteriormente3. La liturgia celta también tenía un servicio similar llamado initium noctis, y en la liturgia griega, el oficio correspondiente se conoce como Apodeipnon (después de las comidas), que existe en formas larga y abreviada1.
