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Completas (oficio)

Las Completas constituyen la última Hora del Oficio divino y la oración litúrgica con la que la Iglesia concluye la jornada antes del descanso nocturno. Su sentido abarca la acción de gracias por el día transcurrido, la petición de perdón, la súplica de protección durante la noche y una disposición espiritual para la muerte y el encuentro definitivo con Dios.

Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombreCompletas (oficio)
CategoríaObra
DescripciónOración de acción de gracias, penitencia, confianza y escatología que cierra la jornada cristiana. Última hora del Oficio divino, oración litúrgica que concluye el día antes del descanso nocturno
Autoridad EclesiásticaCongregación para el Culto Divino - Instrucción General sobre la Liturgia de las Horas (1971).
ContenidoInvocación, examen de conciencia, himno, salmodia (Salmos 4, 90, 133), lectura breve (1a Pedro), responsorio, Nunc dimittis, oración final y bendición, antífona mariana.
ContextoÚltima hora del día dentro del ciclo diario de la Liturgia de las Horas, precede al sueño.
HistoriaProcede de prácticas de oración nocturna de los primeros siglos; San Benito la estructuró en Occidente y el Breviario romano la consolidó.
TipoOración, Hora del Oficio Divino
Uso LitúrgicoSe reza antes de dormir, individualmente o en comunidad, como parte obligatoria de la Liturgia de las Horas.

Tabla de contenido

Nombre y significado

La palabra Completas procede del latín completorium, término relacionado con complere, «completar». La denominación expresa que esta Hora corona el conjunto de la oración diaria. La Regla de san Benito emplea ya, a comienzos del siglo VI, el verbo complere para designar la oración que cerraba la jornada monástica.1

El nombre no alude solo al final cronológico del día. Las Completas recogen y llevan a término la alabanza, el trabajo y las preocupaciones de la jornada, confiándolos a Dios. Por esta razón, su celebración posee un carácter simultáneamente agradecido, penitencial, confiado y escatológico.

Lugar dentro de la Liturgia de las Horas

La Liturgia de las Horas distribuye la oración de la Iglesia a lo largo del día. Las Completas ocupan el último lugar dentro de este ritmo y deben rezarse antes de acostarse, aunque la persona se retire después de medianoche. Así lo expresa la Instrucción general de la Liturgia de las Horas: las Completas son la oración final del día y preceden al sueño.2

No conviene confundirlas con las Vigilias u Oficio de lecturas. Las Vigilias pertenecen a la oración nocturna o a la preparación de determinadas solemnidades; las Completas, en cambio, cierran la jornada ordinaria. Tampoco equivalen simplemente a una oración privada antes de dormir: forman parte del Oficio divino y participan de la oración pública de la Iglesia.

Origen histórico

La oración nocturna en el cristianismo antiguo

Desde los primeros siglos, los cristianos rezaban en distintos momentos del día y concedían una importancia especial a la oración nocturna. Las vigilias incluían salmos, lecturas bíblicas y homilías, mientras que la oración vespertina y la oración antes del descanso pertenecían al desarrollo cotidiano de la espiritualidad cristiana.3

La organización de las Horas recibió una influencia decisiva de las comunidades ascéticas y monásticas desde finales del siglo III. Los monasterios ordenaron progresivamente los tiempos de oración, adaptando antiguas prácticas de la Iglesia y creando estructuras propias.3

Antes de que existiera una Hora perfectamente fijada con el nombre y la forma de las Completas, ya había costumbres de rezar al final del día y antes de acostarse. Algunos testimonios antiguos describen una oración situada entre Vísperas y el Oficio nocturno, especialmente en el Oriente cristiano. La discusión histórica consiste precisamente en determinar hasta qué punto aquellas prácticas constituían ya las Completas en sentido estricto o eran sus antecedentes.1

San Basilio y san Benito

La tradición historiográfica no permite atribuir la creación completa de las Completas a una sola figura. Algunos estudios antiguos relacionaron su origen con san Basilio, que conoció y organizó una Hora intermedia entre Vísperas y el Oficio nocturno. Otros autores atribuyeron a san Benito la institución de las Completas en Occidente.1

La explicación más equilibrada distingue entre antecedentes, organización monástica y formalización litúrgica. Antes de san Benito existían oraciones nocturnas y prácticas semejantes; san Benito dio a la Hora una configuración concreta dentro de la vida monástica occidental; y la tradición romana desarrolló posteriormente su forma propia.

La Regla de san Benito asignaba a las Completas tres salmos, un himno, una lectura breve, un versículo, el Kyrie eleison, una bendición y la despedida. En su forma primitiva, los salmos se recitaban sin antífonas.1

Por tanto, san Benito no debe considerarse necesariamente el inventor absoluto de toda oración nocturna. Su aportación consistió, sobre todo, en fijar una estructura que ejerció una influencia duradera sobre el monacato latino y sobre la evolución posterior del Oficio.

Incorporación al Oficio romano

La formación del Oficio romano fue gradual. Entre los siglos IV y VII tuvo lugar una primera sistematización de la oración litúrgica en las basílicas romanas, en diálogo con influencias orientales y monásticas. La configuración de las Horas no apareció de una vez ni dependió exclusivamente de una única reforma personal.4

Las Completas adquirieron una forma propia dentro del desarrollo del Breviario romano. La tradición occidental conservó algunos rasgos monásticos, pero los integró en una estructura litúrgica romana con salmos, himno, lectura breve, responsorio, cántico evangélico, oración y bendición.1

Estructura de las Completas

La forma romana tradicional presenta varios elementos que conducen progresivamente desde el reconocimiento de la fragilidad humana hasta la confianza en Dios:

  1. Invocación inicial.
  2. Examen de conciencia y acto penitencial.
  3. Himno.
  4. Salmodia.
  5. Lectura breve.
  6. Responsorio.
  7. Cántico evangélico de Simeón, el Nunc dimittis.
  8. Oración conclusiva.
  9. Bendición y despedida.
  10. Antífona mariana, según el tiempo litúrgico y la tradición utilizada.

La forma exacta puede variar según el libro litúrgico, el día, el tiempo del año y la tradición celebrativa. La estructura fundamental, sin embargo, mantiene siempre el mismo movimiento espiritual: revisar la jornada, escuchar la palabra de Dios, confiarse a su misericordia y descansar bajo su protección.

Invocación inicial

Como otras Horas del Oficio, las Completas comienzan con una invocación que reconoce a Dios como fuente de la ayuda de la Iglesia. La oración no nace de la autosuficiencia humana, sino de la necesidad de la gracia.

Este comienzo sitúa la jornada entera bajo la mirada divina. La persona no se limita a recordar lo que ha hecho: vuelve a reconocer quién sostiene su vida y quién puede llevar a plenitud aquello que quedó incompleto.

Examen de conciencia

El examen de conciencia ocupa un lugar propio al comienzo de las Completas. Su finalidad no consiste en alimentar la escrupulosidad ni en convertir la oración en un inventario ansioso de faltas. Su función consiste en presentar ante Dios el día vivido, reconocer el bien recibido y pedir perdón por el pecado.

Este examen posee una importante función pedagógica. Ayuda a descubrir hábitos, palabras, omisiones y decisiones que necesitan corrección. La memoria espiritual aprende así a leer la jornada con mayor lucidez: agradece las ocasiones de caridad, identifica las resistencias a la gracia y prepara cambios concretos para el día siguiente.

También posee una función espiritual. La persona abandona la pretensión de justificarse a sí misma y se coloca ante la misericordia de Dios. La noche ofrece un momento especialmente adecuado para este acto de verdad, porque el silencio exterior favorece la interioridad.

La tradición cristiana relaciona la revisión de las acciones con el Salmo 4, que invita a meditar en el corazón durante el reposo. San Basilio consideraba que examinar las acciones pasadas ayuda a no reincidir en los mismos fallos.5

El examen de conciencia prepara, por tanto, la participación fructuosa en el resto de la Hora. La salmodia deja de ser una recitación aislada y se convierte en la oración de una persona que reconoce su necesidad de perdón y desea vivir reconciliada con Dios.

Himno

El himno interpreta poéticamente el sentido de la noche. Sus imágenes suelen referirse al descanso, al silencio, a la protección divina y a la vigilancia interior. La Iglesia no entiende el sueño como una simple interrupción biológica, sino como una ocasión para confiar la vida a Dios.

El himno introduce una transición: la actividad del día termina y comienza un tiempo de abandono confiado. La comunidad cristiana pide que el descanso corporal no separe al creyente de la vigilancia espiritual.

Salmodia

Los salmos constituyen el núcleo bíblico de las Completas. La tradición monástica asignó a esta Hora salmos de súplica, confianza y protección. La Regla de san Benito estableció para ella los salmos 4, 90 y 133, recitados originalmente sin antífonas.1

Entre ellos destaca el Salmo 90, tradicionalmente asociado a la confianza en Dios durante la noche. Sus imágenes de refugio, protección y liberación expresan la certeza de que la vida permanece en manos del Señor incluso cuando la persona duerme y pierde el control consciente de sus actos.

La salmodia permite que el creyente rece con palabras recibidas de la Escritura. En lugar de depender solo de sus estados de ánimo, encuentra un lenguaje objetivo para expresar temor, arrepentimiento, esperanza y confianza.

Lectura breve

La lectura breve ofrece una palabra concisa de la Sagrada Escritura. En la forma tradicional romana, las Completas incluyen un texto de la Primera carta de san Pedro que exhorta a la sobriedad y a la vigilancia frente al adversario.6

La lectura cumple una función de iluminación y advertencia. La noche no equivale a una suspensión de la responsabilidad cristiana. Incluso durante el descanso, el discípulo necesita permanecer unido a Dios y vivir con sobriedad interior.

La Palabra escuchada antes de dormir acompaña la memoria durante la noche y orienta el despertar del día siguiente. La brevedad del texto no disminuye su importancia: concentra en pocas frases una exhortación destinada a penetrar en la conciencia.

Responsorio

El responsorio recoge la respuesta orante de la asamblea o del fiel después de la lectura. En la tradición romana, la súplica «En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu» ocupa un lugar central en el sentido de las Completas.7

Estas palabras evocan la entrega confiada de Cristo al Padre y expresan la disposición del cristiano a poner en manos de Dios su cuerpo, su alma, sus proyectos y su futuro. El responsorio convierte la enseñanza bíblica en una respuesta personal.

El Nunc dimittis

Origen bíblico

El Nunc dimittis es el cántico de Simeón, recogido en el Evangelio según san Lucas. Simeón alaba a Dios después de contemplar al Mesías y declara que puede partir en paz porque sus ojos han visto la salvación.7

La Iglesia canta este cántico en las Completas porque su contenido encaja profundamente con el final del día. El creyente, como Simeón, entrega su vida a Dios después de haber recibido sus dones. La palabra «ahora» no expresa solo el final de una jornada: anuncia la disponibilidad para comparecer ante Dios en cualquier momento.

Sentido cristiano

El cántico no interpreta la muerte como una derrota absoluta. La muerte aparece a la luz del encuentro con Cristo, que es la salvación y la luz para todos los pueblos. Por eso las Completas poseen una dimensión escatológica: preparan al creyente para el final de la vida mediante un gesto cotidiano de abandono.

Esta preparación no consiste en desear la muerte de forma imprudente ni en despreciar la vida terrena. Consiste en aprender cada noche a vivir y morir en las manos del Padre. El sueño ofrece una imagen de esa entrega: la persona abandona sus ocupaciones, renuncia temporalmente al control y confía en que Dios sostendrá su existencia.

La tradición romana coloca el Nunc dimittis después del responsorio y lo acompaña con una antífona que pide protección durante la vigilia y el sueño.7

Oración final y bendición

La oración conclusiva reúne las peticiones de la Hora: perdón, paz, descanso, protección y perseverancia. La Iglesia pide que la noche transcurra sin peligro y que el sueño renueve las fuerzas para continuar el servicio cristiano.

La bendición final manifiesta que la protección de Dios acompaña al fiel más allá del momento litúrgico. La persona no abandona la oración para entrar en un espacio ajeno a Dios; lleva consigo la bendición recibida al silencio de la noche.

En la tradición litúrgica, la bendición y la despedida completan la estructura de las Completas junto con los salmos, el himno, la lectura, el responsorio, el cántico y la oración.1

Preparación para la muerte y el encuentro con Dios

Las Completas ofrecen una pedagogía diaria de la muerte cristiana. Cada noche recuerda que la vida humana es limitada, que las obras del día no bastan para justificar a la persona y que el destino último depende de la misericordia de Dios.

Esta dimensión no convierte la Hora en un ejercicio sombrío. La esperanza cristiana permite contemplar la muerte desde la victoria de Cristo. El Nunc dimittis y la súplica «En tus manos encomiendo mi espíritu» enseñan a pasar del miedo a la confianza.

La práctica nocturna prepara así tres actitudes:

  • Acción de gracias, por el bien recibido y realizado.
  • Arrepentimiento, por el pecado y las omisiones.
  • Abandono confiado, ante la posibilidad de no despertar y ante el juicio misericordioso de Dios.

La persona que reza las Completas aprende a concluir cada día como una pequeña Pascua: deja atrás lo que ha terminado, reconoce sus heridas, recibe el perdón y espera la luz del día nuevo.

Las Completas en la espiritualidad monástica

La vida monástica concedió a las Completas un valor especial porque ordena el tiempo entero alrededor de la oración. El monje no termina su jornada de manera dispersa, sino dentro de una comunidad que canta los salmos y entrega la noche al Señor.

La oración comunitaria subraya además que nadie afronta solo la fragilidad humana. La Iglesia vela y alaba incluso cuando muchos de sus miembros duermen. El Oficio nocturno expresa la continuidad de la oración eclesial a través de los lugares, las comunidades y las generaciones.

La forma benedictina influyó ampliamente en la espiritualidad occidental. Aunque las distintas familias monásticas desarrollaron variantes propias, conservaron los elementos esenciales: salmodia, lectura, súplica y entrega confiada.

Las Completas en la tradición oriental

Las Iglesias orientales poseen servicios nocturnos comparables, aunque no idénticos, a las Completas del rito romano. La tradición bizantina distingue entre la Pequeña Completas y la Gran Completas. La primera se celebra normalmente; la segunda adquiere especial solemnidad durante la Cuaresma y en determinadas fiestas, como Navidad, la Teofanía y la Anunciación.5

La tradición oriental relaciona también este servicio con la acción de gracias por el día, la petición de perdón y la súplica por una noche tranquila y un sueño pacífico.5

Estas diferencias muestran que la oración de la noche pertenece al patrimonio común de la Iglesia, aunque cada tradición litúrgica haya desarrollado textos, salmos y estructuras particulares.

Valor pastoral y espiritual actual

Las Completas responden a una necesidad especialmente visible en la vida contemporánea: recuperar el silencio y cerrar conscientemente el día. El ritmo acelerado, la exposición constante a las pantallas y la preocupación por el trabajo pueden prolongar la actividad mental hasta el momento del sueño.

La oración litúrgica ofrece una alternativa cristiana. Invita a detenerse, revisar la jornada, pedir perdón, agradecer y descansar. No pretende proporcionar una técnica de relajación, sino devolver el día a su verdadero sentido ante Dios.

Para el fiel que reza solo, basta seguir con atención el libro litúrgico y evitar la prisa. Para una comunidad, la celebración puede adquirir una particular belleza mediante el canto de los salmos y del Nunc dimittis. En ambos casos, la eficacia espiritual depende de la fe y de la disposición interior, no de la solemnidad exterior.

Conclusión

Las Completas son la última oración litúrgica del día y mucho más que una despedida antes de dormir. Su estructura reúne examen de conciencia, salmos, escucha de la Escritura, súplica, acción de gracias y abandono confiado. La tradición cristiana desarrolló esta Hora gradualmente: existieron antiguas oraciones nocturnas antes de su formalización, san Benito le dio una configuración decisiva en Occidente y el Breviario romano consolidó posteriormente su forma litúrgica.

Cada noche, las Completas enseñan a concluir la jornada ante Dios y preparan, mediante la repetición cotidiana de ese gesto, el encuentro definitivo con Él.

Citas y referencias

  1. Complin. Enciclopedia Católica, Complin (1913). 2 3 4 5 6 7
  2. Capítulo dos. La santificación del día-las distintas horas litúrgicas - VI. Completas, Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos. Instrucción General sobre la Liturgia de las Horas, 84 (1971).
  3. Breviario. Enciclopedia Católica, Breviario (1913). 2
  4. Instituto Litúrgico Pontificio. Manual de Estudios Litúrgicos: La Eucaristía (Volumen V), 79 (1999).
  5. Parte dos - La oración de la iglesia - III. El tiempo y el espacio de la oración de la iglesia - B. El ritmo de la oración litúrgica - 1. El ciclo diario-horologio (chasoslov) - B. Otros servicios del ciclo diario, Sínodo de la Iglesia Católica Griega Ucraniana. Catecismo de la Iglesia Católica Ucraniana: Cristo - Nuestra Pascua, 548 (2016). 2 3
  6. Lecciones en la liturgia. Enciclopedia Católica, Lecciones en la liturgia (1913).
  7. Nunc dimittis. Enciclopedia Católica, Nunc dimittis (1913). 2 3
Modificado el 8 de septiembre de 2026 • FideScore™ 9.36 • 107 visitas • Citar este artículo • Paq. Scorm (LMS) • Sugerir mejora • Compartir artículo • Imprimir artículo • Generar QR • Instalar aplicación • ark:28736/2zc20v13n

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