Fundación en Roma
La comunidad nació el 7 de febrero de 1968, cuando un grupo de estudiantes comenzó a reunirse en Roma en torno a Andrea Riccardi. La experiencia surgió en el contexto eclesial posterior al Concilio Vaticano II y buscó vivir el Evangelio mediante la oración comunitaria, la escucha de la Escritura y el servicio a los pobres.3,2
El origen estudiantil no determinó una composición social cerrada. Desde sus primeros años, la Comunidad de San Egidio reunió a jóvenes, adultos, ancianos, sacerdotes y personas procedentes de ambientes diversos. Juan Pablo II describió esta pluralidad como una característica positiva de la comunidad, que integraba generaciones distintas y fomentaba especialmente la convivencia entre jóvenes y ancianos.4
La comunidad comenzó su actividad en la diócesis de Roma, sobre todo en barrios periféricos y parroquias. Su crecimiento posterior llevó a la creación de grupos en otras ciudades de Italia, Europa, América Latina, África y Asia. Aunque adquirió una dimensión internacional, conservó la conciencia de su origen romano y de su vinculación con la Iglesia de Roma.1,5,6
El nombre y la iglesia de San Egidio
El nombre procede de la iglesia de San Egidio, situada en el barrio romano de Trastévere. La comunidad se vinculó a ese templo, que se convirtió en uno de sus principales lugares de oración y reunión. La iglesia forma parte del conjunto histórico de Santa María en Trastévere, basílica que Juan Pablo II identificó como la catedral del papa en cuanto obispo de Roma.3,4
La denominación no designa únicamente una devoción privada al santo titular. En la vida de la asociación, el nombre quedó unido a una sede concreta y a una experiencia comunitaria nacida en el corazón de Roma. La oración cotidiana en Santa María en Trastévere constituye uno de los signos visibles de esa continuidad histórica y espiritual.7,2
San Egidio, o san Gil, fue un abad de origen tradicionalmente vinculado al monacato occidental. La elección de su nombre relacionó la nueva comunidad con una iglesia romana ya existente y con la tradición cristiana de la oración, la hospitalidad y la atención a quienes viven en situación de necesidad.
Reconocimiento eclesial
En Pentecostés de 1986, la Santa Sede reconoció a la Comunidad de San Egidio como asociación pública de laicos. Este reconocimiento confirmó su inserción en la vida de la Iglesia y su carácter eclesial, sin convertirla en una congregación religiosa ni en una estructura clerical.1
La comunidad está formada principalmente por laicos. Su identidad no depende de votos religiosos ni de una vida conventual, sino de la participación estable en una fraternidad cristiana, la oración común, la escucha del Evangelio y el compromiso con los pobres y con la paz.

