Antecedentes y convocatoria
Tras la falta de cánones disciplinarios en los Concilios de Constantinopla V (553) y VI (680‑681), el emperador Justiniano II decidió reunir a los obispos en la sala bajo una cúpula del palacio, conocida como trullo, para «actualizar la disciplina de la Iglesia»1. El sínodo contó con la participación de 215 obispos orientales, entre los que se incluía Basilio de Gortyna, quien se presentó como legado papal aunque su autoridad no estaba claramente establecida2.
Objetivos del concilio
El objetivo principal fue codificar y sistematizar los cánones anteriores (Canones de los Apóstoles, de los concilios ecuménicos, de sínodos locales) y añadir nuevas normas que respondieran a costumbres consideradas paganas o inmorales1. De esta forma se pretendía fortalecer la moral cristiana tanto del clero como de los fieles.
