Antecedentes
La colaboración estable entre obispos de un mismo país existía antes de la formulación doctrinal del Concilio Vaticano II. Los obispos recurrían a reuniones, asambleas y acuerdos comunes para afrontar problemas pastorales, disciplinarios y sociales que superaban el ámbito de una sola diócesis. Las conferencias episcopales adquirieron una presencia institucional cada vez mayor antes de que el Concilio precisara plenamente su fundamento teológico y jurídico.
Este desarrollo respondió a la creciente complejidad de la vida social y política contemporánea. La industrialización, la expansión de los medios de comunicación, la movilidad de la población y la consolidación de los Estados modernos exigían respuestas pastorales coordinadas.
Fundación y consolidación
La CEE nació en el contexto de renovación eclesial que acompañó al Concilio Vaticano II. Su constitución permitió a los obispos españoles abordar de forma común los desafíos pastorales del país y establecer organismos especializados para la evangelización, la educación, la acción social y la comunicación.
La nueva institución coincidió con una etapa de profundos cambios en España. Durante los últimos años del régimen de Francisco Franco, la Iglesia comenzó a revisar algunas formas de presencia pública heredadas de épocas anteriores. La transformación social, el crecimiento urbano, la secularización cultural y las nuevas demandas de participación política impulsaron una renovación de la acción pastoral.
La transición democrática iniciada tras la muerte de Franco en 1975 modificó el marco jurídico y social de las relaciones entre la Iglesia y el Estado. La CEE tuvo que afrontar cuestiones como la libertad religiosa, la educación, la financiación de la Iglesia, la presencia pública de los católicos y la defensa de la dignidad humana en una sociedad plural.
Pablo VI animó a los obispos españoles a vivir una intensa comunión entre ellos, con el papa y con Cristo, y les exhortó a renovar la misión evangelizadora de la Iglesia para responder a las exigencias de la sociedad contemporánea.
La etapa democrática
Durante la democracia, la CEE desarrolló una presencia pública más diferenciada de las opciones partidistas. Sus documentos y declaraciones han tratado cuestiones relacionadas con la vida humana, la familia, la pobreza, el trabajo, la inmigración, la libertad religiosa, la educación, la paz y la participación ciudadana.
La conferencia también ha acompañado la vida de las diócesis en un periodo de descenso de la práctica religiosa, disminución de las vocaciones sacerdotales, envejecimiento del clero y transformación de las formas tradicionales de pertenencia eclesial. Al mismo tiempo, ha impulsado nuevas iniciativas de evangelización, voluntariado, pastoral juvenil, formación laical y atención a las personas vulnerables.
Juan Pablo II mantuvo una relación estrecha con la Iglesia en España. En 1982 presentó su encuentro con la Asamblea Plenaria de la CEE como una expresión de la comunión entre el sucesor de Pedro y los obispos, miembros del mismo colegio episcopal y de una determinada conferencia episcopal.
La visita papal de 1982 tuvo especial importancia para la Iglesia española. El pontífice recorrió diversas diócesis y vinculó la evangelización de España con la renovación espiritual, la transmisión de la fe a las nuevas generaciones y la responsabilidad de los cristianos en la vida social.
La CEE en el siglo XXI
Durante el siglo XXI, la CEE ha orientado buena parte de su actividad hacia la nueva evangelización, la transmisión de la fe en una sociedad secularizada y la respuesta pastoral a situaciones sociales emergentes.
Entre sus prioridades han figurado:
- La preparación para el matrimonio y el acompañamiento de las familias.
- La pastoral de adolescentes y jóvenes.
- La promoción de las vocaciones.
- La formación teológica y pastoral de los laicos.
- La atención a los migrantes.
- La lucha contra la pobreza y la exclusión.
- La prevención de abusos y la protección de menores y personas vulnerables.
- La presencia de la Iglesia en el ámbito educativo y cultural.
- La revitalización de la vida litúrgica y sacramental.
Los congresos, jubileos y acontecimientos eclesiales de ámbito nacional han ofrecido ocasiones para expresar la unidad de la Iglesia en España. En 1999, Juan Pablo II relacionó la celebración del Congreso Eucarístico Nacional de Santiago de Compostela con la comunión de las Iglesias españolas y con la necesidad de fortalecer la unidad, la esperanza y la caridad.