La Conferencia de Aparecida ocurrió en continuidad con las cuatro conferencias generales anteriores del episcopado latinoamericano y caribeño. Su finalidad consistió en impulsar una nueva etapa evangelizadora capaz de responder a los cambios culturales, sociales y religiosos que afectaban a América Latina y el Caribe.3
La Iglesia afrontaba entonces diversos desafíos: la globalización, el secularismo, la pobreza, las migraciones, la violencia, el narcotráfico, el deterioro ecológico y la transformación de las costumbres mediante los medios de comunicación. También preocupaban el debilitamiento de la pertenencia eclesial, el indiferentismo religioso y la expansión de nuevos movimientos religiosos.3,2
Ante esta situación, la Conferencia propuso una renovación de la vida cristiana desde su fundamento: el encuentro con Jesucristo. La evangelización no debía reducirse a conservar prácticas religiosas, sino suscitar discípulos capaces de vivir la fe con alegría, coherencia y responsabilidad misionera.4,2

