La consagración puede integrar diversas prácticas de la devoción a la Divina Misericordia. Estas prácticas ayudan a expresar la entrega personal, aunque ninguna fórmula devocional sustituye la conversión interior.
La imagen de Jesús misericordioso
La imagen muestra a Cristo resucitado, con una mano levantada en gesto de bendición y la otra sobre el pecho, desde donde brotan los dos rayos. La representación incluye la invocación «Jesús, en ti confío».
Los rayos y las llagas vinculan la imagen con la pasión, la resurrección, el Bautismo, la Penitencia, la Eucaristía y la acción del Espíritu Santo. La imagen dirige la mirada hacia Cristo y no hacia un objeto autónomo de poder religioso.
La veneración de una imagen cristiana no significa adorar la materia de la pintura. La adoración corresponde únicamente a Dios; la imagen sirve para recordar a Jesucristo y disponer el corazón a la confianza, la conversión y la misericordia.
La Coronilla de la Divina Misericordia
La Coronilla de la Divina Misericordia es una oración de súplica y expiación asociada a santa Faustina. En ella, los fieles ofrecen al Padre el Cuerpo, la Sangre, el Alma y la Divinidad de Jesucristo, y piden misericordia para sí mismos y para el mundo entero.
La oración incorpora la participación espiritual en el sacrificio de Cristo y la intercesión por los pecadores, los moribundos y quienes sufren. Su sentido no consiste en obtener mecánicamente cualquier deseo. Toda petición cristiana permanece subordinada a la voluntad de Dios y al bien verdadero de la persona.
La hora de la misericordia
La devoción concede un lugar especial a las tres de la tarde, hora tradicionalmente vinculada a la muerte de Cristo. La práctica invita a recordar la pasión del Señor y a pedir misericordia para el mundo.
La llamada «hora de la misericordia» no obliga a interrumpir injustificadamente los deberes familiares, laborales o sociales. La oración puede adoptar distintas formas: una breve invocación, la meditación de la pasión, la Coronilla, la lectura del Evangelio o una súplica silenciosa.
La novena
La novena de la Divina Misericordia suele comenzar el Viernes Santo y concluir en la víspera o en el propio Domingo de la Divina Misericordia. Su estructura propone distintas intenciones de oración por la humanidad.
La novena pertenece a la piedad devocional. No forma parte necesaria de la celebración de la Vigilia Pascual ni de la misa del Domingo de Pascua. La celebración litúrgica conserva su propia estructura y dignidad.