Lumen Gentium se divide en ocho capítulos, cada uno abordando aspectos fundamentales de la Iglesia. La estructura del documento fue crucial, ya que reflejó un cambio significativo hacia una consideración eclesiológica más amplia.
El Misterio de la Iglesia
El primer capítulo de Lumen Gentium se centra en el misterio de la Iglesia, presentándola como un sacramento, es decir, un signo e instrumento de la unión íntima con Dios y de la unidad de todo el género humano en Cristo,. Este capítulo profundiza en la naturaleza trinitaria de la Iglesia y culmina con la comparación de la Iglesia con el Verbo Encarnado.
El Pueblo de Dios
El segundo capítulo es una de las innovaciones más destacadas de Lumen Gentium, al presentar a la Iglesia como el Pueblo de Dios,. Este enfoque sitúa y subordina la jerarquía dentro del contexto de todo el Pueblo de Dios. El Pueblo de Dios es constituido por el Bautismo, tiene a Cristo como cabeza, y está en camino a través de la historia, destinado a reunir a todos los hombres. Este capítulo también aborda los lazos entre la Iglesia y los cristianos no católicos, sus relaciones con los no cristianos, y afirma el carácter misionero del Pueblo de Dios. Es un pueblo mesiánico, un germen de unidad, esperanza y salvación para toda la humanidad, enviado a todo el mundo como luz y sal.
La Constitución Jerárquica de la Iglesia y el Episcopado
El tercer capítulo aborda la jerarquía, específicamente los obispos, presbíteros y diáconos,. Aunque contiene elementos jurídicos, este capítulo se introduce con el desarrollo de temas bíblicos sobre la fundación y guía de la jerarquía por Nuestro Señor. Se destaca que la autoridad de enseñanza del magisterio se entiende como parte del deber de los obispos como «heraldos de la fe». El Concilio reafirmó la colegialidad episcopal, es decir, que el colegio de obispos, junto con el Papa como su cabeza, posee la autoridad suprema y plena sobre la Iglesia.
Los Laicos
El cuarto capítulo se dedica a los laicos, reconociendo su papel esencial en la misión de la Iglesia. Lumen Gentium presenta la llamada de los laicos a vivir en el Espíritu, realizando todas sus obras, oraciones y esfuerzos apostólicos, su vida matrimonial y familiar ordinaria, y sus ocupaciones diarias como ofrendas espirituales a Dios. Los laicos son llamados a la santidad y a transformar el mundo desde dentro, ejerciendo su sacerdocio bautismal a través de una vida santa y la caridad activa.
La Vocación Universal a la Santidad
El quinto capítulo proclama la vocación universal a la santidad en la Iglesia. Todos los miembros de la Iglesia, sin excepción, están llamados a la santidad, que es un aspecto fundamental de la identidad de la Iglesia y la vocación de sus miembros. Cristo mismo es el autor y consumador de esta santidad de vida, y la vocación a la santidad es una llamada a transformarse cada vez más perfectamente en la imagen de Cristo. Este proceso comienza en el bautismo, donde los cristianos son conformados sacramentalmente a Cristo y participan en su triple oficio de sacerdote, profeta y rey.
Los Religiosos
El sexto capítulo trata sobre los religiosos, reconociendo su contribución específica a la santidad de la Iglesia a través de la profesión de los consejos evangélicos de pobreza, castidad y obediencia.
El Carácter Escatológico de la Iglesia Peregrinante
El séptimo capítulo reflexiona sobre el carácter escatológico de la Iglesia peregrinante, recordándonos que la Iglesia en la Tierra es una anticipación del Reino de Dios plenamente realizado en el cielo. Este capítulo enfatiza la esperanza en la vida eterna y la comunión de los santos.
La Santísima Virgen María, Madre de Dios, en el Misterio de Cristo y de la Iglesia
El octavo y último capítulo se dedica a la Santísima Virgen María, Madre de Dios, en el misterio de Cristo y de la Iglesia. Este capítulo subraya el papel único de María como Madre de Cristo y Madre espiritual de la Iglesia, presentándola como modelo de fe y caridad para todos los fieles.