La Búsqueda de Dios
El criterio principal de la autenticidad de la vida consagrada contemplativa es la búsqueda incesante de Dios. San Benito, padre del monacato occidental, enfatizó que un monje es aquel cuya vida entera está dedicada a buscar a Dios, y se preguntaba si quien aspiraba a la vida monástica «si revera Deum quaerit» (si verdaderamente busca a Dios).
Oración Contemplativa
La oración contemplativa es el corazón de esta vida. Santa Teresa de Ávila la describe como «un trato de amistad, estando muchas veces a solas con quien sabemos nos ama»,. Es una mirada de fe fija en Jesús, una atención a la Palabra de Dios y un amor silencioso,. En este tipo de oración, las palabras no son discursos, sino como leña que alimenta el fuego del amor, y en el silencio, el Padre nos habla su Palabra encarnada. El Papa Francisco ha señalado que en la oración contemplativa, al mirar a Jesús, sentimos su mirada amorosa sobre nosotros, y nuestros corazones se purifican, permitiéndonos ver a los demás a la luz de la verdad y la compasión de Cristo.
Es un don y una gracia que solo puede ser aceptada con humildad y pobreza, estableciendo una relación de alianza con Dios en el corazón. La oración contemplativa busca la unión con la oración de Cristo, haciéndonos partícipes de su misterio, que la Iglesia celebra en la Eucaristía.
Solitud y Silencio
La soledad y el silencio son elementos esenciales para la vida contemplativa. La soledad es el hogar del silencio y su salvaguardia más segura, ayudando a cortar de raíz el deseo de figurar ante el mundo. Puede ser el encierro del claustro, que restringe el contacto con el mundo exterior, o el confinamiento eremítico de la celda. El silencio es el elemento propio del alma contemplativa, ya que conversar con Dios y con los hombres al mismo tiempo es difícil,.
Votos y Ascetismo
Los votos religiosos de pobreza, castidad y obediencia son fundamentales en la vida contemplativa. La pobreza libera de las preocupaciones de los bienes temporales, la castidad de las ataduras de la vida matrimonial y la obediencia de la ansiedad de tener que decidir el curso de la vida. La vida religiosa, al ser de abnegación y sacrificio, proporciona un antídoto eficaz contra toda forma de egoísmo. Las reglas de las órdenes contemplativas están admirablemente diseñadas para mortificar los instintos egoístas, con vigilias, ayunos, austeridad en la comida y la vestimenta, y a menudo trabajo manual para dominar la carne y ayudar al alma a someter a su peor enemigo.