El Segundo Concilio de Letrán se celebró en un período de significativa turbulencia para la Iglesia. Tras el fallecimiento del Papa Honorio II en febrero de 1130, surgió un cisma con la elección de dos papas: Inocencio II, el papa legítimo, y Petrus Leonis, quien adoptó el nombre de Anacleto II1. Este cisma dividió a la Iglesia durante varios años. Inocencio II contó con el firme apoyo de figuras prominentes como San Bernardo de Claraval y San Norberto, quienes trabajaron incansablemente para asegurar su reconocimiento1.
La causa de Inocencio II progresó constantemente. En 1135, celebró un concilio en Pisa, que contribuyó a fortalecer su posición1. La muerte de Anacleto II en enero de 1138 fue un factor decisivo para la resolución del cisma1. Sin embargo, para erradicar los últimos vestigios de esta división y para abordar una serie de errores doctrinales y abusos disciplinarios que se habían infiltrado en el clero y el pueblo durante el cisma, el Papa Inocencio II decidió convocar un concilio ecuménico. Así, en abril de 1139, cerca de mil prelados de diversas naciones cristianas se congregaron en la Basílica de Letrán en Roma1.
