Saulo antes de la conversión
Saulo, fariseo de Jerusalén, se distinguía por su celo en la defensa de la Ley y por la persecución de los cristianos, llegando a aprobar la muerte de Esteban y a obtener cartas del sumo sacerdote para arrestar a los «caminantes del Camino» en Damasco1. Su actitud refleja la tensión entre la comunidad judía y la naciente Iglesia primitiva.
El relato del Camino a Damasco
El Evangelio de Lucas, a través del libro de los Hechos, narra tres veces el episodio (Hechos 9, 22, 26). Mientras se dirigía a Damasco, una luz celestial lo cegó y escuchó la voz del Señor: «Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?» «Yo soy Jesús, a quien tú persigues»1,2. Caído al suelo, quedó ciego durante tres días; Ananías, obedeciendo al mandato divino, le impuso las manos, devolviéndole la vista y llenándolo del Espíritu Santo1. Inmediatamente fue bautizado y, tras recuperarse, comenzó a predicar que Jesús era el Hijo de Dios, sorprendiendo a sus antiguos perseguidores1.

