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Cónclave de Trullo (Quinisexto)

El Concilio de Trullo, también llamado Concilio Quinisexto o Penthekte, fue un sínodo celebrado en Constantinopla entre los años 691 y 692, durante el reinado del emperador Justiniano II. Su finalidad consistió en completar la legislación disciplinar que habían dejado pendiente el II Concilio de Constantinopla (553) y el III Concilio de Constantinopla (680-681). La Iglesia católica reconoce la importancia histórica y jurídica de sus cánones, especialmente del canon 2, pero la tradición latina no lo considera un concilio ecuménico autónomo, mientras que la tradición oriental lo integra como complemento del quinto y del sexto concilios ecuménicos.1

Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombreCónclave de Trullo (Quinisexto)
CategoríaEvento
Nombre CompletoConcilio de Trullo (Quinisexto)
DescripciónSínodo que completó la legislación disciplinaria de los concilios II y III de Constantinopla, promulgando 102 cánones. 691-692
AutoridadEmperador Justiniano II
Contexto HistóricoImperio Bizantino bajo Justiniano II, tras la condena del monotelismo en el III Concilio de Constantinopla.
EstadoNo reconocido como concilio ecuménico autónomo por la tradición latina
Fecha de Fin692
Fecha de Inicio691
Impacto HistóricoSu codificación influenció el Código de Cánones de las Iglesias Orientales.
Importancia EclesialReconocido como concilio ecuménico por la Iglesia oriental, pero no por la Iglesia latina.
Importancia HistóricaEstableció bases del derecho canónico oriental y marcó tensiones entre Roma y Constantinopla.
TipoConcilio, Sínodo, Quinisexto, VII
Ubicación
  • Constantinopla
  • Sala Trullo del Palacio Imperial, Constantinopla

Tabla de contenido

Denominación

El nombre «en Trullo» procede de la sala abovedada del palacio imperial de Constantinopla donde tuvo lugar el sínodo. El término griego troullos significa «cúpula» o «sala abovedada». La misma estancia había acogido las sesiones del III Concilio de Constantinopla, celebrado entre 680 y 681. La elección del lugar pretendía presentar el nuevo sínodo como una continuación del concilio que había condenado el monotelismo.1

La denominación Quinisexto procede del griego Penthekte, traducido al latín como Quinisextum, expresión que significa «quinto-sexto». El sínodo recibió este nombre porque quiso completar la obra de los concilios segundo y tercero de Constantinopla, considerados respectivamente el quinto y el sexto concilio ecuménico. Aquellos concilios habían tratado principalmente cuestiones doctrinales y no habían promulgado una legislación disciplinar amplia.2

El término «cónclave» resulta históricamente impropio. La palabra designa, en sentido estricto, la reunión de los cardenales para elegir al papa. En el caso de Trullo, corresponde hablar de concilio, sínodo o asamblea episcopal.

Contexto histórico

La situación de la Iglesia bizantina

El Imperio romano de Oriente había atravesado prolongadas controversias cristológicas. El III Concilio de Constantinopla había condenado el monotelismo, doctrina que atribuía a Cristo una sola voluntad. Una vez resuelta la cuestión dogmática, Justiniano II quiso reforzar la disciplina eclesiástica y uniformar las costumbres religiosas dentro del Imperio bizantino.1

La asamblea pretendía reunir y ordenar la legislación canónica anterior. Sus promotores no la presentaron simplemente como un sínodo local, sino como una instancia destinada a legislar para la Iglesia universal. El discurso dirigido a Justiniano II calificó dos veces al sínodo como «santo y ecuménico», aunque el papa no había participado en sus sesiones.1

Convocatoria imperial

Justiniano II convocó el concilio en el palacio imperial de Constantinopla. La iniciativa dependió decisivamente de la autoridad del emperador, que ejercía una fuerte influencia sobre la organización eclesiástica del Oriente romano. La asamblea contó con obispos orientales y careció de una representación occidental equivalente. Una fuente antigua cifra la asistencia en unos 215 obispos, todos ellos orientales, aunque otras tradiciones transmiten cifras diferentes.2

Basilio de Gortina, en Creta, participó como obispo vinculado al patriarcado romano y utilizó el título de legado papal. Sin embargo, la documentación no demuestra que poseyera una autorización formal del papa para representar a la Sede Apostólica. Su presencia no convirtió la asamblea en un concilio universal reconocido por Roma.2

Desarrollo y composición

El Quinisexto reunió principalmente a obispos procedentes de las Iglesias orientales. La ausencia de una delegación romana con mandato para deliberar y aprobar los cánones constituyó una de las principales dificultades para su recepción en Occidente.

La Iglesia occidental no envió delegados oficiales al concilio, aunque el representante permanente de Roma en Constantinopla, el apocrisario, estaba presente en la ciudad. La historiografía católica ha distinguido entre la presencia de un representante diplomático y la participación de legados papales investidos de autoridad conciliar.3

Los legados papales no firmaron los cánones. La negativa romana a suscribirlos reflejó tanto problemas de procedimiento como discrepancias doctrinales y disciplinares. Justiniano II intentó posteriormente obtener la adhesión del papa mediante presiones diplomáticas y políticas.3

Los 102 cánones

El concilio promulgó 102 cánones disciplinares. Muchos de ellos recopilaron, confirmaron y sistematizaron normas anteriores procedentes de concilios, sínodos locales, cánones apostólicos y escritos de los Padres de la Iglesia. Por esta razón, el Quinisexto constituye una de las primeras grandes tentativas de codificación sistemática del derecho canónico oriental.1

El canon 2

El canon 2 posee una importancia singular. El canon confirmó una extensa relación de normas anteriores y las incorporó al ordenamiento disciplinar de la Iglesia oriental. La lista incluía:

  • Los cánones apostólicos.
  • Los cánones de concilios ecuménicos anteriores.
  • Las disposiciones de diversos sínodos locales.
  • Determinados textos disciplinares de los Padres.
  • Normas atribuidas a autoridades eclesiásticas antiguas.

La confirmación no creó todos esos cánones, pero les otorgó un marco común dentro de la legislación oriental. El conjunto de 102 cánones quedó así relacionado con un cuerpo mucho más amplio, cercano a 600 disposiciones.1

El canon 2 también confirmó la validez del Sínodo de Sárdica. La recepción posterior de esta norma tuvo importancia para la memoria jurídica de aquel sínodo y para la transmisión de sus cánones en Oriente.4

Disciplina del clero casado

Los cánones relativos al matrimonio y al celibato clerical provocaron una de las controversias más intensas con Roma.

El canon 6 prohibió que los sacerdotes y diáconos contrajeran matrimonio después de recibir la ordenación. El canon 12 exigió que los obispos abandonaran la convivencia marital y la práctica matrimonial después de la ordenación episcopal.3

El canon 13 permitió, en cambio, que los sacerdotes, diáconos y subdiáconos orientales continuasen viviendo con sus esposas y mantuviesen la vida matrimonial, salvo durante los períodos de servicio litúrgico y celebración de los santos misterios. Esta norma difería de la disciplina romana vigente, que exigía una continencia más amplia al clero ordenado.3

La divergencia no consistía en permitir el matrimonio después de la ordenación. Tanto la tradición oriental como la occidental prohibían contraer matrimonio tras la ordenación sagrada. La diferencia afectaba sobre todo al uso del matrimonio por parte de quienes habían recibido las órdenes sagradas antes de casarse.

El canon 48 reiteró la separación del obispo respecto de su esposa. El conjunto de estas disposiciones consolidó una disciplina propia de las Iglesias bizantinas, que posteriormente influyó en el derecho de las Iglesias católicas orientales.2

Liturgia, ayuno y costumbres

Otros cánones regularon los ayunos, las prácticas litúrgicas, la celebración de determinadas fiestas, la conducta del clero y la moral de los fieles. El concilio condenó costumbres que consideraba derivadas del paganismo o incompatibles con la moral cristiana. Sus disposiciones ofrecen información sobre la vida cotidiana, las prácticas festivas y los comportamientos religiosos del Imperio bizantino.1

La asamblea también legisló sobre la recepción de conversos procedentes de distintos grupos religiosos. El canon 95 distinguió varios grados de incorporación a la Iglesia. Cuando el bautismo anterior no había sido administrado en nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, el converso debía recibir el bautismo. En otros casos, la recepción podía incluir la unción con el santo crisma, según la valoración de la validez del bautismo y de la situación doctrinal de la comunidad de origen.5

El sínodo reguló además cuestiones relacionadas con las imágenes, las representaciones de Cristo y ciertas prácticas litúrgicas. Algunas normas pretendían proteger la singularidad de la fe cristiana frente a costumbres consideradas paganas o moralmente desordenadas.

Autoridad de Constantinopla

El canon 36 renovó disposiciones relativas a la dignidad de las sedes patriarcales. Reafirmó la posición de Constantinopla inmediatamente después de Roma y vinculó esa precedencia a la condición imperial de la ciudad. Roma rechazó el canon porque interpretaba la primacía eclesial desde una perspectiva distinta y no aceptaba que la dignidad de una sede dependiera de su rango político.6

La renovación de disposiciones asociadas a Constantinopla III y al Concilio de Calcedonia intensificó la percepción occidental de que el sínodo pretendía imponer prácticas y criterios propios de la Iglesia bizantina a toda la Iglesia.2

Conflicto diplomático con el papado

La negativa de Roma

El papa Sergio I rechazó la aprobación del Quinisexto. La oposición romana afectó especialmente a los cánones sobre el celibato clerical, el ayuno, las costumbres litúrgicas y la posición de Constantinopla. La Iglesia occidental tampoco aceptó la pretensión de presentar el sínodo como una continuación ecuménica automática de los concilios quinto y sexto.3

La negativa de los representantes papales a firmar los cánones impidió una recepción universal inmediata. El emperador Justiniano II interpretó la aprobación pontificia como necesaria para completar la autoridad del sínodo, pero intentó obtenerla mediante presión diplomática y política.1

Presiones de Justiniano II

Justiniano II procuró que los papas aceptasen los decretos. Después de la muerte del papa Sergio I, el emperador continuó su política con los sucesores de la Sede Apostólica. La presión alcanzó un punto culminante bajo el papa Constantino, a quien Justiniano ordenó trasladarse a Constantinopla en 709.6

El encuentro entre ambos ocurrió en Nicomedia. Justiniano recibió al papa con grandes honores y renovó los privilegios de la Iglesia romana. Las fuentes no conservan una relación completa de las conversaciones sobre el Quinisexto. La tradición histórica atribuye a Constantino una aceptación limitada: habría aprobado aquellos cánones que no contradecían la fe ni la moral, sin reconocer por ello la totalidad de las disposiciones contrarias a la práctica romana.6

Esta fórmula no equivalía a una aprobación plena del concilio. La práctica pontificia posterior mantuvo la distinción entre la consideración de determinados cánones y la aceptación del Quinisexto como concilio ecuménico universal.

Ecumenicidad y recepción católica

La tradición oriental

Las Iglesias orientales incorporaron el Quinisexto al patrimonio de los concilios ecuménicos del primer milenio. La tradición bizantina lo consideró el complemento disciplinar del quinto y del sexto concilios ecuménicos. Desde esta perspectiva, el Quinisexto no constituye necesariamente un concilio separado, sino la conclusión legislativa de dos concilios anteriores.1

El II Concilio de Nicea, celebrado en 787, habló de los cánones de los «seis santos y ecuménicos sínodos». Como el quinto y el sexto concilios no habían promulgado una legislación disciplinar comparable, la tradición oriental entendió que esta referencia incluía implícitamente los 102 cánones de Trullo.1

La tradición jurídica oriental integró el Quinisexto en sus colecciones canónicas y en los posteriores nomocánones, recopilaciones que combinaban normas eclesiásticas y legislación imperial. El concilio formó así una pieza fundamental del derecho canónico bizantino.7

La tradición latina

La tradición latina consideró el Quinisexto un sínodo particular oriental, no un concilio ecuménico autónomo. Roma nunca otorgó una aprobación plena a los 102 cánones. Los autores occidentales medievales expresaron con frecuencia una valoración crítica del sínodo, mientras que los papas aceptaron o citaron algunos cánones de manera selectiva.2

La diferencia entre validez jurídica de determinados cánones y ecumenicidad formal del sínodo resulta esencial. La Iglesia católica puede reconocer el valor normativo o histórico de disposiciones concretas sin afirmar que la asamblea, en su conjunto, haya recibido la autoridad propia de un concilio ecuménico celebrado con participación y aprobación pontificias.

La Iglesia católica actual no rechaza globalmente las normas trullanas. Concede especial importancia al canon 2 y reconoce la influencia del Quinisexto en la tradición canónica oriental. La Constitución apostólica Sacri canones, promulgada por Juan Pablo II al presentar el Código de cánones de las Iglesias orientales, citó expresamente el sínodo y su función codificadora.1

El Código de cánones de las Iglesias orientales utiliza ampliamente el Quinisexto como fuente de numerosas normas. Esta recepción no transforma retrospectivamente el sínodo en un concilio ecuménico latino, pero confirma su relevancia dentro del patrimonio jurídico de las Iglesias orientales católicas.1

Valor jurídico y doctrinal

El Quinisexto no definió una nueva doctrina cristológica comparable a la de Constantinopla III. Su principal contribución consistió en la regulación disciplinar, la recopilación de normas anteriores y la uniformización de las costumbres eclesiásticas del mundo bizantino.

La autoridad de sus cánones presenta distintos niveles:

  • Autoridad histórica: los cánones documentan la disciplina de una parte importante de la Iglesia oriental durante el siglo VII.
  • Autoridad canónica oriental: las Iglesias orientales los incorporaron a sus colecciones normativas.
  • Autoridad católica oriental: el derecho de las Iglesias católicas orientales los utiliza como fuente de numerosas disposiciones.
  • Ecumenicidad formal: la Iglesia latina no reconoce el sínodo como un concilio ecuménico independiente.
  • Recepción selectiva: Roma ha aceptado o considerado diversos cánones, especialmente los que confirman legislación anterior, sin aprobar aquellos incompatibles con la tradición latina.1

La controversia no puede reducirse a una oposición absoluta entre Oriente y Occidente. Muchos cánones no pretendían atacar directamente a Roma, sino uniformar las costumbres dentro del Imperio bizantino. Sin embargo, varias normas afectaban de hecho a prácticas latinas y fueron percibidas en Roma como una pretensión de imponer la disciplina constantinopolitana a toda la Iglesia.1

Importancia histórica

El Concilio de Trullo ocupa una posición singular en la historia de los concilios. La Iglesia oriental lo recibió como complemento de los concilios quinto y sexto, mientras que la Iglesia occidental distinguió cuidadosamente entre la autoridad de sus normas concretas y la ecumenicidad del sínodo.

Su legado permanece especialmente vivo en tres ámbitos:

  1. El derecho canónico oriental, que lo integró en sus colecciones normativas.
  2. La disciplina del clero casado, que contribuyó a consolidar la diferencia entre las prácticas bizantina y latina.
  3. La historia de las relaciones entre Roma y Constantinopla, porque mostró las tensiones existentes sobre la autoridad papal, la autonomía patriarcal y la uniformidad litúrgica.

La recepción posterior por el II Concilio de Nicea y por las Iglesias orientales otorgó al Quinisexto una autoridad duradera en Oriente. La reserva romana y la ausencia de una aprobación pontificia plena explican que la tradición latina lo haya tratado como un sínodo particular, aunque haya reconocido la importancia de numerosos cánones y su influencia en el derecho de las Iglesias orientales católicas.1

Conclusión

El Concilio de Trullo o Quinisexto fue una gran recopilación disciplinar de la Iglesia bizantina, convocada por Justiniano II para completar la obra legislativa de Constantinopla II y Constantinopla III. Sus 102 cánones ejercieron una influencia decisiva en el derecho canónico oriental, pero la ausencia de una delegación romana con autoridad para aprobarlos, la negativa de los legados papales a firmarlos y las divergencias sobre el celibato, el ayuno y la primacía de Constantinopla impidieron su reconocimiento como concilio ecuménico autónomo por la tradición latina. La Iglesia católica conserva, no obstante, una valoración diferenciada: reconoce la importancia de sus normas y de su canon 2, especialmente para la tradición jurídica de las Iglesias orientales.

Citas y referencias

  1. Trullo, concilio de, Edward G. Farrugia. Diccionario Enciclopédico del Oriente Cristiano, Trullo, Concilio de (2015). 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12 13 14 15
  2. Concilio de Trullo, Enciclopedia Católica, Concilio de Trullo (1913). 2 3 4 5 6
  3. A.M. Stickler. El celibato eclesiástico, su historia y sus fundamentos teológicos, 43 (1994). 2 3 4 5
  4. Sárdica, sínodo de, Edward G. Farrugia. Diccionario Enciclopédico del Oriente Cristiano, Sárdica, Sínodo de (2015).
  5. Cisma, Edward G. Farrugia. Diccionario Enciclopédico del Oriente Cristiano, Cisma (2015).
  6. Papa Constantino, Enciclopedia Católica, Papa Constantino (1913). 2 3
  7. Colecciones de Cánones Antiguos, Enciclopedia Católica, Colecciones de Cánones Antiguos (1913).
Modificado el 25 de agosto de 2026 • FideScore™ 9.00 • 62 visitas • Citar este artículo • Paq. Scorm (LMS) • Sugerir mejora • Compartir artículo • Imprimir artículo • Generar QR • Instalar aplicación • ark:28736/gbpmc5hc9

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