Práctica en la Iglesia antigua
Los testimonios de los primeros siglos muestran que los fieles recibían habitualmente la comunión en la mano. En una catequesis atribuida a san Cirilo de Jerusalén, el obispo describe cómo el comulgante debía disponer las manos: la izquierda como un trono para la derecha, que iba a recibir al Rey. También le exhorta a consumir la hostia con cuidado y a evitar que cayera algún fragmento.
Una instrucción de la Santa Sede de 1969 reconoció que la Iglesia antigua permitió a los fieles recibir la Eucaristía en la mano y llevarla por sí mismos a la boca. El mismo documento subrayó que los testimonios antiguos exigían gran respeto y prudencia en el trato de las especies eucarísticas.
Desarrollo de la comunión en la boca
Durante la Edad Media se extendió la recepción de la hostia directamente en la boca. Las fuentes históricas sitúan la aparición de normas restrictivas en distintas épocas y lugares: un estudio litúrgico cita una disposición del sínodo de Ruan del año 878, mientras que también recoge referencias a fieles que todavía recibían la hostia en la mano en siglos posteriores. El cambio, por tanto, no tuvo lugar de manera uniforme en toda la Iglesia.,
La evolución respondió, entre otros factores, a una sensibilidad creciente hacia el misterio eucarístico y al deseo de proteger la hostia de cualquier descuido. Con el paso del tiempo, la comunión en la boca y, más adelante, la recepción de rodillas llegaron a expresar reverencia para muchos fieles. La valoración de los gestos litúrgicos también depende de las costumbres y sensibilidades de cada época y lugar.
Restablecimiento de la posibilidad en el siglo XX
En el siglo XX, algunos fieles y comunidades recuperaron la práctica antigua de recibir la hostia en la mano. La Santa Sede advirtió en 1969 que ciertos lugares habían introducido el cambio sin la autorización requerida y, en ocasiones, sin preparar adecuadamente a los fieles. A continuación, estableció un procedimiento por el que las conferencias episcopales podían solicitar permiso para permitir esa modalidad en sus territorios.
La regulación no convirtió la comunión en la mano en una obligación universal. La autorizó allí donde la conferencia episcopal la solicitase y la Santa Sede la aprobase, manteniendo la comunión en la boca como forma legítima de recepción.,