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Composición de los Salmos

La composición de los Salmos comprende la creación poética, transmisión, adaptación litúrgica y recopilación editorial de los 150 poemas que forman el Salterio bíblico. La tradición católica reconoce en ellos una obra inspirada por Dios, expresada mediante autores humanos concretos y transmitida dentro de la historia religiosa de Israel. El Salterio no nació necesariamente como un libro unitario, sino como el resultado de un largo proceso que reunió himnos, súplicas, acciones de gracias, cantos reales, poemas sapienciales y composiciones destinadas al culto.

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Ver información de la imagenPergamino de los Salmos, c. 2009. Original, Pete unseth, CC0 📄
Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombreComposición de los Salmos
CategoríaLibro
DescripciónColección de 150 poemas de alabanza, lamento, acción de gracias y sabiduría del Antiguo Testamento. El Salterio, llamado también Sefer Tehillim, reúne 150 poemas que expresan oraciones y cantos del pueblo de Israel desde la monarquía hasta el período postexílico, agrupados en cinco libros y utilizados en la liturgia cristiana
AutorDavid, Asaf, hijos de Coré, Hemán, Etán, Moisés, Salomón y otros autores levíticos
Contenido150 poemas divididos en cinco libros (1-41, 42-72, 73-89, 90-106, 107-150)
Contexto HistóricoMonarquía israelita, exilio babilónico y restauración del Segundo Templo
LugarIsrael
OrigenTradición hebrea; título hebreo Sefer Tehillim
TemaOración, alabanza, lamento, sabiduría, culto
TipoLibro, Libro bíblico, Salterio
Uso LitúrgicoLiturgia de las Horas y oración de la Iglesia

Tabla de contenido

El Salterio como libro bíblico

El nombre Salterio procede del griego psaltérion, término relacionado con un instrumento de cuerda utilizado para acompañar el canto. La denominación hebrea tradicional es Sefer Tehillim, «Libro de las alabanzas», aunque el conjunto incluye también lamentos, súplicas penitenciales, peticiones de justicia y meditaciones sobre la Ley.

El canon católico del Antiguo Testamento contiene exactamente 150 salmos. La numeración de los salmos no debe confundirse con la existencia de salmos adicionales dentro del canon: las diferencias entre las tradiciones textuales afectan a la división y numeración de algunos poemas, pero no alteran el número canónico del Salterio.

El Salterio actual presenta una unidad literaria y teológica, aunque reúne materiales compuestos en épocas distintas. La Comisión Bíblica Pontificia describe el libro como una colección de oraciones nacidas de la experiencia personal y comunitaria de la presencia y de la acción de Dios en Israel, desde la época monárquica hasta el exilio y el período posterior, vinculado al segundo templo.1

Inspiración divina y autoría humana

La doctrina católica de la inspiración

La Iglesia distingue entre la inspiración divina y el proceso humano mediante el cual los salmos fueron redactados, transmitidos, adaptados y ordenados. La inspiración no exige que todos los poemas procedan de un único autor ni que cada salmo haya recibido su forma literaria definitiva en un solo momento.

El Salterio expresa palabras humanas dirigidas a Dios, pero también constituye Palabra de Dios. La oración de Israel nace de acontecimientos concretos -la liberación, el pecado, la persecución, el culto del templo, la esperanza nacional y la experiencia de la misericordia- y, al mismo tiempo, adquiere una dimensión universal porque el Espíritu Santo la ofrece a la Iglesia como oración inspirada.

La Comisión Bíblica Pontificia afirma que cada salmo procede de una relación viva con Dios y que, por ello, puede reconocerse como inspirado por Dios. Esa relación incluye la experiencia de la intervención divina en la vida de los creyentes, la presencia de Dios en el santuario y la búsqueda de la sabiduría.1

David y los demás autores

La tradición bíblica atribuye numerosos salmos a David. El rey aparece como músico, poeta, organizador del culto y figura central de la esperanza mesiánica. La atribución davídica posee, por tanto, una base religiosa y literaria de gran importancia, aunque no equivale necesariamente a afirmar que David redactara materialmente los 150 salmos.

La Comisión Bíblica Pontificia rechazó tanto la tesis que convierte a David en el único autor de todo el Salterio como la opinión que reduce su participación a unos pocos poemas. También reconoció una especial autoría davídica para los salmos que el Antiguo o el Nuevo Testamento citan expresamente bajo su nombre, entre ellos los Salmos 2, 15, 17, 31, 68 y 110 en la numeración hebrea.2

Además de David, los títulos hebreos mencionan otros nombres o grupos vinculados a la composición o ejecución de los salmos:

  • Asaf, relacionado con una tradición levítica de cantores y compositores.
  • Los hijos de Coré, vinculados al servicio musical del templo.
  • Hemán, asociado a la sabiduría y a la música cultual.
  • Etán, presentado como autor de un canto de carácter sapiencial o real.
  • Moisés, a quien el Salmo 90 atribuye tradicionalmente su composición.
  • Salomón, asociado a los Salmos 72 y 127 en la tradición de los títulos.
  • Los peregrinos, destinatarios o intérpretes de los llamados «cantos de las subidas».

Los títulos no funcionan siempre como firmas modernas. Pueden indicar autor, pertenencia a una colección, dedicación, contexto, modo musical o uso litúrgico. La Comisión Bíblica Pontificia consideró que esos encabezamientos pertenecen a una tradición judía antigua y que, cuando no existe una razón grave contra su autenticidad, no conviene descartarlos arbitrariamente.2

El proceso histórico de composición

La experiencia religiosa de Israel

Los salmos reflejan distintas etapas de la historia de Israel. Algunos proceden del ambiente de la monarquía y hablan del rey, de Sión, del templo y de la protección divina. Otros expresan la crisis del exilio, cuando la destrucción de Jerusalén y la pérdida de la monarquía obligaron a reinterpretar la realeza de Dios. También existen poemas relacionados con la comunidad restaurada, la Ley, el templo reconstruido y la esperanza escatológica.

La experiencia histórica no aparece únicamente como una crónica. El salmista convierte los acontecimientos en oración. Una derrota se transforma en súplica; el perdón recibido, en acción de gracias; la alianza, en fundamento de confianza; y la realeza de Israel, en figura de la soberanía universal de Dios.

La Comisión Bíblica Pontificia sitúa la inspiración del Salterio en la experiencia de la alianza del Sinaí, que comprende la promesa de una presencia activa de Dios en la vida cotidiana del pueblo y en el templo.1

Composición, transmisión y reedición

Muchos salmos pudieron atravesar varias fases antes de alcanzar su forma canónica. Un poema nacido de una experiencia individual pudo incorporarse al culto comunitario. Una oración vinculada inicialmente a un rey pudo recibir una lectura aplicable a toda la nación. Un canto compuesto para una celebración concreta pudo integrarse posteriormente en una colección más amplia.

La Comisión Bíblica Pontificia admitió que algunos salmos pudieron dividirse o unirse por razones litúrgicas y musicales, por errores de los copistas o por otras causas desconocidas. También aceptó que ciertos poemas experimentaran revisiones leves para adaptarlos a circunstancias históricas o solemnidades del pueblo judío, siempre que permaneciera intacta la inspiración del texto sagrado.3

Esta doctrina permite distinguir tres realidades relacionadas:

  1. La composición originaria, realizada por un poeta o por una tradición poética concreta.
  2. La transmisión y adaptación, que pudo modificar la disposición, añadir o suprimir algún versículo, o acomodar el texto al canto cultual.
  3. La redacción canónica, que reunió y ordenó los poemas en el libro recibido por la Iglesia.

La redacción final no constituye una simple operación editorial profana. La forma canónica del Salterio pertenece al texto inspirado que la Iglesia recibe como Escritura. El análisis histórico puede estudiar fases anteriores, pero no debe separar la inspiración de la forma bíblica actual.

Estructura del Salterio

La división en cinco libros

El Salterio está dividido tradicionalmente en cinco libros, probablemente como una evocación literaria del Pentateuco. Cada una de las cuatro primeras partes termina con una fórmula doxológica, mientras que el Salmo 150 actúa como conclusión solemne de todo el conjunto.

La división habitual es la siguiente:

  • Libro I: Salmos 1-41.
  • Libro II: Salmos 42-72.
  • Libro III: Salmos 73-89.
  • Libro IV: Salmos 90-106.
  • Libro V: Salmos 107-150.

Las doxologías finales de los cuatro primeros libros incluyen fórmulas de bendición dirigidas al Señor. El quinto libro no necesita una doxología añadida, porque los Salmos 148-150 conducen progresivamente a una alabanza universal y el Salmo 150 cierra el Salterio con una gran proclamación de alabanza.4

La tradición antigua relacionó esta división con las fórmulas «Amén, amén» o «Bendito sea el Señor». Hipólito de Roma describió los cinco libros con la siguiente distribución: Salmos 1-40, 41-71, 72-88, 89-105 y 106-150, de acuerdo con la numeración de la tradición griega que utilizaba.5

Colecciones internas

Dentro de los cinco libros aparecen agrupaciones que probablemente conservaron colecciones más antiguas. Entre ellas figuran:

  • Los salmos atribuidos a los hijos de Coré.
  • Los salmos de Asaf.
  • Los llamados salmos de las subidas, normalmente identificados con los Salmos 120-134 en la numeración hebrea.
  • Los salmos de alabanza que forman el cierre del libro.
  • Las composiciones reales y mesiánicas.
  • Las series de salmos aleluyáticos, especialmente frecuentes en el quinto libro.

Estas agrupaciones no siempre coinciden con los géneros literarios. Un mismo conjunto puede reunir poemas de distinta forma, pero unidos por autor atribuido, tradición cultual, tema, función litúrgica o historia de transmisión.

El orden teológico del conjunto

El Salterio no presenta una narración continua, pero su disposición produce un movimiento espiritual reconocible. Los primeros libros contienen numerosas súplicas individuales y comunitarias. El tercer libro alcanza una fuerte crisis en torno a la promesa davídica y al sufrimiento nacional. El cuarto libro responde proclamando a Dios como Rey. El quinto avanza hacia la acción de gracias, la peregrinación y la alabanza universal.

Este desarrollo no elimina la diversidad interna, pero ofrece una lectura global: el sufrimiento de Israel no tiene la última palabra; la fidelidad divina conduce a la confianza y la alabanza.

Géneros literarios de los Salmos

Himnos de alabanza

Los himnos alaban a Dios por su grandeza, su creación, su gobierno del mundo y sus obras salvadoras. Suelen comenzar con una invitación a la alabanza y concluir con una proclamación de los motivos que la justifican.

Los Salmos 8, 19, 29, 33, 47, 93, 96-99, 103, 104, 111, 113, 117, 135, 146-150 contienen ejemplos significativos de esta orientación, aunque algunos combinan diversos elementos.

Lamentos y súplicas individuales

El lamento individual presenta a una persona afligida ante Dios. El orante describe la amenaza, proclama su confianza, pide auxilio y, con frecuencia, termina expresando acción de gracias o esperanza.

La estructura no implica que el sufrimiento haya desaparecido antes de la oración. El salmista habla desde la angustia y convierte su dolor en diálogo con Dios. La Comisión Bíblica Pontificia observa que la experiencia de la salvación puede aparecer al principio, en el centro o al final del poema; la Palabra de Dios transforma la súplica humana en alabanza y en testimonio para la comunidad.1

Lamentos comunitarios

Los lamentos comunitarios expresan la desgracia de todo Israel. Recuerdan derrotas, invasiones, destrucciones o situaciones de abandono. El pueblo apela a la alianza y pide que Dios actúe en favor de su heredad.

Estos poemas muestran que la oración bíblica no reduce la fe a la intimidad individual. El sufrimiento de la comunidad también entra en la liturgia y queda ante Dios como una petición pública de justicia y restauración.

Acciones de gracias

La acción de gracias responde a una intervención salvadora de Dios. El orante narra la angustia, recuerda su clamor, proclama la respuesta divina e invita a otros creyentes a unirse a la alabanza.

La acción de gracias posee así una función misionera: quien ha experimentado la misericordia anuncia las obras de Dios a la asamblea. La experiencia personal se convierte en memoria comunitaria.

Salmos reales y mesiánicos

Los salmos reales se relacionan con la figura del rey, su entronización, su matrimonio, sus victorias o sus responsabilidades ante Dios. La realeza israelita nunca aparece como poder autónomo: el rey recibe su autoridad de Dios y debe gobernar con justicia.

Varios salmos superan las circunstancias de un monarca histórico y abren una perspectiva mesiánica. Santo Tomás de Aquino explicó que ciertos acontecimientos relativos a David o Salomón podían prefigurar realidades futuras cumplidas en Cristo. Por ello, las afirmaciones sobre un reinado universal, una paz duradera o una justicia perfecta adquieren en la lectura cristiana un sentido cristológico.6

La Comisión Bíblica Pontificia reconoció numerosos salmos proféticos y mesiánicos, interpretados por el Nuevo Testamento y por la tradición de los Padres en relación con la venida, el reino, el sacerdocio, la pasión, la muerte y la resurrección del Redentor.2

Salmos sapienciales y de la Ley

Los salmos sapienciales meditan sobre la conducta justa, el destino de los malvados, el valor de la sabiduría y la necesidad de vivir conforme a la Ley de Dios. El Salmo 1 funciona como una especie de pórtico del Salterio al contraponer el camino del justo y el camino del impío.

El Salmo 119, con sus 176 versículos, constituye la manifestación más extensa de amor a la Ley. Su organización alfabética y su repetición temática convierten la meditación en una disciplina perseverante de oración.

Salmos penitenciales

La tradición cristiana llama penitenciales especialmente a los Salmos 6, 32, 38, 51, 102, 130 y 143 según la numeración hebrea. El Salmo 51, conocido por su comienzo latino Miserere, ocupa un lugar central en la espiritualidad del arrepentimiento.

Estos poemas no presentan la culpa como una mera infracción externa. El pecado rompe la relación con Dios y necesita misericordia, conversión y renovación interior.

Cantos de peregrinación

Los Salmos 120-134 reciben el título tradicional de cantos de las subidas. La expresión puede relacionarse con la subida de los peregrinos a Jerusalén o con una indicación musical. Su contenido incluye nostalgia, confianza, fraternidad, vida familiar, protección divina y alegría por la presencia en la ciudad santa.

La peregrinación física se convierte en imagen de un camino espiritual: el pueblo avanza hacia Dios, abandona la dispersión y encuentra su unidad en la adoración.

Poesía y recursos formales

Paralelismo hebreo

La poesía hebrea no depende principalmente de la rima. Su recurso estructural más característico es el paralelismo, mediante el cual dos o más miembros del poema se relacionan por repetición, contraste, ampliación o desarrollo.

Entre sus formas principales figuran:

  • Paralelismo sinónimo: el segundo miembro repite con otras palabras la idea del primero.
  • Paralelismo antitético: el segundo miembro contrapone una conducta o destino diferente.
  • Paralelismo sintético: el segundo miembro desarrolla o completa el pensamiento inicial.
  • Paralelismo progresivo: cada línea añade un elemento que intensifica el sentido.

La poesía salmódica utiliza también imágenes, metáforas, repeticiones, estribillos, enumeraciones y cambios de voz. El lenguaje del pastor, del refugio, de la roca, del camino, de la luz, del agua y de la ciudad permite expresar realidades teológicas mediante experiencias concretas.

Poemas acrósticos

Algunos salmos organizan sus estrofas según las letras del alfabeto hebreo. El procedimiento aparece de manera completa o parcial en textos como los Salmos 9-10, 25, 34, 37, 111, 112, 119 y 145 en la numeración hebrea.

El acróstico facilita la memorización y transmite una impresión de totalidad: el poema recorre simbólicamente todas las letras para expresar una alabanza, una súplica o una meditación completa.

Indicaciones musicales

Los títulos hebreos conservan términos relacionados con la música, los instrumentos, el canto, los directores de coro y determinados modos de ejecución. La palabra griega diapsalma, transmitida por la Septuaginta y por otras versiones antiguas, pudo relacionarse con una pausa instrumental, un cambio de melodía, una transición rítmica o una modificación en la exposición del pensamiento. Hipólito de Roma constató que este término aparece en la tradición griega, pero no en el texto hebreo recibido.5

La ausencia de una notación musical completa impide reconstruir con seguridad las melodías originales. Sin embargo, las indicaciones muestran que los salmos nacieron para ser cantados o recitados dentro de una práctica cultual.

Diferencias entre la numeración hebrea y la de la Septuaginta y la Vulgata

Principio general

El texto hebreo masorético y la tradición griega de la Septuaginta no dividen siempre los poemas de la misma manera. La Vulgata latina, utilizada durante siglos por la Iglesia católica, sigue habitualmente la numeración de la Septuaginta. Por esta razón, una referencia católica tradicional puede presentar dos números: el hebreo y, entre paréntesis, el de la Septuaginta o la Vulgata.

La correspondencia principal es la siguiente:

Numeración hebreaNumeración de la Septuaginta y la Vulgata
Salmos 1-8Salmos 1-8
Salmo 9Salmos 9-10
Salmos 10-112Salmos 11-113
Salmo 113Salmos 114-115
Salmos 114-115Salmo 116
Salmos 116-145Salmos 117-146
Salmos 146-147Salmo 147
Salmos 148-150Salmos 148-150

La divergencia más conocida aparece entre los Salmos 9 y 10 hebreos, que forman un solo poema acróstico en la tradición griega. También existen diferencias en la división de los Salmos 114-116 y 146-147.4

Consecuencias para el estudio bíblico católico

La numeración debe identificarse siempre cuando una obra cita los Salmos. El Salmo 51 hebreo corresponde al Salmo 50 de la Vulgata, de modo que el Miserere aparece como «Salmo 50» en numerosos libros litúrgicos y como «Salmo 51» en muchas ediciones bíblicas contemporáneas.

La diferencia numérica no afecta al canon ni crea salmos distintos. Refleja únicamente una historia diferente de división textual y transmisión. El investigador debe consultar el sistema adoptado por la Biblia, el comentario, el leccionario o la edición litúrgica que esté utilizando.

La redacción final y la unidad del Salterio

Un libro compuesto de colecciones

El Salterio conserva duplicaciones y semejanzas que pueden revelar la unión de colecciones anteriores. Por ejemplo, determinados fragmentos aparecen en más de un lugar con variaciones. El Salmo 108 reúne materiales paralelos a los Salmos 57 y 60 en la numeración hebrea. Estas repeticiones no constituyen necesariamente errores: pudieron surgir porque una colección posterior incorporó poemas ya presentes en otra tradición.

Algunos poemas quizá circularon inicialmente como piezas independientes y después recibieron una función nueva al situarse junto a otros. La redacción final estableció relaciones entre textos que no siempre compartían origen, fecha o contexto.

La forma canónica

La Iglesia lee los salmos en su forma canónica. Esto significa que la unidad inspirada del libro incluye tanto los poemas particulares como la disposición que los integra en los cinco libros del Salterio.

La tradición católica puede admitir una redacción progresiva sin reducir la Escritura a un producto meramente humano. La Comisión Bíblica Pontificia aceptó la posibilidad de divisiones, uniones y revisiones leves por motivos litúrgicos o históricos, siempre con la preservación de la inspiración de todo el texto sagrado.3

El Salterio en la interpretación cristiana

Cristo, centro de la lectura cristiana

El Nuevo Testamento cita los Salmos con frecuencia y los interpreta como testimonio de la misión de Cristo. La tradición cristiana encuentra en ellos anuncios y figuras de la pasión, la resurrección, la realeza mesiánica y el sacerdocio del Señor.

La interpretación cristológica no elimina el sentido histórico original. Un salmo pudo nacer como oración de un rey, de un perseguido o de la comunidad de Israel y, por la acción del Espíritu Santo, alcanzar una plenitud que supera aquella primera circunstancia. Santo Tomás de Aquino explicó esta relación mediante la categoría de la prefiguración: una realidad histórica puede anunciar otra futura y más plena.6

La voz de Cristo y de la Iglesia

La tradición católica escucha en los salmos la voz de Cristo, tanto en su humanidad sufriente como en su glorificación. También escucha la voz de la Iglesia, que ora con las palabras de Israel y las recibe como propias.

Pío X presentó el Salterio como una especie de espejo en el que el orante contempla sus propios movimientos interiores y aprende a expresarlos ante Dios. La tradición litúrgica ha utilizado los salmos para la alabanza, la acción de gracias, la súplica, el arrepentimiento y la esperanza.7

El Salterio y la liturgia católica

La oración de las Horas

Desde los primeros siglos, los salmos ocuparon un lugar central en la liturgia cristiana y, especialmente, en la Liturgia de las Horas. La tradición antigua procuraba distribuir los 150 salmos a lo largo de un ciclo semanal. El uso litúrgico medieval añadió antífonas, responsorios, himnos, lecturas, títulos interpretativos y oraciones colectas.8

La reforma posterior al Concilio Vaticano II distribuyó el Salterio en un ciclo de cuatro semanas y utilizó la traducción latina de la Nova Vulgata. También omitió algunos salmos y versículos de expresión particularmente dura, atendiendo a las dificultades que podían surgir al celebrarlos en lenguas modernas.9

La omisión litúrgica de determinados versículos no modifica el canon bíblico de 150 salmos. Distingue entre el Salterio bíblico, que contiene íntegramente los 150 poemas, y el Salterio litúrgico, organizado según las necesidades de la celebración.8

La oración de toda la Iglesia

La salmodia litúrgica convierte la composición histórica de Israel en oración eclesial. Una súplica nacida en una situación concreta puede expresar hoy el dolor de una persona enferma; un canto de peregrinación puede acompañar el camino espiritual; un himno de Sión puede convertirse en alabanza de la Iglesia celestial.

La fuerza del Salterio procede precisamente de la unión entre historia, poesía, inspiración y culto. Los poemas conservan la memoria de Israel, anuncian a Cristo y forman la lengua orante de la Iglesia.

Valor teológico de la composición de los Salmos

La composición del Salterio manifiesta varios principios fundamentales de la fe católica:

  • Dios habla mediante palabras humanas, dentro de lenguas, géneros literarios, contextos históricos y tradiciones culturales concretas.
  • La inspiración no suprime la actividad del autor humano, sino que la incorpora al designio de Dios.
  • La Biblia posee una historia de transmisión, pero la Iglesia recibe el texto canónico como Escritura inspirada.
  • La oración personal y la oración comunitaria se complementan: los salmos pueden nacer de una experiencia individual y convertirse en oración de todo el pueblo.
  • La historia de Israel prepara el cumplimiento en Cristo, sin perder por ello su sentido histórico propio.
  • La liturgia conserva la finalidad originaria del Salterio, porque los salmos fueron compuestos para ser proclamados, cantados y orados ante Dios.

Conclusión

Los Salmos forman una obra única de poesía religiosa, memoria histórica y oración inspirada. David ocupa un lugar principal en su tradición de autoría, pero el Salterio también incorpora composiciones y colecciones vinculadas a levitas, cantores, sabios, peregrinos y comunidades de Israel. Su forma final nació mediante un proceso prolongado de composición, transmisión, adaptación y recopilación.

La unidad canónica de los 150 salmos no contradice la diversidad de autores, épocas y géneros. La inspiración divina alcanza el texto recibido por la Iglesia, mientras que la investigación histórica estudia las etapas humanas que contribuyeron a su formación. Las diferencias entre la numeración hebrea y la de la Septuaginta y la Vulgata pertenecen a la historia textual del libro y exigen atención especial en el estudio católico de la Biblia.

En la Iglesia, el Salterio continúa siendo la oración de Israel cumplida en Cristo y asumida por todo el pueblo de Dios.

Citas y referencias

  1. Primera parte, Comisión Bíblica Pontificia. La inspiración y verdad de la Sagrada Escritura, 17 (2014). 2 3 4
  2. De auctoribus et de tempore compositionis psalmorum, sobre la autoría y los tiempos de la composición de los salmos, Comisión Bíblica Pontificia. De auctoribus et de tempore compositionis Psalmorum, sobre la autoría y los tiempos de la composición de los Salmos (1910-05-01). 2 3
  3. Los autores y el tiempo de la composición de los salmos - Respuesta de la Comisión Bíblica, 1 de mayo de 1910, Heinrich Joseph Dominicus Denzinger. Las fuentes del dogma católico (Enchiridion Symbolorum), 3526 (1854). 2
  4. Salmos. Enciclopedia Católica, Salmos (1913). 2
  5. Sobre los salmos - Sobre los salmos. I. El argumento de la exposición de los salmos por Hipólito, (obispo) de Roma, Hipólito de Roma. Fragmentos de los Comentarios Escriturales de Hipólito, Sobre los Salmos, I, 8. 2
  6. Prólogo, Tomás de Aquino. Comentario a los Salmos, Prólogo (1272). 2
  7. Introducción, Papa Pío X. Divino afflatu, Introducción (1911).
  8. Instituto Pontifical de Liturgia. Manual de Estudios Litúrgicos: La Eucaristía (Volumen I), 273 (1999). 2
  9. Paul VI. Laudis Canticum, 4 (1970).
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