El Concilio de Basilea fue convocado por el Papa Martín V en 1431, poco antes de su fallecimiento, siguiendo un decreto del Concilio de Constanza (1414-1418) que estipulaba la celebración regular de concilios1. La primera sesión se inauguró el 25 de julio de 1431 bajo la presidencia del legado papal2.
Desde sus inicios, el concilio en Basilea se caracterizó por una fuerte oposición al Papa Eugenio IV (quien sucedió a Martín V en 1431)2,1. Eugenio IV intentó disolver el concilio en dos ocasiones en 1431, proponiendo su traslado a Bolonia con el objetivo de negociar la reunión con los griegos1. Sin embargo, encontró una considerable resistencia, incluso dentro del colegio cardenalicio, lo que, junto con la mediación del emperador Segismundo y otros príncipes, llevó al Papa a revocar sus bulas de disolución y a confirmar el concilio en Basilea en diciembre de 14331.
La colaboración entre Roma y Basilea continuó de manera tensa hasta 1437. La principal fuente de desacuerdo resurgió en torno a las negociaciones para la unión con la Iglesia bizantina1.
El Conflicto con Eugenio IV
Eugenio IV había iniciado unilateralmente conversaciones de reunión con el emperador bizantino y el patriarca de Constantinopla. Los padres conciliares de Basilea cuestionaron la autoridad del Papa para llevar a cabo tales negociaciones de forma independiente1. Una vez que se enteraron de la disposición de los griegos a reunirse en un concilio en Italia, la asamblea de Basilea se dividió: una minoría, leal al Papa, apoyó un concilio en Italia, mientras que la mayoría insistió en invitar a los griegos a Basilea, Aviñón o Saboya1.
Esta divergencia, entre otras, provocó que la minoría, liderada por el Cardenal Julián Cesarini, abandonara Basilea1. La mayoría conciliarista en Basilea respondió enviando un Monitorium o Citatorium el 31 de julio de 1437, exigiendo la comparecencia del Papa en Basilea en un plazo de sesenta días1. Eugenio IV respondió con dos bulas: Doctoris gentium (18 de septiembre de 1437), que trasladaba el concilio de Basilea a Ferrara, y Pridem ex iustis (30 de diciembre de 1437), que finalizaba esta decisión1. La mayoría en Basilea rechazó esta acción como ilegal y continuó sus sesiones durante once años más, llegando incluso a elegir un antipapa, Félix V, en 14391. Las sesiones celebradas en Basilea después de la 25ª sesión (1437) hasta su final en 1449 no son consideradas ecuménicas por la Iglesia Católica2.

