El matrimonio católico se define como un pacto conyugal por el cual un hombre y una mujer establecen entre sí una comunión íntima de vida y amor, ordenada por su naturaleza al bien de los esposos y a la generación y educación de la procreación.2,5 Esta unión no es un mero contrato social o producto de la evolución natural, sino una institución providente de Dios Creador, que refleja su diseño amoroso para la humanidad.3,4
Origen en la creación
Desde las primeras páginas de la Sagrada Escritura, Dios crea al hombre y a la mujer a su imagen y semejanza, ordenándolos a ser fecundos y multiplicarse (Gn 1,27-28). El matrimonio surge así como participación en el plan creador divino, donde los esposos se donan mutuamente de forma exclusiva y total, perfeccionándose el uno al otro en una unión que coopera en la generación de nueva vida.6,4 Esta realidad trasciende las variaciones culturales, manteniendo sus características permanentes de dignidad y finalidad.3
Elevación a sacramento
Entre los bautizados, Cristo eleva el matrimonio a la dignidad de sacramento, dotándolo de gracia especial para realizar su misión. Representa el signo de la unión de Cristo con su Iglesia (Ef 5,32), restaurando su forma originaria y conferéndole un significado pleno en el misterio trinitario.7,2 La Iglesia enseña que esta sacramentalidad exige preparación adecuada y compromiso vitalicio.8
