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Conferencia de Santo Domingo (CELAM)

La Conferencia de Santo Domingo fue la IV Conferencia General del Episcopado Latinoamericano, celebrada en Santo Domingo en octubre de 1992 e inaugurada por el papa Juan Pablo II el 12 de octubre. Su tema central fue «Nueva Evangelización, Promoción humana, Cultura cristiana. Jesucristo ayer, hoy y siempre», para orientar la misión de la Iglesia en América Latina ante los cambios sociales, culturales y religiosos de finales del siglo XX.1,2

CELAM (logo 2023)
Ver información de la imagenLogotipo del CELAM (Consejo Episcopal Latinoamericano), versión de 2023. , c. 2023. https://celam.org/, CELAM, Dominio Público. 📄
Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombreConferencia de Santo Domingo (CELAM)
CategoríaEvento
DescripciónIV Conferencia General del Episcopado Latinoamericano celebrada en Santo Domingo en octubre de 1992. Octubre de 1992
Contexto HistóricoV Centenario de la evangelización de América
Eventos RelacionadosConferencia de Río de Janeiro, Conferencia de Medellín, Conferencia de Puebla
Fecha de Inicio12 de octubre de 1992
Importancia EclesialOrientó la misión de la Iglesia en América Latina ante los cambios sociales, culturales y religiosos de finales del siglo XX.
Institución por CristoConsejo Episcopal Latinoamericano (CELAM)
OrganizadorPapa Juan Pablo II, obispos latinoamericanos, Curia Romana
Personas relacionadasConsejo Episcopal Latinoamericano (CELAM)
TemaNueva Evangelización, Promoción humana, Cultura cristiana. Jesucristo ayer, hoy y siempre
TipoSínodo
UbicaciónSanto Domingo

Tabla de contenido

Contexto histórico y eclesial

La Conferencia ocurrió en el V Centenario de la evangelización de América. La conmemoración impulsó una reflexión sobre el pasado, el presente y el futuro de la Iglesia latinoamericana, no desde el triunfalismo, sino desde la acción de gracias, la penitencia y la responsabilidad evangelizadora. La Santa Sede presentó aquel aniversario como una ocasión para renovar la misión de la Iglesia en todos los países y sectores de la sociedad.3

Santo Domingo continuó el camino iniciado por las conferencias episcopales de Río de Janeiro-1955-, Medellín-1968- y Puebla-1979-. Juan Pablo II recordó que aquellas asambleas habían reunido a los obispos latinoamericanos en torno a Jesucristo y que la nueva conferencia debía afrontar las transformaciones de la época con fidelidad a la identidad católica.4,5

La preparación contó con la participación de las conferencias episcopales nacionales y con la ayuda del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM). El objetivo consistía en profundizar las orientaciones de Medellín y Puebla y promover una evangelización capaz de penetrar en el corazón de las personas y en las culturas de los pueblos.6

Convocatoria y celebración

Inauguración

Juan Pablo II inauguró la IV Conferencia General el 12 de octubre de 1992, en Santo Domingo. La fecha coincidía con el quinto centenario de la llegada del mensaje cristiano al continente americano. El Papa presentó la asamblea como un acontecimiento de gracia y de responsabilidad para la Iglesia de América y para la Iglesia universal.2,4

La asamblea reunió a representantes del episcopado latinoamericano y de la Curia Romana para estudiar y planificar la misión evangelizadora de la Iglesia ante las nuevas circunstancias sociales, culturales y religiosas.7

Continuidad del magisterio latinoamericano

Santo Domingo no pretendió comenzar desde cero. La conferencia recibió la herencia pastoral de las asambleas anteriores:

  • Río de Janeiro, que impulsó la organización continental de la acción episcopal.
  • Medellín, que aplicó las enseñanzas del Concilio Vaticano II a la realidad latinoamericana.
  • Puebla, que profundizó la evangelización, la opción por los pobres y la identidad eclesial del continente.

La Conferencia de Santo Domingo asumió ese recorrido y lo proyectó hacia el tercer milenio cristiano, con especial atención a la nueva evangelización, la promoción humana y la cultura.4,5,6

Tema central

El lema de la Conferencia fue:

«Nueva Evangelización, Promoción humana, Cultura cristiana. Jesucristo ayer, hoy y siempre».1,3

El lema vinculaba tres dimensiones inseparables de la misión de la Iglesia:

  1. El anuncio renovado de Jesucristo.
  2. La defensa y promoción de la dignidad humana.
  3. La evangelización de las culturas desde el Evangelio.

La persona de Jesucristo ocupaba el centro de la Conferencia. Juan Pablo II presentó a Cristo como el principio y la plenitud de la evangelización, y recordó que la Iglesia no puede anunciar un mensaje cristiano separado del nombre, la vida, la doctrina y el misterio de Jesús de Nazaret.3,4

La nueva evangelización

Significado

La expresión nueva evangelización no designaba un Evangelio distinto. Juan Pablo II explicó que Jesucristo permanece «el mismo ayer, hoy y siempre» y que la novedad debía encontrarse en la respuesta pastoral ante las nuevas situaciones, necesidades y desafíos de los pueblos.5

La nueva evangelización exigía una Iglesia renovada interiormente, fiel a su identidad católica y capaz de leer los signos de los tiempos. El Papa la vinculó con la conversión, la renovación de las personas y de las estructuras eclesiales y un testimonio cristiano más vivo.4

Desafíos pastorales

La Iglesia latinoamericana afrontaba entonces diversos retos:

  • La secularización creciente.
  • La expansión de las sectas.
  • La difusión de una cultura contraria a la vida.
  • La urbanización acelerada.
  • Las migraciones.
  • La pobreza y la marginación.
  • Las situaciones de injusticia social.
  • La necesidad de evangelizar los nuevos ambientes culturales.

Estos fenómenos podían favorecer la indiferencia religiosa, incluso en un continente caracterizado por una fuerte religiosidad popular.1,8

La nueva evangelización reclamaba, por tanto, un plan pastoral global que respondiera a las circunstancias concretas de América Latina sin alterar el contenido esencial de la fe católica.1,3

Promoción humana

La Conferencia comprendió la promoción humana como una dimensión propia de la evangelización. La doctrina social de la Iglesia no aparecía como un elemento externo al anuncio cristiano, sino como un instrumento de evangelización porque anuncia a Dios y revela la dignidad y la vocación de la persona humana.8

Atención a los pobres

La situación social latinoamericana presentaba amplios sectores de población en pobreza y marginación. La respuesta pastoral debía inspirarse en la figura del buen samaritano, mediante una caridad capaz de traducirse en defensa de la justicia y solidaridad efectiva.9

La acción evangelizadora debía prestar particular atención a:

  • Los pobres.
  • Los indígenas.
  • Los afroamericanos.
  • Los habitantes marginados de las grandes ciudades.
  • Las poblaciones rurales y aisladas.
  • Las personas afectadas por la exclusión social.

La promoción humana no sustituía el anuncio de Jesucristo, pero tampoco podía separarse de él. La fe cristiana debía manifestarse en la defensa de la vida, la justicia, la paz y la dignidad de toda persona.3,8

Pueblos indígenas y afroamericanos

La pastoral indígena ocupó un lugar relevante dentro de las preocupaciones de la Iglesia latinoamericana. La evangelización debía respetar la dignidad de los pueblos originarios, formar agentes pastorales procedentes de sus propias comunidades y fomentar vocaciones indígenas para el sacerdocio y la vida consagrada.9

También la situación de los afroamericanos reclamaba una atención pastoral específica, especialmente en contextos de pobreza, marginación y discriminación. La acción evangelizadora debía integrar la defensa de la dignidad humana con el reconocimiento de la diversidad cultural del continente.8

Cultura cristiana e inculturación

Evangelización de las culturas

La Conferencia propuso una evangelización de la cultura que no consistiera en añadir un barniz religioso superficial a la vida social. La fe debía penetrar en profundidad en las mentalidades, las costumbres, las instituciones y las relaciones humanas.8

La cultura cristiana debía inspirarse en Cristo y en su Evangelio, teniendo como punto de partida la persona humana y su relación con los demás y con Dios. La Iglesia debía afrontar los ambientes del saber, del trabajo, de la familia, de la juventud, de las ciudades y de los grupos étnicos.7,8

Inculturación del Evangelio

La inculturación consiste en la inserción del Evangelio en las culturas concretas, de modo que la fe pueda expresarse en ellas sin perder su contenido esencial. Juan Pablo II la presentó como una exigencia permanente de la misión de la Iglesia y como una tarea particularmente urgente en el mundo contemporáneo.8

La evangelización debía dialogar con las culturas latinoamericanas, purificar cuanto resultara incompatible con el Evangelio y valorar las semillas de verdad, bondad y belleza presentes en ellas. Este proceso exigía fidelidad simultánea a la fe católica y respeto por la dignidad de los pueblos.

La Iglesia ante el tercer milenio

Santo Domingo miró hacia el tercer milenio del cristianismo. La Iglesia latinoamericana debía renovarse en sus personas y estructuras, profundizar su identidad católica y ofrecer al mundo un rostro auténticamente evangélico.2

La renovación no podía reducirse a cambios organizativos. Juan Pablo II la vinculó con la conversión personal, la fidelidad a Jesucristo y la capacidad de la Iglesia para servir a los pueblos mediante la promoción integral de hombres y mujeres.4

La Conferencia también abrió el camino hacia una cooperación más estrecha entre las Iglesias particulares de América. Esta perspectiva encontraría posteriormente una expresión continental en la Asamblea Especial para América del Sínodo de los Obispos, celebrada en el Vaticano en 1997.10

Papel del CELAM

El Consejo Episcopal Latinoamericano desempeñó una función de coordinación y servicio en la preparación y aplicación de la Conferencia. Sus estatutos lo describen como organismo de contacto, reflexión, colaboración y servicio para las conferencias episcopales de América Latina.2

El CELAM debía ayudar a traducir las orientaciones de Santo Domingo en programas pastorales concretos y favorecer la cooperación entre las Iglesias del continente. La aplicación de las conclusiones correspondía principalmente a cada obispo diocesano, a las conferencias episcopales y a las comunidades cristianas, con el acompañamiento de los demás miembros del Pueblo de Dios.2

Recepción y aplicación pastoral

Las conclusiones de Santo Domingo ofrecieron líneas pastorales para la evangelización latinoamericana en los años inmediatamente anteriores al año 2000. Juan Pablo II recomendó estudiarlas, aplicarlas con discernimiento y actualizarlas de acuerdo con las nuevas circunstancias.2

La Conferencia no pretendió resolver exhaustivamente todos los problemas pastorales del continente. Su aportación consistió en establecer prioridades y criterios de acción que cada Iglesia particular debía concretar según su propia realidad. La pastoral debía mantener unidos el anuncio de Cristo, la promoción de la dignidad humana y la evangelización de las culturas.2,8

Importancia eclesial

La Conferencia de Santo Domingo ocupa un lugar relevante en la historia reciente de la Iglesia latinoamericana por varias razones:

  • Situó a Jesucristo en el centro de toda renovación evangelizadora.
  • Dio una formulación continental a la nueva evangelización.
  • Vinculó estrechamente evangelización y promoción humana.
  • Impulsó la evangelización de las culturas y la inculturación del Evangelio.
  • Revalorizó la religiosidad popular.
  • Reclamó una atención especial a pobres, indígenas, afroamericanos y marginados.
  • Preparó a la Iglesia latinoamericana para los desafíos del tercer milenio.
  • Fortaleció la cooperación pastoral entre las conferencias episcopales mediante el CELAM.

La asamblea interpretó la celebración del V Centenario como una llamada a la acción de gracias, a la conversión y a un nuevo impulso misionero. Su mensaje fundamental puede resumirse en la convicción de que la renovación de la Iglesia y la transformación cristiana de la sociedad nacen del encuentro con Jesucristo, presente en la historia y fundamento de toda evangelización.2,4,5

Citas y referencias

  1. P. Poupard. Para la superación de la indiferencia religiosa, 2 (1992). 2 3 4
  2. Papa Juan Pablo II. A la tercera Asamblea Plenaria de la Pontificia Comisión para América Latina (15 de octubre de 1993) - Discurso, 1 (1993). 2 3 4 5 6 7 8
  3. Santa Sede. Acta Apostolicae Sedis: Fascículo 4, abril, 1992, 29 (1992). 2 3 4 5
  4. Papa Juan Pablo II. Discurso inaugural con ocasión de la IV Conferencia General del Episcopado Latinoamericano (12 de octubre de 1992) - Discurso, 1 (1992). 2 3 4 5 6 7
  5. Papa Juan Pablo II. Audiencia general del 21 de octubre de 1992, 4 (1992). 2 3 4
  6. Santa Sede. Acta Apostolicae Sedis: Fascículo 1, enero, 1991, 22 (1991). 2
  7. Santa Sede. Acta Apostolicae Sedis: Fascículo 8, agosto, 1990, 12 (1990). 2
  8. Santa Sede. Acta Apostolicae Sedis: Fascículo 4, abril, 1992, 30 (1992). 2 3 4 5 6 7 8
  9. Santa Sede. Acta Apostolicae Sedis: Fascículo 3, marzo, 1995, 31 (1995). 2 3 4
  10. Introducción - Cómo surgió la asamblea del sínodo, Papa Juan Pablo II. Ecclesia in America, 2 (1999).
Modificado el 20 de septiembre de 2026 • FideScore™ 8.71Citar este artículoPaq. Scorm (LMS)Sugerir mejoraCompartir artículoImprimir artículoGenerar QRInstalar aplicaciónark:28736/2fpzzfzbx

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