La práctica antigua
Durante los primeros siglos, la comunión bajo el pan y el vino constituyó la forma habitual de participación de los fieles en la Eucaristía. No obstante, desde los comienzos existieron situaciones particulares en las que los cristianos recibían una sola especie.
Los enfermos, quienes recibían la Eucaristía en sus casas y quienes no podían consumir una de las especies recibían normalmente el sacramento bajo una sola forma. También la liturgia del Viernes Santo conservó tradicionalmente la comunión bajo una sola especie. Estas prácticas muestran que la Iglesia nunca identificó la recepción de ambas especies con un precepto divino absoluto.
La disminución de la comunión del cáliz
A partir de finales del siglo XI creció en Occidente la costumbre de distribuir la Eucaristía a los fieles solo bajo la especie del pan. Durante el siglo XII, algunos teólogos ya describían la comunión bajo una sola especie como una costumbre eclesial establecida.
Diversos factores pastorales y prudenciales favorecieron la reducción del uso del cáliz: el riesgo de derramar la Sangre de Cristo, las dificultades prácticas para distribuir el vino a grandes asambleas, la preocupación por la higiene y las enfermedades, y la necesidad de custodiar con especial cuidado el sacramento. También influyeron las distintas costumbres litúrgicas y la evolución de la reflexión teológica sobre la presencia de Cristo bajo cada especie.
La Iglesia utilizó en ciertos lugares procedimientos como la intinción, que consiste en poner una parte del pan consagrado en contacto con el vino consagrado. Diversos concilios medievales limitaron o prohibieron esta práctica, aunque admitieron excepciones por necesidad o como precaución para evitar la pérdida de la Sangre del Señor.
El Concilio de Constanza
En el contexto de las controversias de los siglos XIV y XV, el Concilio de Constanza decretó en 1415 la distribución de la comunión a los fieles bajo la especie del pan. La cuestión estaba vinculada tanto a la disciplina litúrgica como a las controversias doctrinales de la época.
La decisión no significó que la Iglesia negara el valor simbólico de las dos especies ni que considerase inválida la comunión bajo el cáliz. La Iglesia defendió la legitimidad de regular la forma de administrar la Eucaristía, manteniendo la doctrina de la presencia total de Cristo bajo cada especie.,
El Concilio de Trento
El Concilio de Trento afirmó con particular claridad que Cristo entero está presente bajo cualquiera de las dos especies. De este modo, rechazó la idea de que la comunión bajo una sola especie fuera necesariamente incompleta.
El Concilio no impuso la comunión bajo las dos especies como disciplina universal para los fieles. La Iglesia conservó la facultad de determinar la forma concreta de distribución de la Eucaristía según las circunstancias pastorales, la reverencia debida al sacramento y el bien espiritual de los fieles.,
En 1564, el papa Pío IV permitió que algunos obispos alemanes concedieran la comunión bajo las dos especies en sus diócesis. Las dificultades que surgieron llevaron a revocar esta concesión en 1565. El episodio muestra que la disciplina del cáliz pertenece al ámbito de la autoridad eclesial y puede modificarse cuando cambian las circunstancias.
El Concilio Vaticano II y la restauración gradual
El Concilio Vaticano II impulsó una recuperación más amplia de la comunión bajo las dos especies. La restauración buscaba expresar con mayor fidelidad el signo sacramental instituido por Cristo, no corregir ni sustituir la doctrina afirmada por Trento.
La reforma litúrgica posterior amplió progresivamente las ocasiones en las que los fieles podían recibir el Cuerpo y la Sangre del Señor. La Iglesia mantuvo simultáneamente la doctrina de que la comunión bajo una sola especie contiene a Cristo entero y comunica toda la gracia eucarística.,