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Concilio de Basilea-Ferrara-Florencia

El Concilio de Basilea-Ferrara-Florencia fue una asamblea eclesial desarrollada entre 1431 y 1445, inicialmente en Basilea y después bajo la autoridad del papa Eugenio IV en Ferrara, Florencia y Roma. Su historia estuvo marcada por la crisis conciliarista, la defensa del primado pontificio, el intento de reunificación con las Iglesias orientales y debates teológicos sobre el Filioque, el purgatorio, los ázimos y la autoridad del papa.

Nuremberg chronicles f 244v 2 Concilium florentinum
Ver información de la imagenSínodo de Florencia, grabado en madera de la Crónica de Núremberg (copia latina en São Paulo), c. 1493. http://www.obrasraras.usp.br/obras/000192/ → File:Liber Chronicarum f 244v.jpg, Michel Wolgemut, Wilhelm Pleydenwurff (Hartmann Schedel, editor), Dominio Público. 📄
Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombreConcilio de Basilea-Ferrara-Florencia
CategoríaEvento
DescripciónAsamblea eclesial 1431-1445 que inició en Basilea y se trasladó a Ferrara, Florencia y Roma, abordando la reforma, el conciliarismo y la unión con Oriente
Contexto HistóricoCrisis del Cisma de Occidente, auge del conciliarismo y búsqueda de unión con las Iglesias orientales.
DesarrolloFase de Basilea (1431-1437) conciliarista; traslado a Ferrara (1438) y Florencia (1439-1443) bajo autoridad papal; culminación en Roma (1443-1445).
Fecha de Fin1445
Fecha de Inicio1431
Impacto HistóricoConsolidó la autoridad del papado, influyó en la eclesiología católica posterior y marcó un hito en el diálogo ecuménico.
Importancia HistóricaAfirmó el primado petrino, definió el Filioque, intentó la unión con Iglesias orientales y debilitó el conciliarismo radical.
OrganizadorPapa Eugenio IV
Personas relacionadasEugenio IV
TemaReforma eclesial, autoridad papal, Filioque, unión con Iglesias orientales.
TipoConcilio, Concilio ecuménico
Ubicación
  • Basilea
  • Ferrara
  • Florencia
  • Roma

Tabla de contenido

Denominación y periodización

La denominación tradicional reúne varias etapas de un mismo proceso histórico, aunque cada una presenta una situación jurídica y eclesiológica distinta:

  • Basilea (1431-1437): fase de colaboración inicial entre el concilio y la Santa Sede, seguida por el enfrentamiento entre la mayoría conciliarista y el papa Eugenio IV.
  • Ferrara (1438-1439): etapa de apertura solemne del concilio bajo autoridad pontificia y comienzo de las negociaciones con la Iglesia bizantina.
  • Florencia (1439-1443): fase principal de los debates teológicos y promulgación del decreto de unión con los griegos.
  • Roma (1443-1445): continuación del concilio bajo la presidencia papal y aprobación de decretos de unión con otras Iglesias orientales.

También recibe los nombres de Concilio de Ferrara-Florencia, Concilio de Ferrara-Florencia-Roma o Concilio de Basilea-Ferrara-Florencia-Roma, según la etapa que cada autor quiera poner de relieve.1

La Iglesia católica reconoce como ecuménica la fase celebrada bajo la autoridad del papa en Ferrara, Florencia y Roma. La legitimidad de las sesiones posteriores de Basilea quedó comprometida por la ruptura con Eugenio IV y por la elección de un antipapa. La cuestión de las primeras sesiones de Basilea resulta más compleja: algunos historiadores discuten su carácter ecuménico, mientras que existe acuerdo en negar tal carácter a las sesiones celebradas después del traslado a Ferrara.2

Contexto histórico

La crisis del Cisma de Occidente

El concilio nació después del Cisma de Occidente, que había dividido a la cristiandad latina entre varios pretendientes al pontificado. El Concilio de Constanza, celebrado entre 1414 y 1418, puso fin a la división y eligió a Martín V como papa. Aquella experiencia dejó una profunda preocupación por la reforma de la Iglesia y por la forma de impedir futuros cismas.

Algunos teólogos y prelados desarrollaron entonces el conciliarismo, doctrina que atribuía a un concilio universal una autoridad superior a la del papa en determinadas circunstancias. El Concilio de Basilea asumió progresivamente esta orientación y defendió la permanencia del concilio incluso contra la voluntad pontificia. Sus miembros invocaban determinados decretos del Concilio de Constanza para sostener que una asamblea general no podía ser disuelta unilateralmente por el papa.3

Convocatoria de Basilea

Martín V convocó un nuevo concilio en Basilea poco antes de morir, conforme a los compromisos adquiridos durante el Concilio de Constanza. La primera sesión ocurrió en 1431, después de la muerte del pontífice. El concilio debía abordar la reforma eclesial, la cuestión husita y la reunificación con las Iglesias orientales.2,1

Eugenio IV, sucesor de Martín V, mostró desde el principio reservas sobre la orientación y la seguridad de la asamblea. En 1431 promulgó dos bulas de disolución y convocó otro concilio en Bolonia, con especial atención a la posible unión con los griegos. La oposición política y eclesiástica, junto con la intervención del emperador Segismundo y de otros príncipes, llevó al papa a retirar aquellas disposiciones y confirmar el Concilio de Basilea en 1433.1

Durante algunos años, la cooperación entre Roma y Basilea continuó mediante representantes pontificios. Sin embargo, las divergencias sobre la autoridad del papa y sobre el lugar donde debía celebrarse la reunión con los griegos provocaron una ruptura progresiva.1

La fase de Basilea y el conciliarismo

La cuestión de la autoridad del concilio

La mayoría de Basilea entendía que el concilio podía continuar reunido contra la voluntad del papa y que poseía autoridad para exigirle obediencia. En una de sus primeras sesiones, la asamblea declaró inválida la disolución pontificia y exigió a Eugenio IV que revocara sus decisiones, favoreciera el concilio y acudiera personalmente o enviara representantes con plenos poderes.3

El concilio consideraba que su autoridad procedía directamente de la Iglesia universal y no dependía de la confirmación pontificia. Esta postura llevó a una concepción conciliarista de la Iglesia: el papa aparecía como miembro principal de la Iglesia, pero no como su autoridad suprema e irrevocable.

La controversia no consistía solo en una disputa administrativa. Afectaba a la constitución divina de la Iglesia y a la relación entre el ministerio petrino y la autoridad de un concilio ecuménico. La posterior teología católica rechazó la tesis de que un concilio universal pudiera situarse normalmente por encima del papa o juzgarlo como autoridad superior.

La disputa sobre la sede del concilio

La posibilidad de reunir a los griegos aceleró el conflicto. El emperador bizantino Juan VIII Paleólogo y el patriarca de Constantinopla aceptaban participar en un concilio de unión, pero preferían una sede italiana, más accesible desde Constantinopla y más cercana a la protección política y militar que necesitaban frente al avance otomano.

La mayoría de Basilea propuso Basilea, Aviñón o Saboya. La minoría favorable a Eugenio IV defendió una ciudad italiana. El cardenal Giuliano Cesarini encabezó a muchos de los partidarios del papa, que abandonaron Basilea cuando la mayoría rechazó el traslado a Italia.1

En 1437, la mayoría de Basilea exigió al papa que acudiera a la ciudad o enviara representantes dentro de un plazo determinado. Eugenio IV respondió mediante la bula Doctoris gentium, de 18 de septiembre de 1437, que trasladó el concilio a Ferrara, y mediante Pridem ex iustis, de 30 de diciembre del mismo año, que confirmó definitivamente la decisión.1

Ruptura y elección del antipapa

La mayoría de Basilea rechazó el traslado y continuó reunida durante años. En 1439 depuso a Eugenio IV y eligió como antipapa al duque Amadeo VIII de Saboya, que adoptó el nombre de Félix V. La cristiandad no aceptó mayoritariamente aquella elección, y el grupo de Basilea fue perdiendo fuerza hasta quedar reducido a un pequeño círculo.4

La elección de Félix V confirmó la ruptura entre la asamblea conciliarista y la Iglesia unida al papa. Por este motivo, la Iglesia católica distingue entre la primera fase de Basilea, cuya valoración histórica y jurídica resulta discutida, y la fase de Ferrara-Florencia-Roma, presidida por Eugenio IV y reconocida como la continuación legítima del concilio ecuménico.

Traslado a Ferrara y Florencia

El concilio reunido en Ferrara abrió sus sesiones el 8 de enero de 1438. Los obispos y teólogos griegos llegaron a partir de abril de aquel año. La peste y las dificultades económicas favorecieron el traslado a Florencia, que comenzó en enero de 1439.2

La presencia del emperador Juan VIII Paleólogo, del patriarca José II de Constantinopla y de numerosos obispos y teólogos bizantinos convirtió el concilio en una verdadera asamblea de diálogo entre Oriente y Occidente. El objetivo no consistía solo en alcanzar un acuerdo político frente a los turcos, sino en resolver las divergencias doctrinales que habían separado a las Iglesias desde el cisma entre Roma y Constantinopla.

El debate sobre el Espíritu Santo y el Filioque

La cuestión doctrinal

El principal debate teológico de Florencia trató sobre la procesión del Espíritu Santo. La tradición latina confesaba que el Espíritu Santo procede del Padre y del Hijo, expresión conocida como Filioque. La tradición griega mantenía el texto del Credo según el cual el Espíritu Santo procede del Padre, y consideraba problemática la adición latina al símbolo común.

La controversia tenía dos dimensiones:

  1. La legitimidad de añadir el Filioque al Credo.
  2. El sentido teológico de la procesión del Espíritu Santo.

Los teólogos latinos insistieron en que la doctrina no enseñaba dos principios independientes dentro de la Trinidad. El Padre y el Hijo constituyen un único principio de la procesión del Espíritu Santo, aunque el Padre posee la primacía fontal dentro de la vida trinitaria.5

Durante nueve sesiones, el Filioque ocupó el centro de las discusiones florentinas. Los teólogos latinos explicaron que el Espíritu Santo procede del Padre y del Hijo como de un único principio y una única causa. Después de intensas deliberaciones, los representantes griegos aceptaron esta formulación doctrinal.5

El Decreto de unión con los griegos

El 6 de julio de 1439, Eugenio IV promulgó el decreto Laetentur caeli, aprobado con la participación de los representantes bizantinos. El decreto presentó la unión como el restablecimiento de la comunión entre las Iglesias latina y griega después de siglos de división.6

El concilio definió que el Espíritu Santo procede eternamente del Padre y del Hijo como de un solo principio y una sola causa. Esta fórmula pretendía expresar la compatibilidad entre la teología latina y la tradición patrística griega, sin introducir dos causas separadas en la Trinidad.

El acuerdo incluyó también otras cuestiones controvertidas:

  • La legitimidad del uso latino del pan ázimo en la Eucaristía.
  • La existencia del purgatorio.
  • La forma de la consagración eucarística.
  • La autoridad y los privilegios del papa.
  • La conservación de los derechos de los patriarcados orientales.

El acuerdo teológico alcanzado en Florencia fue considerable, pero la unión no arraigó de manera estable en el mundo bizantino. La oposición de numerosos clérigos y fieles, la desconfianza hacia Roma y las circunstancias políticas del Imperio bizantino dificultaron su recepción. La unión tuvo, por tanto, una eficacia práctica limitada, aunque su contenido doctrinal conservó gran importancia para la teología católica.2,1

La eclesiología del primado petrino

El punto de fricción más complejo

La cuestión del primado romano resultó más difícil que algunas controversias sacramentales o litúrgicas. Los griegos no aceptaban sin más la formulación latina de una autoridad papal universal entendida en términos absolutos. La discusión exigía precisar qué autoridad había ejercido el obispo de Roma antes de la separación y cómo debía armonizarse dicha autoridad con los derechos de los patriarcas orientales.

El concilio afirmó que la Santa Sede y el papa poseen el primado sobre toda la Iglesia. Presentó al pontífice romano como sucesor de san Pedro, cabeza de la Iglesia, padre y maestro de todos los cristianos, y receptor de la potestad plena de apacentar, regir y gobernar la Iglesia universal.7

La fórmula florentina no pretendía simplemente establecer una supremacía política de Roma. Fundaba el primado en la misión confiada por Cristo a Pedro y transmitida a sus sucesores. La autoridad del papa aparecía vinculada a la unidad visible de la Iglesia y a la custodia de la fe.

Las condiciones aceptadas por los griegos

Los representantes griegos aceptaron las afirmaciones principales sobre el primado bajo tres condiciones:

  • Que la autoridad pontificia se entendiera conforme a los actos de los concilios ecuménicos y a los cánones sagrados.
  • Que se reconociera la dignidad de las demás sedes patriarcales de la antigua pentarquía.
  • Que permanecieran los derechos y privilegios tradicionales de los patriarcas orientales.

Estas condiciones muestran que la unión florentina no pretendía borrar la estructura patriarcal de Oriente ni convertir las Iglesias orientales en simples circunscripciones administrativas latinas. El acuerdo buscaba articular el primado de Roma con la legítima autoridad de los patriarcas.8

La afirmación del primado tuvo además una finalidad polémica concreta: rechazar la tesis conciliarista de Basilea. La formulación florentina quería dejar claro que un concilio no podía erigirse en autoridad superior permanente al papa.8

Traslado a Roma y otras uniones

En 1443, Eugenio IV trasladó el concilio a Roma. La asamblea continuó bajo la presidencia pontificia y aprobó nuevos decretos de unión con distintas Iglesias orientales. El concilio trató con armenios, coptos, jacobitas, sirios, caldeos y maronitas de Chipre, además de otros grupos cristianos orientales.2

Entre los documentos más importantes de esta fase figura el decreto de unión con los armenios, que abordó cuestiones doctrinales, litúrgicas y sacramentales. Los contactos posteriores extendieron el proyecto de reunificación, aunque la mayoría de aquellas uniones tampoco alcanzó una recepción duradera.

La última sesión tuvo lugar el 7 de agosto de 1445. Los decretos de Ferrara, Florencia y Roma adoptaron habitualmente la forma de bulas pontificias, porque Eugenio IV presidía personalmente la asamblea. En ellas aparece la aprobación del concilio y la fórmula que presenta las decisiones como promulgadas en una sesión general solemne.2

Legitimidad eclesial del concilio

La continuidad bajo Eugenio IV

La Iglesia reconoce la legitimidad de la fase de Ferrara-Florencia-Roma porque Eugenio IV, como papa legítimo, trasladó el concilio y continuó su celebración bajo autoridad pontificia. En Ferrara, el papa abrió una asamblea destinada a reunir a las Iglesias latina y griega; posteriormente confirmó el traslado a Florencia y presidió la promulgación de sus decretos.9

La legitimidad de esta fase no depende solo de la presencia de representantes orientales. También deriva de la continuidad de la autoridad pontificia, de la aprobación de los decretos por los participantes y de la recepción posterior de sus definiciones dogmáticas.

La ruptura de la mayoría de Basilea

La mayoría de Basilea dejó de actuar en comunión con el papa cuando rechazó el traslado, declaró inválidas las decisiones pontificias, depuso a Eugenio IV y eligió a Félix V. La asamblea perdió entonces la comunión jerárquica necesaria para representar a la Iglesia universal.4,1

Por esa razón, la Iglesia no considera ecuménicas las sesiones de Basilea celebradas después de la apertura del concilio en Ferrara. La fase conciliarista terminó convertida en un foco de cisma, mientras que la fase presidida por Eugenio IV conservó la continuidad con la sede apostólica.

Recepción y consecuencias

Consecuencias para el papado

El concilio reforzó notablemente el prestigio del papado. La derrota del conciliarismo radical y la aprobación de los decretos florentinos consolidaron la autoridad doctrinal y jurisdiccional del pontífice romano. La unión con los griegos, aunque efímera, proporcionó al papado una importante victoria espiritual y diplomática.4

La afirmación del primado petrino en Florencia influyó en la evolución posterior de la eclesiología católica. Sus formulaciones sobre el sucesor de Pedro, la cabeza visible de la Iglesia y la potestad de gobernar la Iglesia universal fueron retomadas por la teología posterior.

Límites de la unión

La unión con Constantinopla no produjo una reunificación estable. Muchos orientales rechazaron el acuerdo, y las divisiones políticas, culturales y litúrgicas impidieron una recepción general. El avance otomano y la caída de Constantinopla en 1453 modificaron por completo el contexto en el que había nacido el proyecto de unión.

La escasa aplicación práctica no elimina el valor doctrinal del concilio. Florencia alcanzó un acuerdo teológico sobre cuestiones que habían dividido durante siglos a Oriente y Occidente, y formuló una doctrina sobre la procesión del Espíritu Santo y el primado romano que la Iglesia católica considera vinculante.

Importancia ecuménica

El Concilio de Florencia representa uno de los grandes precedentes católicos del diálogo con las Iglesias orientales. Su método combinó la defensa de la doctrina católica con el reconocimiento de las legítimas tradiciones litúrgicas y disciplinares de Oriente.

La asamblea no redujo la unión a una uniformidad de ritos. La unidad buscada incluía la confesión de la misma fe, la comunión sacramental y el reconocimiento del primado romano, junto con la conservación de los derechos propios de los patriarcados orientales.

Valoración histórica

El Concilio de Basilea-Ferrara-Florencia debe comprenderse como un proceso dividido en dos orientaciones eclesiológicas contrapuestas. Basilea comenzó con objetivos legítimos de reforma y reunificación, pero una parte de sus miembros desarrolló una doctrina conciliarista incompatible con la autoridad suprema del papa y terminó en ruptura. Ferrara, Florencia y Roma continuaron el proyecto conciliar en comunión con Eugenio IV y alcanzaron acuerdos doctrinales con varias Iglesias orientales.

Su importancia histórica procede de cuatro logros principales:

  1. La defensa de la constitución jerárquica de la Iglesia frente al conciliarismo radical.
  2. La definición del primado petrino y de la autoridad del sucesor de san Pedro.
  3. La formulación teológica de la procesión del Espíritu Santo desde el Padre y el Hijo como de un único principio.
  4. El intento de restaurar la unidad entre Oriente y Occidente mediante el diálogo doctrinal y el respeto a las tradiciones patriarcales.

Aunque la unión no perduró en la práctica, el concilio ocupa un lugar central en la historia de la Iglesia católica. Florencia mostró que la unidad cristiana exigía afrontar simultáneamente las cuestiones dogmáticas, la estructura de la Iglesia y la legítima diversidad de las tradiciones orientales.

Citas y referencias

  1. Florencia, concilio de, Edward G. Farrugia. Diccionario enciclopédico del Oriente cristiano, Florencia, concilio de (2015). 2 3 4 5 6 7 8
  2. Introducción, Florencia (Basilea-Ferrara-Florencia). Concilio ecuménico de Florencia (1438-1445), Introducción (1445). 2 3 4 5 6
  3. Concilio de Basilea (1431-1445) - Sesión 3-29 de abril de 1432, Florencia (Basilea-Ferrara-Florencia). Concilio ecuménico de Florencia (1438-1445), Concilio de Basilea Sesión 3 (1445). 2
  4. Papa Eugenio IV. Enciclopedia Católica, Papa Eugenio IV (1913). 2 3
  5. El concilio de Florencia. Enciclopedia Católica, El concilio de Florencia (1913). 2
  6. Sesión 6-6 de julio de 1439, Florencia (Basilea-Ferrara-Florencia). Concilio ecuménico de Florencia (1438-1445), Sesión 6 (1445).
  7. Eugenio IV 1431-1447: Concilio de Florencia 1438-1445 - Ecuménico XVII (unión con los griegos, armenios y jacobitas) - Decreto para los griegos - De la bula «Laetentur coeli», 6 de julio de 1439, Heinrich Joseph Dominicus Denzinger. Las fuentes del dogma católico (Enchiridion Symbolorum), 1307 (1854).
  8. B1. De 1054 al concilio de Florencia (1438-1439), Dicasterio para la Promoción de la Unidad Cristiana. Sinodalidad y primacía en el segundo milenio y hoy, 1.18 (2023). 2
  9. Sesión 7-4 de septiembre de 1439, Florencia (Basilea-Ferrara-Florencia). Concilio ecuménico de Florencia (1438-1445), Sesión 7 (1445).
Modificado el 7 de septiembre de 2026 • FideScore™ 9.19 • 124 visitas • Citar este artículo • Paq. Scorm (LMS) • Sugerir mejora • Compartir artículo • Imprimir artículo • Generar QR • Instalar aplicación • ark:28736/74f0269qd

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