La concepción virginal se refiere al hecho de que Jesús fue concebido en el seno de la Virgen María sin semilla humana, por el poder del Espíritu Santo1,2. Este dogma es distinto del de la Inmaculada Concepción, que se refiere a la preservación de María del pecado original desde el momento de su propia concepción. La concepción virginal de Jesús, en cambio, subraya que Jesús tiene a Dios solo como Padre en su divinidad y es verdaderamente hijo de María en su humanidad, existiendo en él una única Persona divina1,3.
Desde los inicios de la fe, la Iglesia ha confesado que Jesús fue concebido únicamente por la acción del Espíritu Santo en el vientre de la Virgen María2,4. Esta verdad también abarca el aspecto corporal del evento, afirmando que Jesús fue concebido «por el Espíritu Santo sin semilla humana»2. Los Padres de la Iglesia vieron en esta concepción virginal una señal de que era verdaderamente el Hijo de Dios quien asumió una humanidad semejante a la nuestra2. San Ignacio de Antioquía, a principios del siglo II, ya afirmaba que Jesús fue «verdaderamente nacido de una virgen»2.
Este misterio revela el carácter absolutamente gratuito de la gracia salvadora de Dios5. En Lucas, la concepción virginal no solo muestra la gratuidad del don de Dios en Jesús, sino también su filiación divina. El diálogo entre María y el ángel Gabriel en Lucas 1:34-35 esclarece que Jesús será llamado Hijo de Dios precisamente porque será concebido virginalmente por el poder del Espíritu Santo5,6. Esto significa que Jesús pertenece tan radicalmente a Dios que la paternidad humana queda excluida; su Padre es Dios solo5. Toda la vida y ser de Jesús revelan su relación filial con su Padre celestial5.
La virginidad de María manifiesta la iniciativa absoluta de Dios en la Encarnación3. Jesús nunca estuvo separado del Padre debido a la naturaleza humana que asumió. Él es naturalmente Hijo del Padre en su divinidad y naturalmente hijo de su madre en su humanidad, pero propiamente Hijo del Padre en ambas naturalezas3.
