La cuestión central: quién es Jesucristo
La controversia que condujo a Calcedonia nació de una pregunta fundamental: ¿cómo puede Jesucristo ser plenamente Dios y plenamente hombre sin que su humanidad quede absorbida por la divinidad ni ambas realidades formen dos sujetos independientes?
La fe cristiana anterior al concilio había afirmado ya que el Verbo de Dios se hizo carne y que Jesús de Nazaret es verdadero Dios. El Concilio de Nicea, celebrado en el año 325, había confesado que el Hijo es consustancial al Padre. Más tarde, el Concilio de Éfeso, celebrado en el año 431, había defendido la unidad personal de Cristo y había reconocido a María como Theotokos, es decir, Madre de Dios, porque el que nació de ella según la carne es verdaderamente el Hijo eterno de Dios.1
Calcedonia intentó mantener simultáneamente dos afirmaciones inseparables:
- Jesucristo es verdadero Dios.
- Jesucristo es verdadero hombre.
La definición conciliar rechazó tanto la división de Cristo en dos sujetos como la desaparición de su humanidad dentro de una única realidad divina. El equilibrio entre la unidad personal y la integridad de la divinidad y de la humanidad constituye el núcleo de la cristología calcedonense.2
Antecedentes de la controversia
La crisis inmediata estuvo relacionada con la enseñanza de Eutiques, quien, en su intento de defender la unidad de Cristo, empleó una fórmula que podía entenderse como absorción de la humanidad por la divinidad. Esta posición recibió posteriormente el nombre de monofisismo, aunque las Iglesias ortodoxas orientales rechazan la doctrina extrema atribuida a Eutiques.3
En el extremo opuesto aparecía el peligro asociado a Nestorio: hablar de Cristo de tal manera que la divinidad y la humanidad parecieran corresponder a dos sujetos distintos, unidos solo por una relación moral o externa. La tradición calcedonense entendió que ambas posiciones destruían el misterio de la Encarnación: la primera, porque anulaba la humanidad real de Cristo; la segunda, porque comprometía la unidad del Salvador.
El llamado «Latrocinio de Éfeso»
Antes de Calcedonia tuvo lugar, en el año 449, una reunión episcopal en Éfeso que rehabilitó a Eutiques y depuso a sus adversarios, entre ellos Flaviano de Constantinopla. La tradición católica y la historiografía posterior calificaron aquella asamblea como el Latrocinio de Éfeso, debido a la violencia ejercida contra algunos obispos y a la presión política que condicionó sus decisiones.
La muerte de Flaviano y la intervención del papa León Magno prepararon el camino para un nuevo concilio. León había enviado a Constantinopla su célebre Tomus ad Flavianum, una carta doctrinal que exponía la unidad de la persona de Cristo y la permanencia de las propiedades de cada naturaleza. En Calcedonia, los padres conciliares recibieron su doctrina con la conocida aclamación: «Pedro ha hablado por boca de León».4



