La Iglesia hispano-visigoda del siglo VII
Tras la conversión del rey Recaredo y de buena parte de la aristocracia visigoda al catolicismo, los concilios de Toledo adquirieron una importancia excepcional. Entre finales del siglo VI y comienzos del siglo VIII, la Iglesia del reino visigodo celebró una serie de concilios nacionales, casi siempre en Toledo, que regularon la doctrina, la disciplina eclesiástica y diversas cuestiones relacionadas con el gobierno del reino.3
Los concilios toledanos reunían principalmente a obispos, aunque también acudían el rey y miembros de la nobleza. Las asambleas poseían, por tanto, una dimensión religiosa y otra política. La participación de los laicos no implicaba que estos intervinieran ordinariamente en las materias estrictamente doctrinales o disciplinares, reservadas a los obispos, pero las decisiones conciliares podían adquirir relevancia para la legislación y la vida pública del reino.4
El reinado de Chindasvinto
Chindasvinto ocupó el trono visigodo desde el año 642 hasta el 653. Su reinado estuvo marcado por una fuerte afirmación de la autoridad real y por la reorganización política del reino. En este marco, los concilios nacionales contribuyeron a articular la relación entre la monarquía, el episcopado y las instituciones del reino.
El Concilio de Toledo VII pertenece a la etapa en la que los monarcas visigodos convocaban las grandes asambleas episcopales para tratar asuntos religiosos y cuestiones relacionadas con la estabilidad del Estado. La tradición historiográfica lo sitúa durante el reinado de Chindasvinto y lo incluye dentro de la serie de concilios nacionales celebrados en Toledo.1,2

