Los restos de la Comunidad de Qumrán fueron descubiertos en 1947 por un pastor beduino en cuevas cercanas al noroeste del Mar Muerto, en el actual territorio de Cisjordania. Este hallazgo inicial reveló Rollos del Mar Muerto, una colección de unos 800 manuscritos y fragmentos datados entre el siglo II a. C. y el 68 d. C., que incluyen textos bíblicos, apocalípticos y reglamentarios de la comunidad.3 Las excavaciones sistemáticas, iniciadas en 1951 bajo la dirección de Roland de Vaux, desenterraron un asentamiento principal con salas comunales, scriptorium (sala de copistas), cisternas rituales y un cementerio, confirmando la presencia de una comunidad monástica-like desde aproximadamente el 150 a. C. hasta su destrucción por los romanos en el año 68 d. C. durante la Primera Guerra Judía.2
Desde la perspectiva católica, estos descubrimientos han sido valorados por su contribución al entendimiento de la Biblia, como señala la Pontificia Comisión Bíblica. Los rollos han permitido restaurar variantes textuales del Antiguo Testamento, como en los libros de Samuel y Tobías, mostrando que el texto masorético no era el único ni siempre el más antiguo.3 Investigaciones posteriores, apoyadas por encíclicas como Divino afflante Spiritu de Pío XII, han impulsado un diálogo fructífero entre exégesis católica y tradiciones judías antiguas.4,5
