La historia de la Comunión bajo las dos especies es rica en variaciones disciplinarias, que demuestran la autoridad de la Iglesia para adaptar las prácticas litúrgicas sin alterar la doctrina fundamental.
Desde los Orígenes hasta el Siglo XII
Desde los primeros días de la Iglesia y durante más de un milenio, la distribución de la Sagrada Comunión a los fieles bajo ambas especies fue la norma general tanto en Occidente como en Oriente,,. Las Escrituras implican esta práctica, como en 1 Corintios 11,28. Sin embargo, incluso en los primeros siglos, existían excepciones y costumbres de comulgar bajo una sola especie en ciertos casos:
Comunión doméstica privada: Los fieles llevaban parte del pan eucarístico a sus hogares para comulgar privadamente.
Comunión de los enfermos: Generalmente se administraba bajo la especie de pan solo. La reserva de la especie de vino presentaba dificultades prácticas significativas.
Comunión de los niños: A menudo se les daba solo bajo la especie de vino, o a veces solo bajo la especie de pan.
Misa de los Presantificados: La Comunión se recibía bajo la especie de pan solo.
Intinctio panis: Esta práctica consistía en mojar el pan consagrado en la Preciosa Sangre y administrarlo de esa forma. Fue prohibida en el rito latino, pero existió en algunas iglesias orientales y fue regulada en el siglo XVIII para los ítalo-griegos.
Desde el Siglo XII en Adelante
La supresión de la intinctio en Occidente fue seguida en el siglo XIII por la abolición gradual de la Comunión del cáliz para los laicos. Hacia el siglo XII, la Comunión bajo una sola especie ya era una «costumbre» de la Iglesia, y esta práctica se extendió hasta que el Concilio de Constanza en 1415 decretó la distribución a los fieles bajo la forma de pan solo.
El Catecismo del Concilio de Trento (1566) expuso varias razones «numerosas y muy convincentes» para la práctica de la Comunión bajo una sola especie:
Evitar derrames: Para prevenir el derrame de la Sangre del Señor, especialmente en grandes congregaciones.
Reserva para los enfermos: El vino consagrado podía avinagrarse si se reservaba por mucho tiempo.
Incomodidad para algunos: Muchas personas no soportan el sabor o el olor del vino.
Escasez de vino: En muchas regiones, el vino era escaso y difícil de conseguir o transportar.
Oposición a la herejía: Una razón «más importante» fue contrarrestar la herejía de aquellos que negaban que Cristo, entero y completo, estuviera contenido bajo cada especie. Al introducir la Comunión bajo una sola especie, se hacía más clara la verdad de la fe católica.
Restauración Reciente en la Iglesia Latina
El Concilio Vaticano II y las reformas litúrgicas posteriores han llevado a la restauración de la práctica de la Comunión bajo ambas especies para los fieles en la Iglesia Latina en muchas circunstancias. Esta restauración no implica un cambio en las creencias inmemoriales de la Iglesia sobre la Eucaristía, sino que busca ofrecer un «signo más pleno del banquete eucarístico» cuando sea oportuno.
El Institutio Generalis Missalis Romani (Instrucción General del Misal Romano, GIRM) de 2003 indica que la Comunión bajo ambas especies tiene una forma más plena como signo. Aunque cualquier fiel que lo desee puede recibir la Comunión bajo la especie de pan solamente, cuando se distribuye bajo ambas especies, el cáliz es administrado por un diácono, un sacerdote, un acólito instituido o un ministro extraordinario de la Sagrada Comunión. Lo que queda de la Preciosa Sangre es consumido en el altar por el sacerdote, diácono o acólito que administró el cáliz.
Práctica en las Iglesias Orientales
En contraste con la Iglesia Latina, las Iglesias Orientales Católicas han mantenido tradicionalmente la práctica de distribuir la Eucaristía bajo ambas especies. Una instrucción de la Congregación para las Iglesias Orientales de 1996 enfatiza que la Comunión debe distribuirse bajo ambas especies de pan y vino consagrados, y que la práctica de distribuir la Comunión bajo la especie de pan solo, a veces influenciada por el rito latino, debe ser abandonada sin demora, ya que es una innovación ajena a la tradición oriental.