San Luis María Grignion de Montfort (1673-1716), sacerdote y misionero francés, desarrolló una espiritualidad centrada en Dios, en Jesucristo y en la cooperación maternal de María. Su actividad apostólica estuvo ligada a una intensa vida de oración y a la predicación del Evangelio.2,3
Montfort propuso la consagración a Cristo mediante María como un camino para vivir con mayor fidelidad las promesas del bautismo. Esta orientación cristocéntrica define el sentido de la práctica: la devoción mariana no termina en María, sino que conduce a una unión más profunda con Jesucristo.1,4
El fundamento teológico de la entrega reconoce el lugar singular de María en el misterio de Cristo y de la Iglesia, su testimonio evangélico y su intercesión maternal. La tradición montfortiana interpreta la invitación de Jesús a acoger a su madre, expresada en la escena de la cruz, como una llamada a incorporarla de manera filial a la vida cristiana.1



