Orígenes en la tradición cristiana
El recuerdo de los muertos tiene raíces en la práctica judía de los memoriales y se trasladó al cristianismo primitivo, donde los fieles reunían oraciones por los fallecidos. La Enciclopedia Católica indica que la celebración formal del Día de los Fieles Difuntos se estableció en el siglo XV, aunque la devoción ya existía de forma informal siglos antes1. En los primeros siglos, los nombres de los difuntos se inscribían en los diptychs y, a partir del siglo VI, los monasterios benedictinos celebraban una conmemoración anual durante Pentecostés1.
Desarrollo medieval y modernidad
En el siglo XI, San Odilón de Cluny instituyó la celebración anual de todos los fieles difuntos en sus monasterios, práctica que se extendió rápidamente a otras congregaciones benedictinas y cartusianas1. En la Edad Media, la práctica se consolidó con la realización de sacros y misas especiales. En la época moderna, el Papa Juan Pablo II subrayó la importancia de la oración por los muertos como acto de amor fraternal (1998)2, y la Dirección sobre la Piedad Popular y la Liturgia (2001) estableció directrices para armonizar estas devociones con la liturgia oficial3.

