El mandato dirigido a Felipe
El episodio comienza cuando un ángel del Señor ordena a Felipe dirigirse hacia el sur, por el camino que baja de Jerusalén a Gaza, una ruta presentada como desértica. Felipe obedece sin pedir explicaciones y encuentra allí un carro en el que viaja un funcionario etíope.1
El relato pertenece a la expansión misionera de la Iglesia primitiva. Felipe había anunciado el Evangelio en Samaría y ahora recibe la misión de encontrarse con una persona concreta, cuya búsqueda religiosa ya estaba orientada hacia el Dios de Israel. La iniciativa divina y la respuesta obediente del evangelizador forman el primer movimiento de la narración.
El funcionario de Candace
El viajero aparece como «un hombre de Etiopía, eunuco de gran autoridad bajo Candace, reina de los etíopes». Además, ocupaba el cargo de administrador de todo el tesoro real. El nombre Candace no designa necesariamente a una persona concreta, sino el título de la soberana de aquel reino. El funcionario, por tanto, pertenecía a la administración superior de la corte.1
El texto lo presenta también como un peregrino que había acudido a Jerusalén para adorar. A su regreso, leía sentado en su carro el libro del profeta Isaías. La escena combina autoridad política, búsqueda religiosa y atención perseverante a la Escritura: aunque viajaba y desempeñaba una función de gran responsabilidad, dedicaba su tiempo a leer y a intentar comprender la palabra profética.1
Felipe interpreta la Escritura
El Espíritu Santo manda a Felipe acercarse al carro. Felipe escucha al funcionario leer y le pregunta si comprende lo que está leyendo. El etíope responde que necesita un guía, pues no puede entender el pasaje sin alguien que lo oriente. Después invita a Felipe a subir al carro y sentarse junto a él.1
La escena presenta la catequesis apostólica como un servicio de interpretación. Felipe no reemplaza la Escritura ni desvía al lector de ella; parte precisamente del pasaje que el funcionario tiene delante. La lectura necesita una explicación que permita reconocer en ella el designio de Dios cumplido en Jesucristo. La tradición cristiana antigua también entendió el episodio como una unión entre lectura, predicación y fe: el funcionario no comprende plenamente las profecías hasta que Felipe explica su sentido cristológico.2


