El Arrianismo en la Península Ibérica
Antes del Tercer Concilio de Toledo, el arrianismo había echado profundas raíces entre los visigodos, la clase dominante en la península ibérica1. Esta herejía, que negaba la consustancialidad del Hijo con el Padre, sostenía que el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo eran diferentes en sustancia2. Los visigodos, junto con otros pueblos bárbaros como los ostrogodos, alanos, suevos, vándalos y burgundios, habían adoptado el arrianismo, estableciéndolo en regiones como Francia, España, Portugal e Italia a finales del siglo V3. A pesar de que los reyes y la clase gobernante teutónica eran arrianos, la población española nativa era en gran parte católica4.
La conversión del rey Recaredo al catolicismo en 589 fue un punto de inflexión crucial4. San Leandro de Sevilla desempeñó un papel fundamental en esta conversión, ejerciendo una profunda y beneficiosa influencia sobre el monarca5.
Los Concilios de Toledo Anteriores y Posteriores
Los concilios de Toledo fueron una serie de sínodos eclesiásticos y nacionales celebrados en la ciudad de Toledo, España, que desempeñaron un papel vital en la configuración de la Iglesia y la sociedad visigoda. El Tercer Concilio (589) es el más célebre, pero hubo otros concilios de importancia:
Concilio de Toledo del año 4006: Este concilio formuló una regla de fe católica contra todas las herejías, especialmente el priscilianismo. En este credo, se afirmó la creencia en un solo Dios verdadero, Padre, Hijo y Espíritu Santo, creador de lo visible y lo invisible. Se estableció que el Padre es ingénito, el Hijo es engendrado, y el Paráclito (Espíritu Santo) procede del Padre (y del Hijo)6. Es importante notar que el Concilio de Braga (561) también abordó asuntos litúrgicos, imponiendo el ritual del Papa Vigilio en el reino de los suevos, lo que muestra una influencia temprana del rito romano en España7.
Concilios posteriores al Tercero:
Concilio de 597: Promulgó dos cánones relacionados con el estado episcopal y sacerdotal8.
Concilio de Gundemar (610): Afirmó explícitamente la jurisdicción metropolitana de los obispos de Toledo sobre toda la Provincia de Cartagena8.
Cuarto Concilio Nacional (633): Presidido por San Isidoro de Sevilla, fue uno de los más importantes de España, adoptando medidas significativas en asuntos canónicos y políticos. San Isidoro también tuvo un papel crucial en la erradicación del arrianismo y el fortalecimiento de la disciplina religiosa1. Este concilio reguló el rito que se conocía como mozárabe4.
Quinto (636) y Sexto (638) Concilios Nacionales: Abordaron prescripciones políticas, disciplinares, morales y políticas, respectivamente8.
Décimo Concilio Nacional (656): Sancionó cánones relativos a la vida monástica8.
Concilios del siglo XII al XVI: Después de la reconquista de Toledo en 1085, se celebraron al menos diez concilios provinciales, algunos de gran interés para la historia canónica de España. Por ejemplo, el concilio de 1323 prescribió una fórmula sobre artículos de fe, mandamientos y sacramentos, y el de 1582-83 promulgó leyes para la propagación de la religión y la reforma de usos aceptados8.

