La reforma de 2022 vincula la renovación de la Curia Romana con la sinodalidad, entendida como el caminar conjunto del Pueblo de Dios, el Colegio de los Obispos y el Obispo de Roma bajo la guía del Espíritu Santo.
La sinodalidad no elimina la responsabilidad propia del papa, de los obispos ni de los responsables de los dicasterios. Tampoco convierte la Curia en un órgano parlamentario. Su sentido eclesial consiste en integrar la escucha, la comunión, la corresponsabilidad y la misión dentro del ejercicio ordenado de la autoridad.
Praedicate Evangelium describe la Iglesia sinodal como una Iglesia de escucha recíproca: todos tienen algo que aprender y todos escuchan al Espíritu Santo. La renovación de la Curia debe reflejar esa reciprocidad entre el Pueblo de Dios, los obispos y el Romano Pontífice.
Escucha de las Iglesias particulares
Los dicasterios necesitan conocer las circunstancias concretas de las diócesis, las conferencias episcopales, las Iglesias orientales católicas, los institutos de vida consagrada y las asociaciones de fieles. Las visitas ad limina Apostolorum, las consultas, los informes episcopales y las reuniones con representantes de distintas regiones permiten incorporar esa experiencia universal.
La Comisión Teológica Internacional relaciona la reforma de la Curia con la colegialidad episcopal y la sinodalidad. El Concilio Vaticano II pidió que los obispos comunicaran más plenamente al papa los pensamientos, deseos y necesidades de las Iglesias, y reconoció también la conveniencia de conceder a los laicos un papel adecuado en la vida eclesial.
Participación y corresponsabilidad
La participación sinodal exige que los miembros de los dicasterios contribuyan responsablemente desde su competencia. La diversidad de funciones no implica que unos actúen como simples ejecutores pasivos y otros concentren toda la iniciativa. La corresponsabilidad permite aprovechar la experiencia de obispos, sacerdotes, diáconos, consagrados y laicos.
El funcionamiento sinodal reclama también transparencia, diálogo interno, respeto por los procedimientos y disposición para corregir decisiones cuando nuevos elementos pastorales o jurídicos lo aconsejen.
Colaboración entre dicasterios
Los asuntos contemporáneos suelen abarcar varias materias: doctrina, liturgia, derecho, vida consagrada, educación, ecumenismo, migraciones, cultura y evangelización. Por esa razón, la reforma promueve reuniones interdicasteriales e intradicasteriales.
La colaboración pretende evitar la duplicación de competencias y favorecer una actuación coordinada. Las reuniones periódicas de los responsables con el papa, las sesiones plenarias, las consultas y los congresos internos forman parte de esta dinámica de comunión y participación.
Catolicidad de la Curia
La composición de los dicasterios debe reflejar la universalidad de la Iglesia. La presencia de colaboradores procedentes de distintas culturas ayuda a que las decisiones romanas tengan en cuenta la variedad legítima de situaciones eclesiales.
La catolicidad no consiste únicamente en distribuir cargos entre nacionalidades. También implica escuchar las experiencias de las Iglesias jóvenes, las comunidades orientales, las regiones de antigua tradición cristiana, los pueblos indígenas y los contextos marcados por la pobreza, la persecución o la secularización. La reforma de 2022 vincula esta diversidad con la comunión y la solidaridad entre el papa, los obispos y las instituciones de vida consagrada.