Orígenes en la revelación de Santa Faustina
La devoción a la Divina Misericordia surgió a partir de las apariciones y escritos de Santa Faustina Kowalska (1905‑1938), quien recibió de Jesús la frase «Jesús, yo confío en ti» y la imagen del Corazón del Señor rodeado de llamas rojas1. Su diario, conocido como Diario de Santa Faustina, constituye la base espiritual de la consagración, invitando a los fieles a confiar plenamente en la misericordia divina.
Desarrollo papal
El Papa Juan Pablo II consolidó la consagración a nivel universal al consagrar el Santuario de la Divina Misericordia en Łagiewniki y al proclamar la necesidad de que la Iglesia viva la misericordia de Dios2. En su visita a Polonia (1997) reiteró la frase «Jesús, yo confío en ti» y subrayó que la consagración es un «acto de entrega a la misericordia del Señor»1. Posteriormente, el Papa Francisco, mediante la Bula Misericordiae Vultus (2015), recordó a San Faustina como «la gran apóstol de la misericordia» y animó a los fieles a vivir y caminar siempre según la misericordia de Dios3.
