Condena a la eutanasia y el suicidio asistido
La Iglesia católica condena de manera absoluta e incondicional la eutanasia y el suicidio asistido, considerándolos actos intrínsecamente malvados que atentan contra la dignidad inviolable de la vida humana, el señorío exclusivo de Dios sobre la vida y la muerte, y la ley moral natural. Esta posición, arraigada en la Escritura, la Tradición y el Magisterio, se ha reafirmado en documentos clave como Evangelium Vitae, el Catecismo de la Iglesia Católica y Samaritanus bonus, distinguiéndolos claramente de los cuidados paliativos legítimos. Frente a la expansión legislativa de estas prácticas, la Iglesia promueve una cultura de la vida que prioriza el acompañamiento integral al enfermo terminal, rechazando cualquier forma de complicidad o legalización.1,2,3
Tabla de contenido
Fundamentos teológicos y morales
La oposición de la Iglesia católica a la eutanasia y el suicidio asistido se basa en principios fundamentales de la fe cristiana, que subrayan la sacralidad de toda vida humana desde la concepción hasta la muerte natural.
Dignidad inviolable de la persona humana
La vida humana posee una dignidad infinita porque está creada a imagen y semejanza de Dios, y redimida por Cristo. Esta dignidad no depende de la edad, el estado de salud o la utilidad social, sino de su origen divino. Como afirma el Magisterio, «cada vida tiene el mismo valor y dignidad para todos: el respeto a la vida del otro es el mismo que se debe a la propia vida».2,4 Permitir la eutanasia equivaldría a negar esta igualdad radical, tratando al débil como desechable en una cultura del descarte.5
La eutanasia, definida como «una acción u omisión que de por sí o por intención causa la muerte, a fin de eliminar todo sufrimiento», viola esta dignidad al usurpar el dominio de Dios.2 Incluso en casos de sufrimiento extremo, la compasión verdadera implica compartir el dolor, no provocarlo ni acelerarlo.1
Señorío de Dios sobre la vida y la muerte
Dios es el único Señor de la vida: «Yo hago venir la muerte y la vida» (Dt 32,39). Ningún ser humano puede arrogarse el derecho de decidir cuándo termina una vida inocente.1,6 El suicidio asistido agrava esta usurpación al implicar a otro en el rechazo de la esperanza teologal y el pacto familiar humano.2 San Juan Pablo II lo equipara a un asesinato o suicidio, rechazando cualquier atenuante subjetivo que altere su maldad objetiva.1
El Catecismo de la Iglesia Católica lo expresa con claridad: «La eutanasia intencional, cualquiera que sea sus formas o sus motivos, es un homicidio. Es gravemente contraria a la dignidad de la persona humana y al respeto debido al Dios vivo, su Creador».3 Esta enseñanza se fundamenta en la ley natural, la Palabra de Dios y la Tradición apostólica.2
Enseñanza del Magisterio universal
El Magisterio ha condenado reiteradamente estas prácticas, evolucionando desde principios generales hasta pronunciamientos definitivos en respuesta a desafíos contemporáneos.
Documentos papales clave
En la encíclica Evangelium Vitae (1995), san Juan Pablo II dedica un capítulo entero a «No matarás», declarando el suicidio «moralmente tan objetable como el homicidio» y la eutanasia una «perversión de la misericordia». Rechaza la colaboración en el suicidio asistido como injustificable, incluso por piedad filial o profesional.1 En el n. 3, denuncia amenazas modernas como la eutanasia junto al aborto, y en el 81 proclama el Evangelio de la vida como sagrada e inviolable.7,8
Papa Francisco ha reforzado esta doctrina, criticando la erosión cultural que valora la vida por su eficiencia y alerta contra leyes que legitiman el suicidio asistido, convirtiendo a sus promotores en cómplices de pecado grave.2,9
Catecismo de la Iglesia Católica
Los numerales 2276-2279 del Catecismo distinguen la eutanasia directa (inaceptable) de la renuncia a tratamientos desproporcionados (legítima). «Poner fin a la vida de personas discapacitadas, enfermas o moribundas es un homicidio moralmente inaceptable», independientemente de motivos o medios.10 El n. 2258 afirma que «la vida humana es sagrada porque desde su comienzo implica la acción creadora de Dios».6 El 2324 lo califica explícitamente de asesinato.3
Documentos recientes de la Congregación para la Doctrina de la Faith
La carta Samaritanus bonus (2020) del CDF reafirma que la eutanasia es «un acto intrínsecamente malo en toda situación o circunstancia», un crimen contra la vida inocente basado en la ley natural y el Magisterio ordinario.2,5 Advierte contra protocolos como DNR abusados en perspectiva eutanasia, y condena la complicidad formal o material.2
En Dignitas Infinita (2024), el CDF insiste: «No hay circunstancias en las que la vida humana deje de ser digna y pueda ser terminada». Prioriza cuidados paliativos y acompañamiento, rechazando facilitar el suicidio como ofensa objetiva a la dignidad.4
La Declaración del V Plenario de la Pontificia Academia para la Vida (1999) rechaza «cualquier tipo de eutanasia» y pide evitar el abandono terapéutico por motivos económicos.11
Distinción con los cuidados paliativos y el final de la vida
La Iglesia distingue netamente la eutanasia de los cuidados paliativos, que alivian el sufrimiento sin intención de matar. Sedar al paciente para mitigar dolor, incluso acelerando indirectamente la muerte, es moral si no se busca la muerte.12 Protocolos como POLST deben usarse con cautela para no derivar en abandono.2
El USCCB en Forming Consciences for Faithful Citizenship (2023) promueve atención sanitaria universal y paliativos compasivos, reconociendo el final de la vida como momento sagrado.13,14 La Santa Sede, en intervenciones ONU (2023), denuncia cómo la falta de apoyo lleva al desespero, opuesto al verdadero acompañamiento.15
Posición ante la legislación y la sociedad
Legalizar la eutanasia degrada el orden jurídico, ya que el derecho a la vida sustenta todos los demás.2,13 La Iglesia llama a oponer leyes injustas, apoyando políticas pro-vida como adopción, salud materna y paliativos.13 En países donde se expande, como Bélgica, el CDF ha intervenido directamente contra protocolos eutanásicos en hospitales católicos.9
Esta condena no ignora el sufrimiento: propone solidaridad cristiana, espiritualidad del sufrimiento unido a Cristo y esperanza en la vida eterna.8,12
Testimonios y aplicaciones prácticas
Ejemplos contemporáneos ilustran la enseñanza: el rechazo de la eutanasia en hospitales católicos pese a presiones legales, o el testimonio de enfermos terminales acompañados hasta la muerte natural. La Iglesia exhorta a profesionales sanitarios a «servir la vida hasta el final», sin participar en prácticas eutanasias.2
En ética pastoral, se acompaña al desesperado sin validar su petición, ofreciendo sacramentos y apoyo psicológico-espiritual.12,4
Conclusión
La condena católica a la eutanasia y el suicidio asistido es un sí rotundo a la vida, invitando a construir sociedades de auténtica fraternidad. Frente a la tentación edénica de ser como dioses (Gn 3,5), la Iglesia proclama: Dios solo decide la muerte. Promovamos paliativos, rechazo legal y acompañamiento, para que todo ser humano muera en dignidad, abierto a la misericordia eterna.1,8,4
Citas
Capítulo III - No matarás - La santa ley de Dios - «Yo soy quien trae tanto la muerte como la vida» (Dt 32:39): La tragedia de la eutanasia, Papa Juan Pablo II. Evangelium Vitae, § 66 (1995). ↩ ↩2 ↩3 ↩4 ↩5 ↩6
V. La enseñanza del magisterio, Congregación para la Doctrina de la Fe. Carta Samaritanus bonus sobre el cuidado de las personas en fases críticas y terminales de la vida (14 de julio de 2020), § V.1 (2020). ↩ ↩2 ↩3 ↩4 ↩5 ↩6 ↩7 ↩8 ↩9 ↩10 ↩11
Sección dos los diez mandamientos, Catecismo de la Iglesia Católica, § 2324 (1992). ↩ ↩2 ↩3
B4. Algunas graves violaciones a la dignidad humana - Eutanasia y suicidio asistido, Congregación para la Doctrina de la Fe. Declaración «Dignitas Infinita» sobre la dignidad humana, § 52 (2024). ↩ ↩2 ↩3 ↩4
V. La enseñanza del magisterio - 1. La prohibición de la eutanasia y el suicidio asistido, Congregación para la Doctrina de la Fe. Samaritanus bonus, § V.1. (2020). ↩ ↩2
Sección dos los diez mandamientos, Catecismo de la Iglesia Católica, § 2258 (1992). ↩ ↩2
Introducción - Nuevas amenazas a la vida humana, Papa Juan Pablo II. Evangelium Vitae, § 3 (1995). ↩
Capítulo IV - Lo hiciste a mí - Por una nueva cultura de la vida humana - «lo que hemos visto y oído lo proclamamos también a vosotros» (1 Jn 1:3): Proclamar el evangelio de la vida, Papa Juan Pablo II. Evangelium Vitae, § 81 (1995). ↩ ↩2 ↩3
Congregación para la Doctrina de la Fe. Carta al Superior General de la Congregación de los Hermanos de la Caridad, respecto al acompañamiento de pacientes en hospitales psiquiátricos de la rama belga de la Congregación (30 de marzo de 2020) (2020). ↩ ↩2
Sección dos los diez mandamientos, Catecismo de la Iglesia Católica, § 2277 (1992). ↩
Academia Pontificia para la Vida. V Asamblea Plenaria 1999, Documento concluyente, § 6 (1999). ↩
La frontera infranqueable, Andrzej Kucinski. Sobre la grandeza del hombre: Sobre el mensaje moral‑teológico de un documento reciente de la Congregación para la Doctrina de la Fe, Samaritanus Bonus, § 13 (2022). ↩ ↩2 ↩3
Aplicando la enseñanza católica a los grandes temas: Resumen de las posiciones de política de la Conferencia de Obispos Católicos de los Estados Unidos, United States Conference of Catholic Bishops. Formando conciencias para una ciudadanía fiel, §parte II (2023). ↩ ↩2 ↩3
Aplicando la enseñanza católica a los grandes temas: Resumen de las posiciones de política de la Conferencia de Obispos Católicos de los Estados Unidos, United States Conference of Catholic Bishops. Formando conciencias para una ciudadanía fiel, §PARTE II (2023). ↩
La 13ª sesión del grupo de trabajo abierto sobre envejecimiento - Punto del orden del día 5 – medidas para mejorar la promoción y protección de los derechos humanos y la dignidad de las personas mayores, S. E. Arzobispo Gabriele Caccia. Declaración de la Santa Sede en la 13ª sesión del Grupo de Trabajo Abierto sobre Envejecimiento (3 de abril de 2023) (2023). ↩
