El problema de la «reducción» de la moral al pre-moral
El Magisterio reconoce que las teorías teleológicas pueden hablar de valores morales (por ejemplo, amor a Dios y al prójimo, justicia), pero sostiene que en ellas la moralidad práctica acaba quedando determinada por el peso de bienes y males pre-morales y por su proporción. En ese planteamiento, un acto podría calificarse de «aceptable» si la intención se orienta a un valor moral juzgado decisivo, aun cuando el acto contradiga una norma negativa universal.
Desde esa perspectiva, se distingue:
la «bondad» moral relacionada con la intención frente a bienes morales, y
la «rectitud» (o licitud) frente a la proporcionalidad de los efectos previsibles.
El problema señalado es que esta separación puede desembocar en la idea de que la voluntad no quedaría objetivamente mal por elegir actos que, en la moral tradicional, se consideran ilícitos.
Imposibilidad práctica de una contabilidad exhaustiva
Además, Veritatis Splendor subraya la dificultad —y en la práctica, la imposibilidad— de evaluar todos los efectos buenos y malos que se derivan de un acto. Por tanto, el método de proporciones necesita mediciones que se vuelven poco claras e inalcanzables, haciendo inestable el fundamento racional de obligaciones absolutas basadas en cálculos debatibles.
Las consecuencias forman parte de las circunstancias, no del criterio último
Incluso cuando se consideran consecuencias, el documento insiste en que estas no pueden cambiar la moralidad intrínseca del acto. Las consecuencias se integran en las circunstancias: pueden hacer el mal «más o menos grave», y afectar la responsabilidad subjetiva, pero no justifican que el bien o el mal moral del acto dependa exclusivamente de los resultados.,