Evangelización y promoción humana
Puebla entendió la evangelización como el anuncio de Jesucristo que transforma integralmente a la persona. La acción evangelizadora debía conducir al ser humano a vivir como hijo de Dios, liberarlo de las injusticias y promover su desarrollo integral.
Esta visión vinculó estrechamente la evangelización con la Doctrina Social de la Iglesia. La conducta social forma parte del seguimiento de Cristo, porque la dignidad humana procede de que cada persona ha sido creada a imagen de Dios.
Opción preferencial por los pobres
Uno de los rasgos más conocidos de Puebla fue la reafirmación de la opción preferencial por los pobres. La Iglesia debía prestar una atención prioritaria a quienes sufrían pobreza, marginación, explotación o falta de reconocimiento de sus derechos.
Esta opción no excluía a ningún grupo de la misión evangelizadora. Expresaba la predilección pastoral por los pobres dentro de la misión universal de la Iglesia. La predicación, la catequesis, la liturgia, la educación, la pastoral familiar y la religiosidad popular debían incorporar una preocupación concreta por su dignidad y sus necesidades.
Puebla relacionó esta opción con la responsabilidad social de quienes poseen bienes. La propiedad privada, aunque reconocida por la tradición cristiana, comporta una hipoteca social, porque los bienes deben orientarse también al bien de los demás y a la satisfacción de las necesidades de los más vulnerables.
Derechos humanos y libertades
La conferencia denunció el desconocimiento de los derechos humanos y de las libertades presente en diversos países latinoamericanos. Juan Pablo II valoró esta crítica como una de las aportaciones significativas de Puebla.
La defensa de los derechos humanos no aparecía como una opción política partidista, sino como una consecuencia de la dignidad de la persona humana y de la misión evangelizadora de la Iglesia. Puebla vinculó la acción social de los cristianos con la defensa de la vida, la libertad, la justicia y la participación responsable en la sociedad.
Liberación cristiana
La Conferencia de Puebla dedicó una atención especial al concepto de liberación. Juan Pablo II pidió distinguir entre una liberación cristiana, integral y arraigada en el Evangelio, y aquellas interpretaciones que subordinaban la fe a ideologías políticas.
La liberación cristiana incluye la liberación del pecado y del mal, junto con la transformación de las condiciones injustas que lesionan la dignidad humana. No puede reducirse a dimensiones económicas, políticas, sociales o culturales aisladas.
Puebla rechazó el recurso a la violencia y a la lucha de clases como métodos propios de la acción cristiana. También advirtió contra una interpretación marxista que pudiera convertir la existencia cristiana en una realidad completamente politizada, sustituir el lenguaje de la fe por categorías sociológicas y vaciar la dimensión trascendente de la salvación.
Comunidades eclesiales de base
Las comunidades eclesiales de base constituyeron una de las experiencias pastorales más originales de la Iglesia latinoamericana. Estas pequeñas comunidades buscaban reunir a los cristianos para escuchar la Palabra de Dios, celebrar la fe, fortalecer la fraternidad y responder a las necesidades del entorno.
Puebla reconoció su vitalidad, pero también advirtió contra su manipulación política y contra la ruptura de la comunión con los obispos. Juan Pablo II pidió promoverlas, orientarlas y acompañarlas conforme al espíritu de Medellín y a los criterios de Evangelii nuntiandi.
La conferencia también observó el riesgo de la radicalización ideológica. Por ello, las comunidades debían conservar su identidad eclesial, su unión con los pastores y su finalidad evangelizadora.
Evangelización de la cultura
Puebla concedió un lugar central a la evangelización de la cultura. La Iglesia latinoamericana debía anunciar el Evangelio dentro de las culturas concretas de sus pueblos, respetando sus valores, purificando sus elementos incompatibles con la fe y promoviendo una inculturación auténtica.
Juan Pablo II valoró especialmente los capítulos dedicados a la cultura y a la piedad popular. Consideró que Puebla había proporcionado fundamentos sólidos para continuar la reflexión sobre la relación entre fe cristiana, cultura latinoamericana y misión evangelizadora.
Religiosidad popular
La religiosidad popular recibió una valoración positiva como expresión de la fe de los pueblos latinoamericanos. Peregrinaciones, devociones, fiestas, imágenes, promesas y otras manifestaciones religiosas formaban parte de la experiencia concreta de amplios sectores de la población.
Puebla no propuso abandonar estas expresiones, sino evangelizarlas y purificarlas cuando fuera necesario. La pastoral debía respetar su sentido de lo sagrado y evitar tanto el desprecio elitista como la instrumentalización política de la liturgia y de las devociones.
Familia, juventud y vocaciones
Puebla impulsó una pastoral de conjunto y otorgó prioridad a la pastoral familiar, juvenil y vocacional. Juan Pablo II afirmó que estas prioridades conservaban toda su vigencia y urgencia después de la conferencia.
La familia cristiana debía convertirse en una verdadera Iglesia doméstica, fundada en el sacramento del matrimonio y llamada a construir la civilización del amor. La pastoral familiar debía proteger la estabilidad del hogar, transmitir la fe y defender la dignidad de sus miembros.
La juventud aparecía como una esperanza para la Iglesia y para América Latina. Puebla invitó a ofrecer a los jóvenes el Evangelio íntegro y a proponerles ideales capaces de orientar su vida hacia Dios, el servicio y la fraternidad.
La pastoral vocacional debía favorecer las vocaciones al sacerdocio y a la vida consagrada, junto con una sólida formación espiritual, académica y pastoral. La madurez de las comunidades cristianas debía manifestarse también en el florecimiento de los ministerios confiados a los laicos.