El compromiso matrimonial es una promesa, pacto o acuerdo mutuo y libre de un futuro matrimonio entre personas determinadas e idóneas1. No es meramente una intención, sino un acto deliberado que conlleva una obligación proporcionada a su naturaleza. Debe estar libre de coacción, error sustancial o miedo grave, y el consentimiento debe ser sincero y expresado de manera externa, ya sea verbalmente, por escrito o mediante acciones1. Este contrato se distingue del matrimonio mismo, ya que se refiere a un estado futuro, no presente1.
La Iglesia se regocija en prácticas que fomentan la estabilidad y unidad de las parejas, siempre y cuando se respete la libertad de consentimiento y el compromiso personal de los novios2. El compromiso implica una preparación próxima que busca que los jóvenes comprendan que el compromiso asumido mediante el intercambio de su consentimiento ante la Iglesia requiere iniciar un camino de fidelidad recíproca durante el período de noviazgo3.
El Compromiso como Discernimiento y Fidelidad
El rito del compromiso, si bien no genera una obligación legal de casarse y siempre salvaguarda la libertad del consentimiento matrimonial, es un momento significativo en el camino de fe hacia el sacramento del matrimonio4,5,6. En este rito, la Iglesia encomienda a las parejas la misión del discernimiento4. Esto implica que, en los meses previos, la pareja debe alcanzar una certeza interna sobre la decisión de casarse y sobre la persona con la que se casarán4. Cada individuo debe usar el juicio humano prudente y la luz de la fe para concluir en su corazón si esa persona es el compañero o la compañera con quien desea vivir una relación de amor auténtico, fiel y duradero, construir una familia y recorrer un camino de santidad juntos4.
Para las parejas que ya cohabitan, la formalización de su estado de novios a través del rito del compromiso puede proporcionar una dimensión «objetiva» a su relación, que quizás antes solo era comprendida por algunos4.

