La consagración como acto de entrega total
La consagración consiste en una oferta libre y madura del propio ser a Dios, expresada mediante la voluntad de vivir según los mandatos del Evangelio. Cuando se realiza «a Jesús por María», el fiel reconoce que la entrega a Cristo se realiza a través de la intercesión y el ejemplo de la Madre de Dios, quien, según la tradición, actúa como «madre en el orden de la gracia» para todos los creyentes1. El Directory on Popular Piety and the Liturgy señala que el término «consagración» se emplea en sentido amplio, indicando una entrega total a Dios que se hace «por medio de la intercesión de la Bienaventurada Virgen»2.
La mediación de María en la consagración a Cristo
María es vista como instrumento de la salvación que dirige a los fieles a su Hijo. El Papa Juan Pablo II explicó que el corazón de María es «un símbolo de su amor maternal y de su papel central en la misión redentora de su Hijo», y que entregarse a su corazón conduce al corazón del Sagrado Corazón de Jesús3. Asimismo, el Papa Francisco, al renovar la consagración al Inmaculado Corazón de María, afirmó que «ella tomó la mano del fiel y lo condujo al corazón de Cristo, donde se realiza la verdadera entrega a Dios»4. La unión de los corazones de Jesús y María es, por tanto, una vía segura para la completa entrega a Cristo.
