El Segundo Concilio de Orange tuvo lugar en un período de intensa controversia teológica en la Galia meridional, específicamente en la región de Marsella. Después del Concilio de Cartago en 418, que condenó el pelagianismo, surgió una doctrina intermedia conocida como semipelagianismo1. Esta enseñanza buscaba un compromiso entre las posturas extremas del pelagianismo (que enfatizaba la capacidad humana de iniciar la salvación sin gracia divina) y el agustinismo (que subrayaba la necesidad absoluta de la gracia preveniente)1.
Los semipelagianos, principalmente monjes del sur de la Galia, sostenían que el inicio de la fe (initium fidei) y el deseo de salvación podían provenir del libre albedrío humano sin la necesidad de la gracia divina previa. Creían que la gracia era necesaria para la perseverancia y para completar las buenas obras, pero no para el primer paso hacia la fe1. Esta postura fue vista por San Agustín y sus discípulos, como Próspero de Aquitania e Hilario, como una recaída en el pelagianismo ya condenado2.
San Cesáreo de Arlés, un discípulo de Lérins que había abrazado la doctrina agustiniana de la gracia, se convirtió en una figura central en la oposición al semipelagianismo en la Galia1,3. Enfrentó ataques por su enseñanza en un sínodo de Valence (528 o 529), pero pudo responder eficazmente1. Con el apoyo de la Sede Apostólica, Cesáreo convocó el Segundo Sínodo de Orange para abordar y condenar esta herejía1,2.
