El Primer Concilio de Letrán tuvo lugar en un periodo de intensa tensión entre el papado y el Sacro Imperio Romano Germánico, conocido como la Controversia de las Investiduras. Este conflicto, que se prolongó durante décadas, giraba en torno a la cuestión de quién tenía el derecho de nombrar y «investir» a los obispos y abades con los símbolos de su autoridad espiritual y temporal. Los emperadores reclamaban este derecho, mientras que la Iglesia defendía que la autoridad espiritual solo podía emanar de ella misma1.
La disputa alcanzó un punto de resolución con la firma del Concordato de Worms en septiembre de 11221,2. Este acuerdo, el primero de su tipo en la historia, representó un compromiso significativo: el emperador renunciaba al derecho de investir a los clérigos con el anillo y el báculo (símbolos de su autoridad espiritual), mientras que el Papa reconocía el derecho del emperador a presidir las elecciones episcopales y abaciales en Alemania y a investir a los prelados con un cetro (símbolo de sus propiedades y deberes temporales)3.
Para confirmar solemnemente este concordato y abordar otras cuestiones urgentes de la Iglesia, el Papa Calixto II convocó el concilio en diciembre de 11221. La invitación se extendió a todos los arzobispos y obispos del Occidente1.
