La crisis arriana
El concilio tuvo lugar durante la prolongada crisis provocada por el arrianismo. Esta controversia discutía la relación entre el Padre y el Hijo: Arrio y sus seguidores rechazaban la plena igualdad divina del Hijo con el Padre, mientras que el Concilio de Nicea, celebrado en el año 325, había confesado que el Hijo es consustancial al Padre.
Aunque Nicea había condenado la doctrina de Arrio, la unidad eclesial no quedó restablecida. Diversos obispos orientales vinculados a Eusebio de Nicomedia promovieron nuevas fórmulas doctrinales y apoyaron deposiciones episcopales contra defensores del credo niceno. La controversia afectó también a la autoridad de los concilios locales, a la legitimidad de determinadas condenas y a la intervención del emperador en los asuntos eclesiásticos.
El caso de san Atanasio
La cuestión más urgente era la situación de san Atanasio de Alejandría, uno de los principales defensores de Nicea. Sus adversarios lo acusaron de diversos delitos y lograron su condena en asambleas orientales. Atanasio rechazó las acusaciones y buscó apoyo en Occidente, donde el papa Julio I examinó su caso y mantuvo la comunión con él después de recibir testimonios favorables de numerosos obispos.1
Junto con Atanasio, el concilio debía estudiar las causas de Marcelo de Ancira y Asclepas de Gaza, también condenados por obispos orientales. La convocatoria pretendía determinar si aquellas condenas habían respetado las normas eclesiásticas y si los obispos depuestos podían recuperar sus sedes.


