La Iglesia visigoda en el siglo VII
El Concilio de Toledo VI formó parte de la amplia serie de concilios celebrados por la Iglesia hispánica durante la etapa visigoda. Estas asambleas trataron simultáneamente asuntos doctrinales, disciplinares, sociales y políticos, y contribuyeron a estructurar la vida de la Iglesia y del reino. La serie de concilios toledanos, desarrollada entre finales del siglo VI y comienzos del siglo VIII, constituye una de las experiencias conciliares más relevantes de una Iglesia particular en la historia del Occidente latino.2
El precedente inmediato fue el Concilio de Toledo V, celebrado en el año 636. Sus disposiciones tuvieron principalmente carácter político y estuvieron orientadas a la defensa del rey. El Concilio de Toledo VI amplió el campo de intervención conciliar al aprobar normas relacionadas con la disciplina eclesiástica, la moral y la organización política del reino.1
El peso de la monarquía
Durante el siglo VII, la monarquía visigoda ejerció una influencia considerable sobre la organización episcopal. La elección de los obispos fue convirtiéndose progresivamente en un asunto en el que intervenían el rey y los obispos, hasta alcanzar una estrecha relación entre la potestad regia y el metropolitano de Toledo.3
Esta estrecha relación entre Iglesia y monarquía ayuda a comprender el carácter mixto de los concilios toledanos. Los obispos deliberaban sobre cuestiones estrictamente eclesiales, pero también intervenían en materias relacionadas con el orden político y la estabilidad del reino. El Concilio de Toledo VI participó de esa tradición institucional.1,2

