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Concilio de Calcedonia

El Concilio de Calcedonia fue el cuarto concilio ecuménico de la Iglesia católica y ocurrió en el año 451. Su definición cristológica proclamó que Jesucristo es una sola persona o hipóstasis en dos naturalezas, divina y humana, unidas «sin confusión, sin cambio, sin división y sin separación». El concilio también profundizó las tensiones entre las grandes sedes episcopales, especialmente Roma y Constantinopla, y originó una división duradera entre las Iglesias que aceptaron su doctrina y las Iglesias ortodoxas orientales que no la recibieron.

Fourth ecumenical council of chalcedon - 1876
Ver información de la imagenCuarto Concilio Ecuménico de Calcedonia, c. 1876. https://www.wikiart.org/en/vasily-surikov/fourth-ecumenical-council-of-chalcedon-1876, Vasily Surikov, Dominio Público. 📄
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NombreConcilio de Calcedonia
CategoríaEvento
DescripciónCuarto concilio ecuménico de la Iglesia católica celebrado en el año 451. Jesucristo es una sola persona o hipóstasis en dos naturalezas, divina y humana, unidas sin confusión, sin cambio, sin división y sin separación
Contexto HistóricoDisputas tras el Concilio de Éfeso de 449 y tensiones entre las sedes episcopales de Roma, Constantinopla, Alejandría y Antioquía.
Doctrinas RelacionadasCristología, Encíclicas, Concilio de Nicea, Concilio de Éfeso
Enseñanzas PrincipalesCristo posee una humanidad completa y una divinidad completa que concurren en una sola persona e hipóstasis sin confusión, sin cambio, sin división y sin separación.
Escritos RelacionadosTomus ad Flavianum
Fecha de Inicio451
Importancia HistóricaFijó la formulación clásica de la fe cristológica y profundizó la separación entre el cristianismo bizantino y las Iglesias orientales.
OrganizadorEmperador Marciano, Emperatriz Pulqueria, Papa León Magno
Personas RelacionadasEutiques, Nestorio, Flaviano de Constantinopla, León Magno, Cirilo de Alejandría
Tema
Tesis CentralJesucristo es verdadero Dios y verdadero hombre, una sola persona en dos naturalezas.
TipoConcilio
UbicaciónCalcedonia

Tabla de contenido

Contexto histórico y teológico

La cuestión central: quién es Jesucristo

La controversia que condujo a Calcedonia nació de una pregunta fundamental: ¿cómo puede Jesucristo ser plenamente Dios y plenamente hombre sin que su humanidad quede absorbida por la divinidad ni ambas realidades formen dos sujetos independientes?

La fe cristiana anterior al concilio había afirmado ya que el Verbo de Dios se hizo carne y que Jesús de Nazaret es verdadero Dios. El Concilio de Nicea, celebrado en el año 325, había confesado que el Hijo es consustancial al Padre. Más tarde, el Concilio de Éfeso, celebrado en el año 431, había defendido la unidad personal de Cristo y había reconocido a María como Theotokos, es decir, Madre de Dios, porque el que nació de ella según la carne es verdaderamente el Hijo eterno de Dios.1

Calcedonia intentó mantener simultáneamente dos afirmaciones inseparables:

  • Jesucristo es verdadero Dios.
  • Jesucristo es verdadero hombre.

La definición conciliar rechazó tanto la división de Cristo en dos sujetos como la desaparición de su humanidad dentro de una única realidad divina. El equilibrio entre la unidad personal y la integridad de la divinidad y de la humanidad constituye el núcleo de la cristología calcedonense.2

Antecedentes de la controversia

La crisis inmediata estuvo relacionada con la enseñanza de Eutiques, quien, en su intento de defender la unidad de Cristo, empleó una fórmula que podía entenderse como absorción de la humanidad por la divinidad. Esta posición recibió posteriormente el nombre de monofisismo, aunque las Iglesias ortodoxas orientales rechazan la doctrina extrema atribuida a Eutiques.3

En el extremo opuesto aparecía el peligro asociado a Nestorio: hablar de Cristo de tal manera que la divinidad y la humanidad parecieran corresponder a dos sujetos distintos, unidos solo por una relación moral o externa. La tradición calcedonense entendió que ambas posiciones destruían el misterio de la Encarnación: la primera, porque anulaba la humanidad real de Cristo; la segunda, porque comprometía la unidad del Salvador.

El llamado «Latrocinio de Éfeso»

Antes de Calcedonia tuvo lugar, en el año 449, una reunión episcopal en Éfeso que rehabilitó a Eutiques y depuso a sus adversarios, entre ellos Flaviano de Constantinopla. La tradición católica y la historiografía posterior calificaron aquella asamblea como el Latrocinio de Éfeso, debido a la violencia ejercida contra algunos obispos y a la presión política que condicionó sus decisiones.

La muerte de Flaviano y la intervención del papa León Magno prepararon el camino para un nuevo concilio. León había enviado a Constantinopla su célebre Tomus ad Flavianum, una carta doctrinal que exponía la unidad de la persona de Cristo y la permanencia de las propiedades de cada naturaleza. En Calcedonia, los padres conciliares recibieron su doctrina con la conocida aclamación: «Pedro ha hablado por boca de León».4

Convocatoria y celebración

El concilio comenzó en el año 451 en Calcedonia, ciudad situada frente a Constantinopla, en la orilla asiática del Bósforo. La asamblea reunió a numerosos obispos de Oriente y representantes de la sede romana.

El emperador Marciano y la emperatriz Pulqueria favorecieron la celebración del concilio para restablecer el orden eclesial y político después de las disputas surgidas en torno a la asamblea de Éfeso del año 449. El concilio revisó las decisiones de aquella reunión, examinó la doctrina de Eutiques y estudió las relaciones entre las principales sedes episcopales.

La asamblea no pretendía formular una doctrina completamente nueva. Su propósito consistía en interpretar de manera autorizada la fe recibida de Nicea, Constantinopla, Éfeso y los Padres de la Iglesia, especialmente Cirilo de Alejandría y León Magno.

La definición dogmática de Calcedonia

Una persona en dos naturalezas

La definición conciliar confesó a Jesucristo como:

  • Perfecto en la divinidad.
  • Perfecto en la humanidad.
  • Verdaderamente Dios.
  • Verdaderamente hombre.
  • Consustancial al Padre según la divinidad.
  • Consustancial a nosotros según la humanidad.

Cristo posee, por tanto, una humanidad completa y una divinidad completa. La humanidad no carece de alma, inteligencia, voluntad ni cuerpo; la divinidad tampoco queda reducida o transformada por la Encarnación.1

El concilio afirmó que las dos naturalezas concurren en una sola persona y una sola hipóstasis. La unión no produce una tercera realidad intermedia, ni convierte la divinidad en humanidad, ni transforma la humanidad en divinidad. La unión permanece real y profunda, pero conserva íntegra la identidad de cada naturaleza.

Los cuatro adverbios cristológicos

La fórmula más conocida de Calcedonia describe la unión de las naturalezas mediante cuatro expresiones:

«Sin confusión, sin cambio, sin división y sin separación».1

Cada término protege un aspecto de la fe:

  • Sin confusión: la divinidad y la humanidad no se mezclan ni forman una naturaleza híbrida.
  • Sin cambio: ninguna de las dos naturalezas se transforma en la otra.
  • Sin división: Cristo no es dos personas o dos sujetos independientes.
  • Sin separación: la humanidad y la divinidad permanecen unidas inseparablemente en el único Hijo.

La definición no presenta dos partes yuxtapuestas, como si Cristo fuese simplemente una suma de Dios y hombre. La unión pertenece al mismo sujeto personal: el único Hijo eterno del Padre es también el hombre nacido de María.1

La continuidad con Éfeso

Calcedonia no pretendió corregir la afirmación central del Concilio de Éfeso, sino protegerla mediante una terminología más precisa. Éfeso había defendido la unidad personal de Cristo y había reconocido a María como Madre de Dios. Calcedonia mantuvo esa unidad, pero explicó que la unidad no elimina la diferencia real entre la divinidad y la humanidad.

La enseñanza calcedonense puede resumirse así: el mismo Jesucristo es verdadero Dios y verdadero hombre. No existe un Hijo divino separado de un hombre Jesús; tampoco existe una divinidad que absorba la humanidad. Existe un único Hijo encarnado.

La terminología griega

La doctrina de Calcedonia resulta inseparable de tres palabras griegas: physis, hypostasis y prosopon. Traducirlas al latín constituyó un reto porque sus significados no coincidían exactamente con los términos latinos disponibles y porque el uso teológico podía variar según la escuela y el autor.

Physis: naturaleza

La palabra griega physis suele traducirse por naturaleza. En el contexto de Calcedonia designa aquello que hace que algo sea lo que es y comprende sus propiedades esenciales.

Cristo posee dos physeis:

  • La naturaleza divina.
  • La naturaleza humana.

La naturaleza divina no pierde ninguna de sus propiedades por la Encarnación, y la naturaleza humana conserva todo lo propio de la humanidad. Por eso Cristo puede actuar divinamente y humanamente sin que una acción destruya la realidad de la otra.

Calcedonia afirmó que la diferencia entre las naturalezas no queda anulada por la unión y que cada naturaleza conserva sus propiedades.4

Hypostasis: hipóstasis o subsistencia personal

La palabra hypostasis podía significar originalmente realidad concreta, subsistencia o existencia individual. En la definición de Calcedonia designa el sujeto único de Cristo.

Cristo no posee dos hipóstasis, sino una sola hipóstasis: el Hijo eterno de Dios. La humanidad de Jesús no constituye una persona humana independiente junto al Verbo. El Verbo asume una humanidad completa y la hace suya.

La evolución posterior de la teología latina favoreció la distinción entre naturaleza y persona. Esta distinción permitió expresar que en Cristo existen dos naturalezas, pero una sola persona.1

Prosopon: rostro o persona

Prosopon significaba originalmente rostro, apariencia o personaje, y llegó a utilizarse también con el sentido de persona. El término podía resultar ambiguo porque en determinados contextos parecía referirse solo a la manifestación exterior o al papel desempeñado por alguien.

La definición calcedonense habló de un único prosopon y una única hypostasis. Con ello quiso excluir la idea de que la unión entre divinidad y humanidad fuese solo una relación externa, semejante a la colaboración entre dos sujetos.

Las dificultades de la traducción latina

La traducción al latín no consistía en sustituir mecánicamente una palabra griega por otra latina. Physis, hypostasis y prosopon tenían una historia semántica compleja y podían recibir traducciones diferentes según el contexto.

En latín, natura correspondía habitualmente a physis, mientras que persona podía traducir prosopon o hypostasis. Sin embargo, la correspondencia no resultaba perfecta. La tradición latina desarrolló una distinción técnica entre naturaleza y persona, mientras que varias tradiciones griegas podían emplear esos vocablos con matices distintos.

La dificultad terminológica explica parte de las controversias posteriores. Fórmulas que pretendían expresar la misma fe podían parecer contradictorias cuando las distintas comunidades otorgaban un sentido diverso a palabras como «naturaleza», «persona» o «hipóstasis». La cuestión no era puramente lingüística, porque cada término protegía una comprensión concreta del misterio de Cristo.

La primacía de las sedes patriarcales

Roma, Constantinopla y la autoridad conciliar

La cristología de Calcedonia no puede comprenderse al margen de la disputa por la autoridad entre las grandes sedes episcopales. Roma, Constantinopla, Alejandría y Antioquía competían por el reconocimiento de un orden de precedencia y por la jurisdicción sobre amplios territorios eclesiásticos.

La sede romana defendía su primacía apostólica y doctrinal. Constantinopla, capital imperial desde el siglo IV, reclamaba una posición acorde con la importancia política de la ciudad. Alejandría y Antioquía sostenían además sus propias tradiciones teológicas y sus derechos históricos.

El canon 28

El canon 28 de Calcedonia concedió a Constantinopla privilegios semejantes a los de Roma porque ambas ciudades poseían un rango imperial. El canon describió Constantinopla como Nueva Roma y le otorgó el segundo lugar después de la antigua Roma. También reconoció a su obispo competencias sobre los metropolitanos de las diócesis del Ponto, Asia y Tracia.5

Los legados del papa rechazaron este canon porque consideraban que el concilio no podía modificar unilateralmente el orden de las sedes ni fundamentar la primacía romana en la condición política de Roma. Uno de los representantes romanos pidió que quedara constancia de la oposición y afirmó que la sede apostólica no debía sufrir perjuicio en presencia del concilio.6

La disputa revelaba dos concepciones diferentes:

  • Roma vinculaba su primacía a la tradición apostólica y a la autoridad de Pedro.
  • Constantinopla vinculaba su precedencia al rango imperial de la ciudad y al orden político del Imperio romano de Oriente.

La tensión entre ambas perspectivas no quedó resuelta en Calcedonia. Con el paso de los siglos contribuyó al desarrollo de modelos distintos de primacía y de organización eclesial.

Recepción y consecuencias inmediatas

Una definición que no pacificó Oriente

Calcedonia promulgó una definición dogmática clara, pero no consiguió restablecer de manera duradera la unidad de todos los cristianos orientales. En Egipto, Siria, Armenia y otras regiones, numerosos obispos y comunidades rechazaron las decisiones conciliares.

Parte de la población interpretó la condena de Eutiques y de Dióscoro como una condena indirecta de san Cirilo de Alejandría y del Concilio de Éfeso. También temió que la fórmula de las dos naturalezas favoreciera el nestorianismo. La controversia adquirió una dimensión cultural y política, porque las poblaciones egipcia, siria y armenia poseían lenguas, tradiciones litúrgicas y memorias históricas distintas de las de la corte imperial.7

En varios territorios, la adhesión o el rechazo de Calcedonia dependió en parte de la política imperial. Las autoridades de Constantinopla intentaron imponer obispos y fórmulas doctrinales, mientras que numerosos monjes y comunidades locales defendieron sus propias tradiciones cristológicas.

La ruptura entre las Iglesias

Las comunidades que aceptaron Calcedonia permanecieron dentro de la tradición que posteriormente recibiría el nombre de calcedonense. Entre ellas se encuentran la Iglesia católica y las Iglesias ortodoxas bizantinas, también llamadas Iglesias ortodoxas orientales en sentido geográfico o bizantino.

Las comunidades que rechazaron la definición formaron la comunión de las Iglesias ortodoxas orientales, denominadas también Iglesias no calcedonenses o precalcedonenses. Esta comunión incluye las Iglesias copta, etíope, eritrea, armenia apostólica, siro-ortodoxa y algunas Iglesias de tradición siríaca en la India.3

Iglesias ortodoxas orientales e Iglesias ortodoxas

Una distinción terminológica necesaria

La expresión Iglesias ortodoxas orientales no equivale a Iglesias ortodoxas.

En la terminología habitual actual:

  • Las Iglesias ortodoxas son las Iglesias bizantinas que aceptan los siete primeros concilios ecuménicos, incluido Calcedonia. Su comunión tiene como centro histórico el patriarcado de Constantinopla, aunque comprende numerosas Iglesias autocéfalas.
  • Las Iglesias ortodoxas orientales son las Iglesias antiguas que no aceptaron la definición de Calcedonia. También reciben los nombres de Iglesias no calcedonenses o precalcedonenses.

La confusión resulta especialmente frecuente porque ambas familias utilizan legítimamente el término «ortodoxa». Además, durante siglos la historiografía empleó expresiones polémicas como «monofisita», «nestoriana» o «jacobita». La investigación ecuménica contemporánea prefiere denominaciones más neutrales y respetuosas.8

¿Son monofisitas las Iglesias no calcedonenses?

La etiqueta monofisita requiere cautela. En sentido estricto, el monofisismo de Eutiques afirmaba que la humanidad de Cristo quedaba absorbida por la divinidad. Las Iglesias ortodoxas orientales rechazan esa doctrina.

Estas Iglesias prefieren la fórmula de san Cirilo de Alejandría: «una naturaleza encarnada del Verbo de Dios». Con ella no pretenden negar la humanidad de Cristo, sino proteger la unidad del sujeto encarnado. Al mismo tiempo, rechazan la interpretación extrema según la cual la humanidad habría desaparecido dentro de la divinidad.3

La teología contemporánea ha advertido que muchas divergencias entre calcedonenses y no calcedonenses tuvieron un carácter terminológico y cultural. Los diálogos entre ambas tradiciones han mostrado una convergencia notable: las dos partes confiesan que Cristo es verdaderamente Dios y verdaderamente hombre, que las propiedades divinas y humanas permanecen íntegras y que no existen dos sujetos separados.9

Esta convergencia no significa que la separación histórica haya desaparecido ni que exista plena comunión eclesial. La cuestión cristológica ha avanzado hacia una comprensión mutua, pero permanecen diferencias relativas a la autoridad de los concilios, la jurisdicción y la estructura de la Iglesia.9

Calcedonia y la teología posterior

La distinción entre naturaleza y persona

Calcedonia proporcionó el marco conceptual fundamental para la cristología posterior. La distinción entre naturaleza y persona permitió explicar cómo Cristo posee todo lo propio de Dios y todo lo propio del hombre sin convertirse en dos personas.

La tradición teológica latina desarrolló esta distinción con categorías filosóficas posteriores. Boecio definió la persona como «sustancia individual de naturaleza racional», y santo Tomás de Aquino entendió la persona como aquello que subsiste en una naturaleza racional. Estas elaboraciones no sustituyeron la definición de Calcedonia, sino que intentaron hacer explícitas sus implicaciones.10

La unidad de Cristo y la diversidad de sus acciones

La doctrina calcedonense permite comprender que Cristo actúa como un único sujeto a través de sus dos naturalezas. El mismo Hijo de Dios nace de María, padece y muere según la humanidad, y posee eternamente la gloria divina según la divinidad.

La teología posterior utilizó esta doctrina para explicar cómo pueden atribuirse a la única persona de Cristo acciones y propiedades humanas y divinas. Cristo puede tener conocimiento humano, voluntad humana, sufrimiento humano y muerte humana sin dejar de ser el Hijo eterno del Padre.

Calcedonia como equilibrio doctrinal

La importancia de Calcedonia reside en el equilibrio que mantiene entre dos polos:

  • La unidad, porque Cristo es un solo Hijo y una sola persona.
  • La dualidad, porque posee plenamente la naturaleza divina y la naturaleza humana.

La supresión de cualquiera de los dos polos destruye la fe cristiana en la Encarnación. Si Cristo fuese dos personas, la unión entre Dios y el hombre no alcanzaría realmente al sujeto humano. Si la humanidad quedase absorbida por la divinidad, Cristo ya no sería plenamente hombre.2

Valor doctrinal y ecuménico

El Concilio de Calcedonia ocupa un lugar central en la formulación católica de la fe sobre Jesucristo. Su definición no pretende agotar el misterio de la Encarnación, sino protegerlo frente a interpretaciones incompatibles con la fe apostólica.

La fórmula conciliar continúa siendo decisiva porque afirma simultáneamente:

  1. La divinidad plena de Cristo.
  2. La humanidad plena de Cristo.
  3. La unidad personal del Salvador.
  4. La permanencia de las propiedades de cada naturaleza.
  5. La inseparabilidad del Verbo y de la humanidad asumida.

La historia posterior mostró, sin embargo, que una fórmula doctrinal puede provocar divisiones cuando las palabras poseen sentidos distintos en comunidades teológicas y culturales diversas. Por ello, el diálogo católico con las Iglesias ortodoxas orientales ha procurado distinguir entre el contenido real de la fe y las formulaciones históricas que contribuyeron a la separación. Los diálogos recientes reconocen que aceptar Calcedonia no implica defender a Nestorio y rechazarla tampoco equivale necesariamente a aceptar a Eutiques.9

Importancia histórica

El Concilio de Calcedonia transformó la historia del cristianismo en varios ámbitos:

  • Fijó la formulación clásica de la fe cristológica.
  • Consolidó la tradición de los concilios ecuménicos.
  • Reforzó la autoridad doctrinal de Roma mediante la recepción del Tomus de León Magno.
  • Elevó institucionalmente a Constantinopla.
  • Profundizó la separación entre el cristianismo bizantino y las Iglesias egipcia, siríaca, armenia y etíope.
  • Influyó en la teología latina y griega durante siglos.
  • Proporcionó las categorías fundamentales para hablar de la relación entre persona y naturaleza.

Su legado no consiste solo en una definición del siglo V. Calcedonia sigue siendo el punto de referencia de la cristología católica y un lugar decisivo para el diálogo entre las distintas tradiciones apostólicas de Oriente y Occidente.

Citas y referencias

  1. L.F. Mateo-Seco. Notas introductorias al estudio de la Cristología, 30 (1991). 2 3 4 5
  2. L.F. Mateo-Seco. Notas introductorias al estudio de la Cristología, 32 (1991). 2
  3. Iglesias ortodoxas orientales, Edward G. Farrugia. Diccionario enciclopédico del Oriente cristiano, Iglesias ortodoxas orientales (2015). 2 3
  4. Lucas Francisco Mateo-Seco, Juan Luis Bastero. Boletín de Cristología, I, 5 (1985). 2
  5. Concilio de Calcedonia (a. D. 451) - Sesión XV - Canon 28, Documento conciliar. Concilio de Calcedonia (A. D. 451), Sesión XV. Canon 28 (451).
  6. Concilio de Calcedonia (a. D. 451) - Sesión XVI, Documento conciliar. Concilio de Calcedonia (A. D. 451), Sesión XVI (451).
  7. Iglesia griega, Enciclopedia Católica, Iglesia griega (1913).
  8. Iglesias no calcedonias, Edward G. Farrugia. Diccionario enciclopédico del Oriente cristiano, Iglesias no calcedonias (2015).
  9. Diálogo: iglesias ortodoxas orientales - Iglesia católica, Edward G. Farrugia. Diccionario enciclopédico del Oriente cristiano, Diálogo (2015). 2 3
  10. L.F. Mateo-Seco. Notas introductorias al estudio de la Cristología, 24 (1991).
Modificado el 20 de septiembre de 2026 • FideScore™ 9.84 • 174 visitas • Citar este artículo • Paq. Scorm (LMS) • Sugerir mejora • Compartir artículo • Imprimir artículo • Generar QR • Instalar aplicación • ark:28736/ghs11jm9b

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