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Conquista de Canaán (Josué)

La conquista de Canaán describe, principalmente en el libro de Josué, la entrada de las tribus de Israel en la tierra prometida y su establecimiento en el territorio de Canaán. El relato presenta a Dios como protagonista de la victoria, vincula la posesión de la tierra con la alianza y aborda mediante la categoría del ḥerem-el anatema o consagración total- la difícil cuestión de la violencia atribuida a Israel. La lectura católica distingue cuidadosamente entre la verdad histórica de los acontecimientos, la forma literaria de los relatos y su finalidad teológica.

Conquista de Canaán (Josué)
Ver información de la imagenTel Beit Shemesh, Israel, c. 2023. Original, Bukvoed, CC BY 4.0 📄
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NombreConquista de Canaán (Josué)
CategoríaEvento
DescripciónEntrada de las tribus de Israel en la tierra prometida, narrada en el libro de Josué. La conquista, descrita en Josué 1-12 y continuada en la distribución de la tierra (Josué 13-21), relata la toma de ciudades, el uso del ḥerem y la instauración de la alianza, combinando verdad histórica, forma literaria y finalidad teológica
Contexto BíblicoLibro de Josué (capítulos 1-12 de la conquista, 13-21 del reparto) y referencias en Jueces.
Contexto HistóricoPeriodo posterior al Éxodo y la generación del desierto, cuando la nueva generación de israelitas cruzó el Jordán bajo el liderazgo de Josué.
Enseñanzas PrincipalesDios cumple sus promesas; la victoria depende de la obediencia; la tierra pertenece a Dios; la fidelidad a la alianza es esencial; el ḥerem no justifica guerras modernas.
ImportanciaCumplimiento de la promesa divina a Abraham, muestra la fidelidad de Dios, establece la tierra como don bajo la alianza y plantea la responsabilidad moral del pueblo.
Importancia EclesialEjemplo de la acción salvadora de Dios en la historia, fundamento para la reflexión teológica católica sobre la violencia, la promesa y el Reino de Dios.
Importancia HistóricaMarca la transición del nomadismo al asentamiento en Canaán, base para la historia de Israel y su organización tribal.
Significado del ḥeremConsagración total de una ciudad o sus bienes al Señor, no equivalente a guerra de exterminio moderna.
TemaPromesa divina, alianza, conquista, ḥerem, fidelidad moral
TipoSuceso histórico

Tabla de contenido

Denominación y alcance

La expresión conquista de Canaán designa el conjunto de campañas militares y acciones de asentamiento narradas sobre todo en Josué 1-12. El proceso continúa en los capítulos dedicados al reparto de la tierra entre las tribus, Josué 13-21, y recibe una valoración posterior en el libro de los Jueces.

El término Canaán alude a la región situada entre el Mediterráneo y el valle del Jordán, con prolongaciones hacia el norte y el sur. El territorio comprendía zonas montañosas, llanuras, ciudades fortificadas y regiones costeras. El libro de Josué no ofrece una crónica militar moderna, sino una narración de la entrada de Israel en el espacio que Dios había prometido a los descendientes de Abrahán.

La Pontificia Comisión Bíblica incluye Josué entre los libros bíblicos llamados «históricos», aunque advierte que su presentación de la historia no equivale a una cronología objetiva de estilo moderno. La narración interpreta los acontecimientos desde la fe en la acción salvadora de Dios dentro de la historia.1,2

La tierra prometida

La promesa a los patriarcas

La tierra de Canaán aparece vinculada a la promesa hecha por Dios a Abrahán y a su descendencia. La liberación de Israel de la esclavitud de Egipto constituye el comienzo de un itinerario que conduce hacia esa tierra. El cumplimiento de la promesa no llega de inmediato: la generación del desierto muere antes de entrar, y la nueva generación atraviesa el Jordán bajo la dirección de Josué.

La tierra no constituye una propiedad absoluta de Israel. La tradición bíblica presenta a Dios como su verdadero dueño; los israelitas la reciben como don y viven en ella como huéspedes y administradores. Por ello, la posesión territorial exige fidelidad a la alianza y exclusividad del culto al Señor. La infidelidad religiosa y la injusticia social pueden provocar la pérdida de la tierra y el exilio.3

La función teológica de la tierra

En el libro de Josué, la tierra cumple varias funciones:

  • Manifiesta la fidelidad de Dios a sus promesas.
  • Ofrece un lugar concreto para la vida del pueblo de la alianza.
  • Exige una respuesta moral y religiosa.
  • Recuerda que Israel no recibe un privilegio autónomo, sino una misión.
  • Anticipa una esperanza que, en la lectura cristiana, encuentra su plenitud en el Reino de Dios.

La tierra prometida tampoco constituye el término último de la salvación. La reflexión bíblica posterior amplía el horizonte hacia una esperanza universal, en la que las naciones encuentran su lugar ante Dios.3

Josué, sucesor de Moisés

El libro presenta a Josué como sucesor de Moisés y servidor del Señor. Su autoridad no procede únicamente de sus capacidades militares, sino de su obediencia a la palabra de Dios. El relato insiste en que las victorias pertenecen fundamentalmente al Señor.

La misión de Josué comprende tres tareas inseparables:

  1. Conducir al pueblo a través del Jordán.
  2. Derrotar o someter a los principales poderes de Canaán.
  3. Repartir la tierra entre las tribus.

Josué actúa como mediador de la continuidad entre Moisés y la nueva etapa de Israel. La ley recibida por Moisés orienta la conducta del pueblo, mientras que Josué debe mantener la alianza durante la entrada en la tierra.

Desarrollo narrativo de la conquista

El paso del Jordán

La entrada comienza con el cruce del Jordán. Este episodio recuerda el paso del mar Rojo y presenta a Dios como quien abre el camino a su pueblo. El Jordán funciona como frontera entre el tiempo del desierto y la vida estable en Canaán.

El arca de la alianza ocupa un lugar central en la narración. Su presencia expresa que Dios marcha delante de Israel. La conquista, por tanto, no aparece como una empresa nacional autónoma, sino como un acto subordinado a la presencia y al mandato divinos.

Jericó

Jericó representa la primera gran ciudad de la campaña. El relato describe una procesión ritual alrededor de sus murallas, acompañada por sacerdotes, trompetas y el arca. La caída de la ciudad no resulta de un asalto militar convencional: la narración atribuye la victoria a la acción de Dios.

Jericó adquiere así un valor simbólico. Israel vence no por una superioridad técnica, sino por la obediencia confiada. El episodio pretende fortalecer la fe de un pueblo que afronta ciudades fortificadas y enemigos aparentemente más poderosos.

La historia de Rajab introduce además una excepción significativa dentro del relato de destrucción. Esta mujer acoge a los enviados israelitas y obtiene la salvación para su familia. El episodio muestra que la respuesta a Dios y la solidaridad con su pueblo tienen importancia decisiva dentro de la narración.

Hai y la purificación de la comunidad

La campaña contra Hai presenta inicialmente una derrota israelita. El relato relaciona el fracaso con la apropiación ilícita de objetos sometidos al anatema por parte de Acán. La victoria posterior llega después de una purificación comunitaria.

La enseñanza teológica resulta clara: Israel no puede tratar la conquista como un botín privado. La victoria depende de la fidelidad a Dios, y la transgresión de un miembro afecta a toda la comunidad. El relato expresa una concepción corporativa de la responsabilidad propia del mundo bíblico antiguo.

La alianza con los gabaonitas

Los habitantes de Gabaón engañan a los israelitas y consiguen un pacto mediante una estratagema. Josué y los jefes de Israel aceptan el acuerdo sin consultar al Señor. Cuando descubren el engaño, mantienen el juramento y perdonan la vida a los gabaonitas, aunque les asignan tareas subordinadas.

Este episodio introduce una tensión dentro del relato: la conquista no avanza de manera uniforme ni mediante la destrucción de todos los habitantes. La alianza obliga a Israel a respetar una palabra dada, incluso cuando el pacto nació de un engaño.

La campaña del sur

La alianza con Gabaón provoca la reacción de varios reyes de la región. Josué acude en ayuda de la ciudad aliada y derrota a la coalición. El relato de la detención del sol pertenece al lenguaje épico y litúrgico de la narración y expresa la intervención extraordinaria de Dios en favor de Israel.

La campaña meridional incluye ciudades como Maquedá, Libná, Laquis, Eglón, Hebrón y Debir. El texto presenta estas victorias como cumplimiento de la misión encomendada a Josué, aunque la descripción global de la conquista utiliza fórmulas de totalidad que deben interpretarse dentro del género literario y del propósito teológico del libro.

La campaña del norte

La campaña septentrional culmina con la coalición reunida por Yabín, rey de Jasor. El ejército enemigo cuenta con numerosos soldados, caballos y carros. El libro de Josué atribuye nuevamente la victoria al Señor.

Josué 11 describe la derrota de la coalición junto a las aguas de Merom, la inutilización de los caballos y la quema de los carros. Jasor, presentada como cabeza de aquellos reinos, recibe un trato singular: Josué la incendia, mientras que otras ciudades no aparecen sometidas al fuego.4

El mismo capítulo resume la extensión territorial de las operaciones desde la región montañosa y el Négueb hasta el Líbano y el monte Hermón. La enumeración busca transmitir la amplitud de la victoria, no necesariamente ofrecer un mapa administrativo exhaustivo.4

El ḥerem: anatema y consagración total

Significado del término

El término hebreo ḥerem suele traducirse como anatema, interdicción o consagración al exterminio. En el contexto de Josué, designa la entrega total de una ciudad, de sus bienes o de sus habitantes a Dios. La categoría no equivale sin más al concepto moderno de una guerra de exterminio fundada en una ideología nacional o religiosa.

El ḥerem expresa una separación radical: aquello que queda bajo el anatema ya no pertenece al uso ordinario de los vencedores. En algunos relatos, los bienes deben destruirse; en otros, determinados objetos quedan consagrados al tesoro del santuario. El punto central reside en que Israel no puede convertir la victoria en enriquecimiento personal.

La Pontificia Comisión Bíblica relaciona esta legislación con la santidad de Israel y con la necesidad de impedir la contaminación cultual por prácticas paganas. También advierte que el concepto debe interpretarse atendiendo a su dimensión teológica, moral y sociológica, sin ignorar la tendencia humana a mezclar la religión con las formas más graves de violencia.3

El ḥerem no autoriza la violencia religiosa actual

La narración de Josué no ofrece autorización para guerras modernas, persecuciones, conversiones forzadas ni violencia contra pueblos que profesan otra religión. La Pontificia Comisión Bíblica rechaza expresamente cualquier lectura que pueda fomentar conductas agresivas contra otras poblaciones. La justicia cristiana debe ejercerse conforme al respeto de la vida, la misericordia y la reconciliación enseñadas por el Evangelio.5

El propio desarrollo de la historia bíblica impide convertir el ḥerem en un privilegio permanente de Israel. El pueblo elegido también queda sometido al juicio de Dios cuando incurre en idolatría e injusticia. Las naciones extranjeras pueden convertirse en instrumentos de ese juicio contra Israel.5

Una categoría teológica de separación

El ḥerem pretende proteger la identidad religiosa de Israel en un momento en que la comunidad de la alianza afronta el riesgo de adoptar cultos y prácticas incompatibles con el culto al Señor. La prohibición se vincula especialmente a los lugares y objetos de culto pagano, a los matrimonios mixtos entendidos como amenaza a la fidelidad religiosa y a la idolatría.

La Pontificia Comisión Bíblica observa que, en el momento de la redacción de Deuteronomio y Josué, las poblaciones no israelitas ya no existían en Judá con la configuración descrita por esos relatos. Por ello, la legislación del anatema puede reflejar una proyección literaria hacia el pasado de preocupaciones religiosas posteriores, especialmente la defensa de la identidad de Israel frente a los cultos extranjeros.3

La violencia en el relato de Josué

El problema moral

Los capítulos de Josué contienen escenas que describen la muerte de poblaciones enteras. El lector cristiano no puede eludir la gravedad de estos pasajes. El Dios revelado plenamente en Jesucristo llama al amor, al perdón y a la reconciliación; por tanto, una interpretación superficial que presentase la violencia como modelo religioso permanente deformaría tanto el Antiguo como el Nuevo Testamento.

La Pontificia Comisión Bíblica reconoce que los relatos de la conquista plantean una dificultad real. La lectura católica debe integrar el contexto cultural antiguo, el género literario, la revelación progresiva y la plenitud de la revelación en Cristo.2

Justicia divina en el horizonte del relato

Dentro de la lógica narrativa de Josué, la conquista aparece como juicio de Dios contra pueblos acusados de graves prácticas y como cumplimiento de la promesa hecha a Israel. La Comisión Bíblica explica que el texto presenta a Josué como servidor del Señor y atribuye las victorias a una fuerza que supera la capacidad militar de Israel. En esa perspectiva, la violencia narrada pertenece al lenguaje teológico de la justicia divina y no a una glorificación autónoma de la fuerza.6

Esta afirmación no elimina la dificultad moral ni convierte cada detalle narrativo en una norma ética. La misma Comisión Bíblica observa que otros textos bíblicos ofrecen orientaciones explícitamente pacíficas y que el relato de la conquista debe leerse en relación con la compasión y el perdón divinos, que constituyen el horizonte último de la acción de Dios.6

Lectura cristiana

La tradición cristiana lee la conquista también de manera espiritual. La lucha decisiva del creyente no consiste en destruir pueblos, sino en resistir al pecado y al mal. La Pontificia Comisión Bíblica interpreta la figura de la guerra santa como una representación imperfecta que alcanza su sentido pleno en el combate espiritual del creyente contra el mal.7

Esta lectura espiritual no debe borrar el sentido original del relato, pero evita trasladar mecánicamente categorías de la guerra antigua al mundo contemporáneo. El cumplimiento cristiano de la promesa de la tierra apunta al Reino de Dios y no a la expansión política de una comunidad mediante la fuerza.8

Verdad histórica y verdad teológica

Los libros históricos no son crónicas modernas

La Iglesia enseña que los libros históricos del Antiguo Testamento comunican verdad, pero no escriben necesariamente con los métodos de una historiografía moderna. La presentación bíblica selecciona, organiza y narra los acontecimientos para manifestar la acción de Dios en la historia de la salvación.

La Pontificia Comisión Bíblica afirma que los relatos sobre la conquista contienen verdades, pero no pretenden ofrecer una crónica completa de la historia de Israel. Su finalidad principal consiste en transmitir una enseñanza teológica, exhortativa y profética. El protagonista último no es Israel, ni Josué, ni ningún otro personaje humano, sino Dios.2

La verdad teológica

La verdad teológica del libro de Josué comprende, entre otros, los siguientes elementos:

  • Dios permanece fiel a sus promesas.
  • La salvación acontece dentro de la historia humana.
  • La victoria no depende únicamente de la fuerza militar.
  • La tierra pertenece en último término a Dios.
  • La comunidad debe vivir en fidelidad a la alianza.
  • La idolatría y la injusticia destruyen la vida del pueblo.
  • Ningún poder humano puede atribuirse una autoridad absoluta sobre la tierra o sobre la historia.

La finalidad de la inspiración bíblica consiste en comunicar la verdad que Dios quiso consignar para la salvación. Esa verdad se refiere ante todo a Dios y a su designio salvador, no a satisfacer todas las preguntas propias de una investigación histórica contemporánea.2

La historicidad y el género literario

La distinción entre verdad teológica e historiografía moderna no permite reducir los relatos a una ficción sin relación con la historia. La Iglesia mantiene que los libros llamados históricos pertenecen a la historia en un sentido verdadero, aunque su modo de narrar no coincida con el de los historiadores actuales.

La Comisión Bíblica de comienzos del siglo XX rechazó como principio general la idea de que los libros históricos de la Escritura sólo presenten una apariencia de historia. Admitió una excepción cuando argumentos sólidos demostraran que el autor sagrado no pretendía narrar historia propiamente dicha, sino emplear la forma histórica para transmitir una parábola, una alegoría u otro significado.9

La investigación católica, por tanto, debe mantener dos convicciones simultáneas:

  1. El relato bíblico posee una referencia histórica real.
  2. La forma final del relato responde a una finalidad teológica y utiliza recursos literarios propios del antiguo Oriente.

Pío XII recordó que los autores sagrados podían emplear formas narrativas populares, siempre bajo la inspiración divina, que los guiaba en la selección y valoración de los materiales.10

Conquista completa y conquista incompleta

El libro de Josué utiliza expresiones que presentan la tierra como conquistada en su totalidad. Sin embargo, los capítulos dedicados al reparto territorial y, especialmente, el comienzo del libro de los Jueces muestran que numerosos grupos y ciudades permanecieron en el territorio.

Esta tensión posee una función literaria y teológica. La narración puede presentar la victoria como completa desde el punto de vista de la promesa cumplida, aunque la ocupación efectiva y la organización política continúen durante generaciones. La victoria de Dios aparece como realidad decisiva, mientras que la instalación de Israel permanece como proceso histórico inacabado.

La tradición católica reconoce que las campañas de Josué no implicaron la desaparición inmediata de todos los habitantes anteriores de Canaán. Las poblaciones supervivientes, las ciudades costeras y determinadas zonas cultivadas permanecieron durante largo tiempo fuera del control israelita.11

El reparto de la tierra

Después de las campañas, Josué distribuye el territorio entre las tribus. El reparto expresa que la tierra no constituye el botín personal de un monarca o de un ejército. Cada tribu recibe una heredad dentro de la estructura de la alianza.

La distribución posee una dimensión religiosa, social y familiar:

  • Vincula a cada tribu con una porción concreta.
  • Protege la continuidad de las familias.
  • Organiza la vida común.
  • Sitúa a Israel bajo la responsabilidad de custodiar el don recibido.

Las ciudades levíticas y las ciudades de refugio manifiestan que el territorio no se organiza sólo con criterios militares. La tierra debe convertirse en espacio de culto, justicia y convivencia.

El discurso de Siquén

El libro culmina su presentación teológica en la asamblea de Siquén. Josué reúne al pueblo y recuerda las etapas de la historia salvadora: los antepasados, la liberación de Egipto, la marcha por el desierto y la entrada en la tierra.

La conquista sólo adquiere su sentido pleno mediante la renovación de la alianza. Israel debe escoger entre el servicio al Señor y los dioses de los pueblos. La conocida exhortación «yo y mi casa serviremos al Señor» resume la finalidad del relato: la tierra no garantiza automáticamente la fidelidad. El don exige una respuesta libre y perseverante.

Recepción cristiana

La tierra y el Reino de Dios

La interpretación cristiana no identifica la tierra de Canaán con un programa político o militar de la Iglesia. La promesa alcanza su plenitud en Cristo y en el Reino de Dios. La entrada en la tierra puede leerse como figura de la peregrinación hacia la comunión definitiva con Dios.

La tradición cristiana relaciona el descanso de Israel en la tierra con la esperanza escatológica. La posesión territorial se transforma en imagen de la herencia prometida a quienes viven de la fe y perseveran en la alianza nueva.

El combate espiritual

Los Padres y autores espirituales han interpretado Jericó, Hai y las campañas de Josué como imágenes del combate contra el pecado, la idolatría y las pasiones desordenadas. La ciudad fortificada representa aquello que resiste a Dios; la obediencia, la oración y la confianza expresan las armas del creyente.

Esta interpretación espiritual no justifica la violencia contra personas. El enemigo cristiano último es el pecado y el mal, no una nación, una etnia o una religión. El Evangelio orienta la vida cristiana hacia la conversión, la misericordia y la reconciliación.

Valoración teológica católica

La conquista de Canaán debe leerse desde varias claves inseparables:

  • Clave histórica: el libro conserva la memoria de la entrada y asentamiento de Israel en Canaán.
  • Clave literaria: el relato utiliza fórmulas de totalidad, escenas épicas y recursos simbólicos.
  • Clave teológica: interpreta la historia como cumplimiento de la promesa y acción salvadora de Dios.
  • Clave moral: plantea el problema de la violencia y exige una lectura crítica a la luz de la revelación progresiva.
  • Clave cristológica: orienta hacia el Reino de Dios y hacia la victoria espiritual sobre el mal.

El ḥerem no debe entenderse como un modelo de guerra religiosa contemporánea. Dentro del Antiguo Testamento, representa una categoría teológica de separación total y de juicio, vinculada a la protección de la identidad de Israel y al dominio de Dios sobre la tierra. La lectura cristiana, iluminada por Jesucristo, rechaza toda instrumentalización de estos relatos para justificar agresiones, conquistas o exterminios.

El libro de Josué conserva así una enseñanza compleja: Dios cumple sus promesas, pero la tierra recibida exige fidelidad; la victoria no autoriza la soberbia, y el pueblo elegido también permanece bajo el juicio de Dios. La narración alcanza su sentido más profundo cuando conduce al reconocimiento de que la verdadera herencia consiste en vivir en comunión con el Señor y caminar hacia la plenitud de su Reino.

Citas y referencias

  1. Segunda parte el testimonio rendido por los escritos bíblicos a su propia verdad, Comisión Bíblica Pontificia. La inspiración y la verdad de la Sagrada Escritura, 70 (2014).
  2. Tercera parte la interpretación de la palabra de Dios y sus desafíos, Comisión Bíblica Pontificia. La inspiración y la verdad de la Sagrada Escritura, 104 (2014). 2 3 4
  3. II. - Temas fundamentales en las Escrituras judías y su recepción en la fe en Cristo - B. Temas fundamentales compartidos - B) la tierra prometida, Comisión Bíblica Pontificia. El pueblo judío y sus Escrituras Sagradas en la Biblia cristiana (24 de mayo de 2001), 56 (2002). 2 3 4
  4. La Nueva Versión Revisada Estándar, Edición Católica (NRSV-CE). La Santa Biblia, Josué 11 (1993). 2
  5. Capítulo tercero - La familia humana - Un pueblo en guerra - Las leyes sobre la guerra, Comisión Bíblica Pontificia. «¿Qué es el hombre?» (Sal 8:5). Un itinerario de antropología bíblica, 252 (2019). 2
  6. Tercera parte la interpretación de la palabra de Dios y sus desafíos, Comisión Bíblica Pontificia. La inspiración y la verdad de la Sagrada Escritura, 127 (2014). 2
  7. Capítulo tercero - La familia humana - Un pueblo en guerra - Los conflictos entre naciones, Comisión Bíblica Pontificia. «¿Qué es el hombre?» (Sal 8:5). Un itinerario de antropología bíblica, 251 (2019).
  8. Parte tres - Lectura del Antiguo Testamento, tus palabras se convirtieron en mí en gozo y deleite de mi corazón. (Jeremías 15:16), Conferencias Episcopales Católicas de Inglaterra y Gales y de Escocia. El don de la Escritura, 32 (2005).
  9. La naturaleza histórica de la Sagrada Escritura - De la respuesta de la comisión bíblica, 23 de junio de 1905, Heinrich Joseph Dominicus Denzinger. Las fuentes del dogma católico (Enchiridion Symbolorum), 3373 (1854).
  10. Papa Pío XII. Humani Generis, 38 (1950).
  11. Israelitas, Enciclopedia Católica, Israelitas (1913).
Modificado el 10 de septiembre de 2026 • FideScore™ 9.62 • 68 visitas • Citar este artículoPaq. Scorm (LMS)Sugerir mejoraCompartir artículoImprimir artículoGenerar QRInstalar aplicaciónark:28736/k1jw23c1s

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