El Concilio de Éfeso fue convocado por el Emperador Teodosio II para resolver disputas cristológicas que perturbaban la paz del imperio1. Los principales protagonistas de esta controversia fueron Nestorio, Arzobispo de Constantinopla desde el 428, y San Cirilo, Obispo de Alejandría desde el 4121.
La raíz del conflicto residía en la cuestión de cómo referirse a la Virgen María. Nestorio proponía el título Christotokos (Madre de Cristo) en lugar de Theotokos (Madre de Dios) o Anthropotokos (Madre de un hombre)1. Su preocupación era evitar una distorsión monofisita que pudiera menoscabar la plena humanidad de Cristo. Aunque su intención de salvaguardar la distinción de las naturalezas era válida, Nestorio se equivocó al oponerse a un desarrollo querigmático que llamaba a María Madre de Dios1. Este título, Theotokos, expresaba la creencia fundamental de que la persona nacida de María era verdaderamente el Hijo de Dios hecho carne2.
San Cirilo, por su parte, acusó a Nestorio de herejía ante el Papa San Celestino I3. El Papa, en un sínodo romano en el año 430, condenó a Nestorio y encargó a Cirilo que le notificara la condena y, si no se retractaba en diez días, que ejecutara la sentencia de excomunión y deposición3,1. Nestorio, sintiéndose calumniado y considerando a Cirilo un enemigo personal y un teólogo peligroso, logró que el Emperador Teodosio II convocara un concilio general para juzgar la disputa3. Las cartas de convocatoria fueron emitidas el 19 de noviembre de 430, antes de que llegaran los mensajeros de Cirilo3.

