Desde el inicio de su pontificado, el Papa Inocencio III expresó su intención de convocar un concilio ecuménico. Finalmente, mediante una bula emitida el 19 de abril de 1213, hizo realidad este proyecto, fijando la asamblea para noviembre de 12151. El propósito del concilio, según lo estableció el propio Inocencio III, era «erradicar los vicios y plantar virtudes, corregir faltas y reformar las costumbres, eliminar herejías y fortalecer la fe, resolver discordias y establecer la paz, eliminar la opresión y fomentar la libertad, e inducir a los príncipes y al pueblo cristiano a acudir en ayuda y socorro de Tierra Santa»2.
La invitación se extendió a todos los obispos y abades de la Iglesia, así como a priores y, por primera vez, a capítulos de iglesias y órdenes religiosas (como los cistercienses, premonstratenses, hospitalarios y templarios). También fueron invitados los reyes y las autoridades civiles de toda Europa2. Se pidió explícitamente a los obispos que propusieran temas para la discusión en el concilio, una práctica que no había ocurrido en los concilios de Letrán anteriores2.
El concilio comenzó el 11 de noviembre de 1215 en la Basílica de Letrán y sus sesiones se extendieron hasta finales de mes1. La larga antelación de la convocatoria y el prestigio del Papa Inocencio III contribuyeron a una asistencia extraordinariamente numerosa1. Estuvieron presentes setenta y un patriarcas y metropolitanos, incluyendo los patriarcas de Constantinopla y Jerusalén, cuatrocientos doce obispos, y novecientos abades y priores1,3. Los patriarcas de Antioquía y Alejandría enviaron delegados1. También asistieron enviados del Emperador Federico II, del Emperador Latino de Constantinopla, y de los reyes de Francia, Inglaterra, Aragón, Hungría, Chipre y Jerusalén, entre otros príncipes1.
