La construcción del primer Tabernáculo marca un hito fundamental en la historia de la salvación, según el relato bíblico. Tras la liberación de la esclavitud egipcia y la teofanía en el monte Sinaí, donde Dios entregó los Diez Mandamientos, el Señor instruyó a Moisés para que levantara un santuario móvil que sirviera como lugar de encuentro entre lo divino y lo humano.1 Este Tabernáculo, también conocido como Tienda del Encuentro o Mishkán en hebreo, no era meramente una tienda nómada, sino un espacio sagrado que albergaba la presencia de Dios y facilitaba los ritos de adoración y sacrificio.2 Su diseño detallado, revelado directamente por Dios, enfatizaba la santidad y la accesibilidad del Altísimo a su pueblo en peregrinación.
El relato bíblico, centrado en los capítulos 25 al 40 del Éxodo, describe cómo esta obra colectiva reflejaba la generosidad del pueblo israelita, que contribuyó con ofrendas voluntarias para su realización.3 La culminación de la construcción ocurrió en el primer día del primer mes del segundo año tras la salida de Egipto, cuando la gloria de Dios llenó el santuario con una nube visible, confirmando su aprobación divina.4

