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Comunidad de San Egidio

La Comunidad de San Egidio es una asociación pública de laicos nacida en Roma en 1968. Su vida cristiana articula tres dimensiones inseparables: la oración, la atención a los pobres y la promoción de la paz. Desde su origen romano, la comunidad ha extendido su presencia a numerosos países y ha desarrollado actividades de evangelización, solidaridad, diálogo ecuménico e interreligioso y acompañamiento de personas vulnerables.1,2

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Ver información de la imagenEl logotipo de Community of Sant'Egidio- asociación católica laica dedicada al servicio social. c. 2026. Community of Sant'Egidio Comunità di Sant'Egidio, Dominio Público. 📄
Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombreComunidad de San Egidio
CategoríaOrganización religiosa
DescripciónAsociación laica católica que vive la oración, la atención a los pobres y la promoción de la paz. Fundada en 1968 en Roma por estudiantes liderados por Andrea Riccardi, la Comunidad de San Egidio se ha expandido a Europa, África, América Latina y Asia, combinando oración comunitaria, evangelización, servicio a los pobres, diálogo ecuménico e interreligioso y mediación por la paz; reconocida por la Santa Sede como asociación pública de laicos en 1986
Fecha de Fundación1968-02-07
Lugar de FundaciónRoma
FundadorAndrea Riccardi
PaísItalia
PatronatoSan Egidio (San Gil)
TipoMovimiento eclesial
Tipo de OrganizaciónAsociación pública de laicos

Tabla de contenido

Historia

Fundación en Roma

La comunidad nació el 7 de febrero de 1968, cuando un grupo de estudiantes comenzó a reunirse en Roma en torno a Andrea Riccardi. La experiencia surgió en el contexto eclesial posterior al Concilio Vaticano II y buscó vivir el Evangelio mediante la oración comunitaria, la escucha de la Escritura y el servicio a los pobres.3,2

El origen estudiantil no determinó una composición social cerrada. Desde sus primeros años, la Comunidad de San Egidio reunió a jóvenes, adultos, ancianos, sacerdotes y personas procedentes de ambientes diversos. Juan Pablo II describió esta pluralidad como una característica positiva de la comunidad, que integraba generaciones distintas y fomentaba especialmente la convivencia entre jóvenes y ancianos.4

La comunidad comenzó su actividad en la diócesis de Roma, sobre todo en barrios periféricos y parroquias. Su crecimiento posterior llevó a la creación de grupos en otras ciudades de Italia, Europa, América Latina, África y Asia. Aunque adquirió una dimensión internacional, conservó la conciencia de su origen romano y de su vinculación con la Iglesia de Roma.1,5,6

El nombre y la iglesia de San Egidio

El nombre procede de la iglesia de San Egidio, situada en el barrio romano de Trastévere. La comunidad se vinculó a ese templo, que se convirtió en uno de sus principales lugares de oración y reunión. La iglesia forma parte del conjunto histórico de Santa María en Trastévere, basílica que Juan Pablo II identificó como la catedral del papa en cuanto obispo de Roma.3,4

La denominación no designa únicamente una devoción privada al santo titular. En la vida de la asociación, el nombre quedó unido a una sede concreta y a una experiencia comunitaria nacida en el corazón de Roma. La oración cotidiana en Santa María en Trastévere constituye uno de los signos visibles de esa continuidad histórica y espiritual.7,2

San Egidio, o san Gil, fue un abad de origen tradicionalmente vinculado al monacato occidental. La elección de su nombre relacionó la nueva comunidad con una iglesia romana ya existente y con la tradición cristiana de la oración, la hospitalidad y la atención a quienes viven en situación de necesidad.

Reconocimiento eclesial

En Pentecostés de 1986, la Santa Sede reconoció a la Comunidad de San Egidio como asociación pública de laicos. Este reconocimiento confirmó su inserción en la vida de la Iglesia y su carácter eclesial, sin convertirla en una congregación religiosa ni en una estructura clerical.1

La comunidad está formada principalmente por laicos. Su identidad no depende de votos religiosos ni de una vida conventual, sino de la participación estable en una fraternidad cristiana, la oración común, la escucha del Evangelio y el compromiso con los pobres y con la paz.

Carisma y espiritualidad

Oración, pobres y paz

El papa Francisco resumió el carisma de la comunidad mediante la expresión «oración, pobres y paz». Estas tres dimensiones no constituyen departamentos independientes, sino una única forma de vivir el Evangelio: la oración orienta la acción, el encuentro con los pobres purifica la mirada cristiana y la búsqueda de la paz prolonga la caridad en la vida social e internacional.2

Juan Pablo II presentó la oración, el amor y la amistad como recursos espirituales fundamentales de la comunidad. La oración no aparece como una actividad secundaria frente a la acción social, sino como la raíz que sostiene su servicio y su testimonio.5

La oración comunitaria

La oración diaria ocupa un lugar central. En Roma, los miembros se reúnen por la tarde en la basílica de Santa María en Trastévere; las comunidades de otros países reproducen esta práctica en sus propias iglesias. Juan Pablo II describió esta experiencia como una «escuela de oración», expresión que resume la intención de formar cristianos capaces de escuchar a Dios y de reconocer su presencia en la historia.7

La oración comunitaria incluye la escucha de la Palabra de Dios, la alabanza, la intercesión y la memoria de los pobres, los enfermos, los ancianos, los migrantes y las víctimas de la violencia. La comunidad vincula así la liturgia y la vida cotidiana, evitando separar la piedad de la responsabilidad social.

Evangelización

La Comunidad de San Egidio entiende la evangelización como anuncio explícito de Jesucristo y como testimonio de una vida transformada por el Evangelio. Juan Pablo II insistió en que la misión cristiana no consiste únicamente en promover valores como la justicia y la paz, sino también en proclamar de forma clara el Evangelio de Cristo.8

La evangelización adopta una forma comunitaria y relacional. La amistad, la escucha y la proximidad permiten que el anuncio cristiano llegue a personas alejadas de la práctica religiosa o marcadas por la soledad. La comunidad procura unir la palabra y las obras: el anuncio del amor de Dios encuentra credibilidad en el servicio concreto a quienes sufren.

La amistad como forma de misión

La amistad ocupa un lugar característico en la espiritualidad de San Egidio. Juan Pablo II la describió como una forma cristiana de atravesar fronteras, acortar distancias y favorecer el diálogo. En este sentido, la amistad no equivale a una relación superficial, sino a una disposición estable para acoger al otro, escuchar su historia y reconocer su dignidad.3

Esta perspectiva explica la atención de la comunidad a personas que con frecuencia quedan fuera de las relaciones sociales ordinarias: ancianos solos, personas sin hogar, extranjeros pobres, enfermos y grupos marginados.

Servicio a los pobres

Principio general

La opción por los pobres constituye uno de los rasgos esenciales de la comunidad. Juan Pablo II vinculó la evangelización de San Egidio con la enseñanza de Jesús sobre «los más pequeños» y pidió que toda persona en dificultad pudiera encontrar ayuda en sus comunidades.1

La pobreza no recibe un tratamiento meramente económico. La comunidad atiende también la soledad, el abandono, la pérdida de vínculos familiares y la falta de reconocimiento social. Por ello, su acción suele adoptar la forma de una relación personal continuada y no únicamente de una asistencia puntual.

Ancianos

La atención a los ancianos ocupa un lugar especialmente relevante. La Comunidad de San Egidio acompaña a personas mayores que viven aisladas o que han quedado relegadas por una sociedad centrada en la utilidad y la productividad. Juan Pablo II relacionó este servicio con la defensa de la vida y denunció la marginación de quienes han alcanzado una edad avanzada.1

El acompañamiento busca restituir vínculos, amistad y participación. La persona anciana no aparece como receptora pasiva de ayuda, sino como miembro de una comunidad capaz de ofrecer experiencia, memoria y presencia.

Migrantes, extranjeros y personas marginadas

La comunidad ha atendido también a extranjeros pobres, personas itinerantes y grupos socialmente excluidos. Esta labor nace de la convicción de que la dignidad humana no depende de la nacionalidad, la situación administrativa, la vivienda o la capacidad económica.1

El servicio combina acogida, acompañamiento y defensa de la dignidad. La comunidad procura superar la distancia entre quienes ayudan y quienes reciben ayuda mediante relaciones de amistad y pertenencia.

Caridad y justicia

La caridad de San Egidio no se reduce a la distribución de bienes. Incluye la defensa de la justicia, la denuncia de la exclusión y la creación de vínculos sociales. Juan Pablo II describió la coherencia entre las obras de caridad, justicia y paz como una forma concreta del testimonio cristiano.9

Desde esta perspectiva, la caridad cristiana no sustituye la responsabilidad de las instituciones públicas, pero tampoco espera que las soluciones estructurales resuelvan por sí solas la soledad y el abandono de las personas concretas.

Ecumenismo y diálogo interreligioso

La Comunidad de San Egidio promueve relaciones de amistad con miembros de otras Iglesias y comunidades eclesiales. Sus encuentros han reunido a obispos, sacerdotes y representantes de distintas tradiciones cristianas para reflexionar sobre la oración, la santidad, la evangelización y la unidad de los cristianos.7,6

El diálogo incluye también a otras religiones, especialmente al judaísmo y al islam. La comunidad lo concibe como una vía de conocimiento recíproco y de superación de prejuicios, no como una confusión entre las distintas identidades religiosas. Juan Pablo II relacionó este diálogo con la amistad, el respeto y la reconciliación.5

Los encuentros internacionales de oración y reflexión parten de la convicción de que creyentes de distintas tradiciones pueden colaborar en favor de la paz sin borrar las diferencias doctrinales existentes.

Paz y mediación en conflictos internacionales

De la caridad a la paz

La promoción de la paz constituye una prolongación natural del servicio a los pobres. La guerra produce desplazamiento, hambre, duelo, destrucción de comunidades y nuevas formas de pobreza. Por ello, el compromiso con la paz no representa una actividad ajena al carisma fundacional, sino una ampliación de la caridad hacia las causas sociales y políticas del sufrimiento.

Juan Pablo II pidió a la comunidad que orientara su compromiso hacia la paz y relacionó este cometido con la fidelidad al Evangelio y con la atención a los pobres.10

Mediación y diálogo

La Comunidad de San Egidio ha promovido encuentros internacionales destinados a favorecer la reconciliación entre personas y grupos enfrentados. Su método concede importancia a la escucha, la creación de confianza, el contacto discreto y la búsqueda de puntos de acuerdo. La comunidad también ha organizado encuentros internacionales con representantes de distintas religiones y culturas, inspirados en el espíritu de Asís y orientados a la paz.5

La mediación puede facilitar conversaciones cuando las partes carecen de confianza para relacionarse directamente. Una comunidad eclesial como San Egidio puede aportar redes de contacto, credibilidad moral y capacidad de escucha, pero no sustituye a los Estados, a los organismos internacionales ni a las autoridades legítimas.

Diferencia entre caridad y labor diplomática

Conviene distinguir dos dimensiones relacionadas, pero no idénticas:

  • La labor caritativa atiende directamente a las personas necesitadas mediante acompañamiento, acogida, ayuda material y creación de vínculos.
  • La labor de mediación intenta acercar a actores enfrentados, facilitar el diálogo y contribuir a acuerdos de paz.

La primera nace del encuentro cotidiano con el sufrimiento; la segunda aborda conflictos colectivos y requiere prudencia política, conocimiento de las partes y capacidad negociadora. Ambas pueden inspirarse en el Evangelio, pero ninguna convierte a la comunidad en un órgano diplomático de la Santa Sede ni en una autoridad estatal.

La Comunidad de San Egidio actúa como una realidad eclesial de iniciativa privada y pública, según el ámbito de cada intervención. Su autoridad procede de la confianza que logra construir y de su servicio, no de una competencia jurídica universal para negociar en nombre de la Iglesia católica. El compromiso con la paz debe permanecer unido a la verdad, la justicia, la reconciliación y la protección de las víctimas.

Relación con el magisterio

Reconocimiento del carisma

Los papas han reconocido en la Comunidad de San Egidio una expresión concreta de la vida cristiana laical. Juan Pablo II destacó su evangelización, su servicio a los pobres, su amistad con los ancianos, su diálogo ecuménico y su trabajo por la paz.1,8,6

Este reconocimiento no significa que cada iniciativa concreta de la comunidad constituya una enseñanza oficial del magisterio. El magisterio ofrece criterios doctrinales y pastorales; el carisma fundacional traduce esos criterios en formas históricas de vida, oración y servicio.

Carisma y discernimiento

El carisma de San Egidio puede resumirse en la unión de oración, pobres y paz, mientras que las intervenciones pontificias han ayudado a interpretar esa identidad dentro de la misión de la Iglesia. Los papas han animado a la comunidad a evangelizar, a servir a los marginados, a cultivar la oración y a trabajar por la reconciliación.5,7,2

La comunidad debe discernir cada actuación concreta a la luz del Evangelio, de la enseñanza de la Iglesia y de la dignidad de todas las personas implicadas. La defensa de la paz no puede separarse de la verdad; el diálogo no equivale a relativismo; y la caridad no puede transformarse en instrumento de intereses partidistas.

Organización y expansión internacional

La Comunidad de San Egidio conserva una estructura laical y comunitaria. Sus miembros participan en grupos locales vinculados a la oración, la evangelización y el servicio a los pobres. La expansión internacional no ha eliminado su identidad originaria: las comunidades de distintos países mantienen una referencia común a la Iglesia de Roma y a la espiritualidad recibida en los comienzos.1,5

A lo largo de su historia, la comunidad ha desarrollado actividades en Europa, África, América Latina y Asia. La diversidad geográfica ha exigido adaptar el servicio a contextos sociales y culturales distintos, sin abandonar sus elementos esenciales: la oración comunitaria, la amistad con los pobres y la construcción de la paz.6

Valoración eclesial

La Comunidad de San Egidio representa una forma característica del apostolado laical contemporáneo. Su originalidad no reside en una espiritualidad separada de la Iglesia local, sino en la integración de varias tareas que a menudo aparecen divididas: anuncio del Evangelio, oración, servicio social, diálogo y mediación.

Su trayectoria muestra cómo una iniciativa nacida entre estudiantes puede convertirse en una realidad internacional sin perder el contacto con las personas concretas. La fidelidad a su carisma exige mantener juntas las tres dimensiones que han definido su historia: una oración que no se encierre en sí misma, una caridad que no olvide la justicia y una búsqueda de la paz que no abandone a los pobres.

Legado

Desde su fundación en 1968, la Comunidad de San Egidio ha ofrecido a la Iglesia católica un modelo de presencia cristiana basado en la cercanía, la escucha y la responsabilidad ante el sufrimiento humano. Su historia permanece ligada a la iglesia romana de San Egidio y a la oración en Santa María en Trastévere, pero su misión ha adquirido una dimensión internacional.

La comunidad entiende la evangelización como anuncio de Cristo y como amistad con quienes viven en las periferias sociales. Su servicio a los pobres, su atención a los ancianos, su diálogo con otras confesiones y religiones y su contribución a la paz forman una única respuesta al Evangelio del amor.

Citas y referencias

  1. Papa Juan Pablo II. A la Comunidad de Sant’Egidio (6 de febrero de 1988) - Discurso, 1 (1988). 2 3 4 5 6 7 8
  2. IV, Santa Sede. Acta Apostolicae Sedis: Número 4, 2018, 50 (2018). 2 3 4 5
  3. Papa Juan Pablo II. A la «Comunità di Sant’Egidio» (8 de febrero de 2002) - Discurso, 3 (2002). 2 3
  4. Papa Juan Pablo II. A los jóvenes de la Comunidad de Sant’Egidio (20 de julio de 1980) - Discurso, 1 (1980). 2
  5. Papa Juan Pablo II. 3 de octubre de 1993: 25.o aniversario del nacimiento de la Comunidad de Sant’Egidio en la Basílica de Santa María en Trastevere, Roma - Homilía, 1 (1993). 2 3 4 5 6
  6. Papa Juan Pablo II. Mensaje al Obispo de Terni-Narni-Amelia, para la conclusión del 6.o Encuentro Internacional de Obispos y Sacerdotes, amigos de la Comunidad de Sant’Egidio (7 de febrero de 2004) - Discurso, 1 (2004). 2 3 4
  7. Papa Juan Pablo II. A la «Comunità di Sant’Egidio» (8 de febrero de 2002) - Discurso, 1 (2002). 2 3 4
  8. Papa Juan Pablo II. A la juventud de la Comunidad de Sant Egidio en el 25.o aniversario de su fundación (10 de abril de 1993) - Discurso, 1 (1993). 2
  9. Papa Juan Pablo II. A los miembros de la Comunidad de Sant’Egidio (2 de abril de 1994) - Discurso, 1 (1994).
  10. Papa Juan Pablo II. A la Comunidad de Sant’Egidio (6 de abril de 1996) - Discurso, 1 (1996).
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