El Concilio de Letrán V se convocó en un período de gran agitación para la Iglesia Católica. El Papa Julio II, conocido por su espíritu enérgico, había prometido convocar un concilio general tras su elección, pero el tiempo transcurrió sin que esta promesa se cumpliera1. Esto llevó a un grupo de cardenales insatisfechos, con el apoyo del Emperador Maximiliano y el Rey Luis XII de Francia, a convocar un concilio rival en Pisa en 15111. Este «conciliábulo» de Pisa fue una afrenta directa a la autoridad papal, ya que llegó a suspender al Papa Julio II1.
En respuesta a esta desafío, Julio II emitió la bula del 18 de julio de 1511, convocando un concilio mucho más numeroso que se reuniría el 19 de abril de 1512 en la Basílica de San Juan de Letrán1. La bula de convocatoria no solo era un documento canónico, sino también una refutación detallada de las razones aducidas por los cardenales rebeldes para su conciliábulo de Pisa1. El Papa Julio II defendió su deseo sincero de celebrar un concilio y su búsqueda de la paz entre los príncipes cristianos, al mismo tiempo que criticó la irregularidad de la conducta de los cardenales y la inadecuación de Pisa como lugar para una asamblea de tal importancia1.
El concilio se inauguró el 3 de mayo de 1512, con la presencia de quince cardenales, los Patriarcas Latinos de Alejandría y Antioquía, diez arzobispos, cincuenta y seis obispos, algunos abades y generales de órdenes religiosas, así como embajadores de varios reinos y ciudades1. Aunque convocado por Julio II, el concilio continuó bajo su sucesor, el Papa León X, y celebró su duodécima y última sesión el 16 de marzo de 15171.
