El Concilio de Bari de 1098 es el más conocido de los dos y fue convocado por el Papa Urbano II. Este concilio tuvo lugar en Apulia, donde el Papa Urbano II se encontraba para venerar las reliquias de San Nicolás y consagrar la basílica construida en su honor. Asistieron 183 obispos.
Objetivos del Concilio
El propósito principal de este concilio fue buscar la reunión de los griegos con la Iglesia de Roma. En el siglo XI, las relaciones entre las Iglesias de Oriente y Occidente estaban marcadas por crecientes tensiones, que habían culminado en el cisma de 1054 con la excomunión mutua entre el Cardenal Humberto y el Patriarca Miguel Cerulario. Aunque ese evento no fue el «cisma definitivo» como a menudo se describe, sí profundizó las divisiones. Las diferencias teológicas y litúrgicas, como la cuestión del Filioque (la procesión del Espíritu Santo del Padre y del Hijo) y el uso de pan ácimo (sin levadura) en la Eucaristía por parte de los latinos, eran puntos clave de controversia,.
Participación de San Anselmo de Canterbury
Una figura prominente en el Concilio de 1098 fue San Anselmo de Canterbury. Anselmo se distinguió por su erudita defensa de la procesión del Espíritu Santo y el uso del pan ácimo para la Sagrada Eucaristía. Su participación subraya la importancia teológica del concilio y el esfuerzo por articular la doctrina latina frente a las objeciones orientales.
Temas Teológicos y Litúrgicos
El Filioque
La doctrina del Filioque fue un punto central de discusión. La Iglesia latina había añadido esta cláusula al Credo Niceno-Constantinopolitano, afirmando que el Espíritu Santo procede «del Padre y del Hijo». Las Iglesias orientales, por su parte, mantenían la formulación original del Credo, que dice que el Espíritu Santo procede «del Padre», y consideraban la adición del Filioque como una alteración unilateral y una desviación teológica. San Anselmo defendió la doctrina trinitaria occidental, argumentando la procesión del Espíritu Santo también del Hijo.
Pan Ácimo en la Eucaristía
Otra diferencia litúrgica significativa era el uso del pan ácimo (sin levadura) en la Eucaristía por parte de los latinos, en contraste con el pan fermentado utilizado por los griegos,. Esta cuestión, conocida como la controversia de los ázimos, había sido un punto de fricción considerable, incluso antes del cisma de 1054. Miguel Cerulario, el Patriarca de Constantinopla, había hecho de esta práctica un punto de disputa importante.
Impacto y Consecuencias
Aunque el Concilio de Bari de 1098 buscó la reunificación, no logró una resolución duradera de las diferencias entre Oriente y Occidente. Las divisiones persistirían y se profundizarían en los siglos siguientes. Sin embargo, el concilio fue un intento notable de diálogo teológico y de afirmación de la doctrina católica en un contexto de creciente separación. La participación de figuras como San Anselmo de Canterbury también resalta la vitalidad intelectual de la Iglesia occidental en este período.