La cooperación aparece cuando una persona realiza una acción que contribuye causalmente a la acción de otra. La persona que inicia la conducta recibe tradicionalmente el nombre de agente principal, mientras que quien presta ayuda recibe el de cooperador. Ambos realizan actos propios, aunque el acto del cooperador favorece la consecución del fin del agente principal.3
La cooperación no equivale a cualquier relación con el mal. Una persona puede sufrir las consecuencias de una injusticia, conocer que otra persona actúa mal o beneficiarse accidentalmente de una acción ilícita sin haber contribuido a producirla. La cooperación exige una influencia causal sobre la conducta ajena: la acción del cooperador aporta algo que ayuda a que el mal se realice.4
La doctrina católica distingue principalmente entre:
- Cooperación formal, que implica adhesión a la finalidad inmoral o participación directa en el acto malo.
- Cooperación material, que presta una ayuda causal sin compartir la intención del agente principal y sin participar directamente en el acto malo. Algunas formas de cooperación material pueden resultar lícitas por una razón proporcionada.1
