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Cooperación formal al mal

La cooperación formal al mal constituye, en la teología moral católica, una participación voluntaria en una acción injusta mediante la adhesión a su finalidad inmoral o mediante una intervención que forma parte directamente de ella. Por su propia naturaleza, siempre es moralmente ilícita, incluso cuando quien coopera pretende obtener posteriormente un bien.1,2

Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombreCooperación formal al mal
CategoríaTérmino
DescripciónActo que implica compartir la intención inmoral del agente principal o participar directamente en el acto malo; siempre ilícita. Participación voluntaria en una acción injusta mediante adhesión a la finalidad inmoral o intervención directa en el acto malo. En la teología moral católica, la cooperación formal al mal es la ayuda causal al acto de otro que se realiza con intención o participación directa en el mal, distinta de la mera consecuencia o ayuda indirecta
Doctrinas RelacionadasCooperación material, responsabilidad moral, escándalo, discernimiento moral
EjemplosEnfermera que entrega pinzas al médico durante un aborto; autoridad que autoriza, aprueba o prescribe una acción inmoral.
Fundamento MoralRegla absoluta: nunca es lícito cooperar formalmente con el mal.
TipoTérmino moral
Valoración MoralSiempre ilícita, sin que una finalidad posterior buena la legitime.

Tabla de contenido

Concepto general

La cooperación aparece cuando una persona realiza una acción que contribuye causalmente a la acción de otra. La persona que inicia la conducta recibe tradicionalmente el nombre de agente principal, mientras que quien presta ayuda recibe el de cooperador. Ambos realizan actos propios, aunque el acto del cooperador favorece la consecución del fin del agente principal.3

La cooperación no equivale a cualquier relación con el mal. Una persona puede sufrir las consecuencias de una injusticia, conocer que otra persona actúa mal o beneficiarse accidentalmente de una acción ilícita sin haber contribuido a producirla. La cooperación exige una influencia causal sobre la conducta ajena: la acción del cooperador aporta algo que ayuda a que el mal se realice.4

La doctrina católica distingue principalmente entre:

  • Cooperación formal, que implica adhesión a la finalidad inmoral o participación directa en el acto malo.
  • Cooperación material, que presta una ayuda causal sin compartir la intención del agente principal y sin participar directamente en el acto malo. Algunas formas de cooperación material pueden resultar lícitas por una razón proporcionada.1

Definición de cooperación formal

La cooperación formal existe cuando el cooperador:

  1. Comparte la intención inmoral del agente principal; o.
  2. Participa directamente en el acto malo, aunque persiga un fin ulterior distinto.

La segunda posibilidad resulta especialmente relevante. Una persona no necesita aprobar interiormente toda la malicia del agente principal para cooperar formalmente. Basta con que realice una intervención que constituya, por su propia naturaleza o por la forma concreta que adopta, una participación directa en el acto inmoral.1

La cooperación formal puede describirse como una actuación que pone al cooperador al servicio directo del mal. La finalidad interior de su acción o el significado objetivo de su intervención convierte la conducta ajena en algo que también hace suyo moralmente.5

Por tanto, la cooperación formal no se reduce a una aprobación psicológica. El simple asentimiento interior puede constituir aprobación del mal, pero no siempre constituye cooperación, porque la cooperación requiere además una acción con eficacia causal sobre el acto de otra persona.5

Fundamento moral

La cooperación formal contradice la obligación de ordenar la voluntad al bien. Quien coopera formalmente no permanece como un observador externo, sino que acepta o ejecuta una parte del desorden moral. Si el acto principal posee una malicia grave, la cooperación formal participa de esa gravedad.2

La tradición moral católica formula esta regla de manera absoluta:

Nunca es lícito cooperar formalmente con el mal.1

La buena intención no transforma una acción intrínsecamente mala en una acción buena. Ayudar directamente a cometer una injusticia para conseguir dinero, evitar un conflicto, conservar un empleo o alcanzar un beneficio médico continúa siendo cooperación formal si la ayuda comparte el acto inmoral o lo ejecuta directamente. Las circunstancias pueden explicar la presión que sufrió una persona, pero no cambian la estructura moral esencial del acto.2

Formas principales

Adhesión a la intención del agente principal

La forma más evidente aparece cuando el cooperador comparte el propósito inmoral de quien actúa. Por ejemplo, quien anima a otra persona a faltar injustificadamente a la misa dominical coopera formalmente con ese pecado porque desea que la otra persona realice el acto malo.6

También existe cooperación formal cuando alguien proporciona medios, dinero, instrucciones o apoyo precisamente para que otra persona pueda llevar a cabo una acción injusta. El cooperador no se limita a tolerar el mal: quiere que su ayuda contribuya a su realización.5

Participación directa en el acto inmoral

Una persona puede cooperar formalmente aunque no comparta explícitamente la intención subjetiva del agente principal. La intervención objetiva puede constituir una parte directa del acto malo.

Una enfermera que entrega unas pinzas al médico durante un aborto, con el fin concreto de facilitar la intervención, no realiza moralmente un acto neutral de entrega de instrumental. En ese contexto, su acción forma parte directa de la ejecución del aborto y ayuda a que llegue a término.5

La descripción moral del acto debe atender a su significado concreto. No basta con describirlo de manera física o abstracta -«entregar unas pinzas»-; hay que considerarlo en su contexto real: «entregar unas pinzas al médico para que complete inmediatamente un aborto». Cuando la acción carece de otro significado práctico que facilitar el acto malo, la cooperación material inmediata puede convertirse en cooperación formal.7

Autorización, aprobación y dirección

La cooperación formal incluye diversas intervenciones de autoridad o de apoyo institucional, entre ellas:

  • Autorizar una acción injusta.
  • Aprobarla expresamente.
  • Prescribirla.
  • Defenderla activamente.
  • Impartir instrucciones concretas para realizarla.
  • Proporcionar ayuda específica con la finalidad de asegurar su ejecución.1

Una autoridad que ordena directamente una conducta inmoral no queda moralmente exenta por el hecho de que otra persona ejecute materialmente la acción. La responsabilidad deriva de haber querido y promovido la realización del mal.

Diferencia entre cooperación formal y material

La cooperación material tiene lugar cuando el cooperador no comparte la intención inmoral del agente principal y tampoco participa directamente en el acto malo como medio para conseguir otro fin. Su acción posee un objeto distinto, aunque mantenga una relación causal con la conducta injusta.1

La distinción puede resumirse así:

Tipo de cooperaciónRelación con la intención malaRelación con el acto maloValoración moral
FormalComparte la intención o asume directamente el actoParticipación directaSiempre ilícita
MaterialNo comparte la intenciónAyuda indirecta o no esencialPuede ser ilícita o lícita

La cooperación material no recibe automáticamente una valoración positiva. Algunas formas siguen siendo moralmente injustas, especialmente cuando la ayuda resulta muy próxima, necesaria o desproporcionada respecto del bien que pretende alcanzarse. Otras pueden tolerarse cuando existe una razón proporcionada y no hay una alternativa razonable para evitar la participación.1,8

Inmediatez, proximidad y distancia

La teología moral analiza la cooperación material mediante varias categorías.

Cooperación inmediata

La cooperación es inmediata cuando la ayuda contribuye directamente a la ejecución del acto malo, sin una cadena intermedia relevante. Una intervención realizada durante el acto y orientada precisamente a completarlo puede tener este carácter.7

La inmediatez no depende únicamente del tiempo o del espacio. También depende del significado moral de la acción. Una conducta físicamente sencilla puede convertirse en participación directa si, dentro de la situación concreta, sólo tiene sentido como ayuda al mal.

Cooperación próxima

La cooperación es próxima cuando mantiene una relación estrecha con el acto principal por su tiempo, lugar o función. La asistencia de una enfermera al médico durante una intervención abortiva constituye un ejemplo de cooperación muy próxima.7

La proximidad suele aumentar la responsabilidad moral en los casos de cooperación material, porque la ayuda influye de manera más directa en la realización del mal.

Cooperación remota

La cooperación es remota cuando la relación causal con el acto malo queda más alejada. Un servicio general de electricidad utilizado posteriormente en una acción injusta puede presentar una relación mucho más remota que la asistencia prestada dentro del acto mismo.7

La distancia, sin embargo, no convierte automáticamente una cooperación en lícita. El análisis debe considerar también la intención, la necesidad de la ayuda, su proporción y la posibilidad de evitarla.

Cooperación y beneficio obtenido del mal

Beneficiarse de una acción mala no equivale necesariamente a cooperar formalmente con ella. La cooperación exige que la acción presente del cooperador contribuya causalmente al acto malo. Una conducta posterior no puede causar retroactivamente un hecho ya consumado.4

Esta distinción resulta relevante en situaciones en las que una persona recibe un bien producido mediante una injusticia anterior. Por ejemplo, recibir un producto elaborado con medios moralmente problemáticos no constituye por sí mismo cooperación formal con el acto originario si la persona no contribuyó a realizarlo ni comparte su intención. La valoración moral de la recepción dependerá de otros factores, como la aprobación actual del mal, la promoción de nuevas injusticias o la obligación de reparar el daño.

La aprobación interior de una acción pasada puede ser moralmente culpable, pero no produce retroactivamente aquella acción. La cooperación formal requiere una intervención que ayude a un acto presente o futuro, mientras que la aprobación aislada pertenece a otro ámbito de la responsabilidad moral.2

Responsabilidad moral

La responsabilidad del cooperador depende de varios elementos:

  • Conocimiento de la naturaleza inmoral de la acción.
  • Libertad para prestar o negar la ayuda.
  • Intención con la que actúa.
  • Objeto moral de su propia conducta.
  • Grado de intervención en el acto principal.
  • Gravedad del mal al que contribuye.
  • Posibilidad real de evitar la cooperación.

La presión social, el miedo o la necesidad económica pueden disminuir la responsabilidad subjetiva en determinados casos, pero no convierten formalmente en bueno un acto malo. Una persona puede actuar con culpabilidad atenuada y, al mismo tiempo, haber realizado objetivamente una cooperación formal ilícita.2

La gravedad aumenta cuando el cooperador desempeña una función indispensable, proporciona recursos específicamente destinados al mal o utiliza su autoridad para conseguir que otros lo realicen. Quienes financian una acción injusta con conocimiento de su finalidad y con la intención de que prospere pueden prestar una ayuda formal, no meramente accidental.9

Cooperación en la vida pública

La responsabilidad por cooperación formal también alcanza las decisiones políticas, profesionales y administrativas. Quienes apoyan de manera consciente, voluntaria y directa leyes o políticas públicas que vulneran principios morales fundamentales cooperan con el mal.10

La vida pública presenta con frecuencia situaciones complejas. Un ciudadano puede pagar impuestos destinados principalmente a bienes comunes -educación, sanidad, seguridad y justicia- aunque una parte de los recursos termine financiando acciones que no aprueba. En tal caso, la relación normalmente no equivale a una adhesión formal al mal, especialmente cuando la persona carece de una alternativa legal y razonable.8

Distinto sería apoyar directamente una política injusta porque se desea la injusticia que contiene, financiarla de manera específica o defenderla precisamente por su aspecto moralmente malo. En esas circunstancias aparece la adhesión formal al mal.

Cooperación en la asistencia sanitaria

Las instituciones sanitarias católicas deben evitar, siempre que resulte posible, acuerdos de colaboración que las impliquen en conductas injustas de otros proveedores. Su misión de respetar la dignidad humana y promover el bien común exige examinar cuidadosamente la naturaleza de cada colaboración.1

El análisis moral debe distinguir entre:

  • Participación directa en una práctica ilícita.
  • Colaboración administrativa o técnica indirecta.
  • Prestación de servicios ordinarios que otra entidad utiliza abusivamente.
  • Recepción de un beneficio derivado de una acción pasada.
  • Aprobación o promoción explícita de la conducta injusta.

La misma acción física puede recibir una valoración diferente según su objeto concreto, su intención y su relación causal con el acto principal. Entregar un instrumento médico para una intervención legítima no tiene el mismo significado que entregarlo durante un aborto con el propósito de facilitarlo.

Escándalo y cooperación formal

La cooperación formal puede producir también escándalo, entendido en sentido moral como una conducta que ofrece a otra persona ocasión o estímulo para pecar mediante consejo, inducción o ejemplo.5

Una persona con autoridad pública, profesional, familiar o eclesial puede causar un daño añadido cuando presenta una acción inmoral como aceptable. La aprobación pública no sólo compromete al cooperador; también puede debilitar la conciencia de otras personas y favorecer nuevas conductas injustas.

Por esta razón, la responsabilidad no se limita a la ayuda física. La propaganda, la justificación pública, la instrucción técnica y la orden institucional pueden constituir formas graves de cooperación formal cuando orientan directamente la conducta hacia el mal.1

Criterios para el discernimiento

Para valorar un caso concreto conviene responder ordenadamente a estas preguntas:

  1. ¿Cuál es el acto que realiza el agente principal?
  2. ¿Qué acto propio realiza el cooperador?
  3. ¿Qué finalidad persigue cada persona?
  4. ¿La ayuda participa directamente en el acto malo?
  5. ¿La acción del cooperador resulta necesaria o específica para que el mal prospere?
  6. ¿La ayuda tiene un objeto moral distinto o constituye una parte del mismo acto?
  7. ¿Existe una alternativa que permita evitar la colaboración?
  8. ¿Hay una razón proporcionada para tolerar una cooperación material?
  9. ¿La conducta puede inducir a otros a considerar bueno o normal el mal?

El discernimiento debe evitar dos errores opuestos. El primero consiste en llamar cooperación formal a cualquier relación indirecta con una injusticia. El segundo consiste en llamar cooperación material a una intervención que, por su finalidad o por su estructura objetiva, participa directamente en el acto malo.

Síntesis doctrinal

La cooperación formal al mal presenta cuatro rasgos esenciales:

  • Implica una acción que ayuda causalmente al acto de otra persona.
  • Comparte la intención inmoral del agente principal o participa directamente en su acto.
  • Convierte al cooperador en responsable de una parte del desorden moral.
  • Resulta siempre ilícita, sin que una finalidad posterior buena pueda legitimarla.5,1

La cooperación material, en cambio, no comparte la intención mala ni participa directamente en el acto. Puede resultar lícita cuando la acción del cooperador es buena o indiferente, la relación con el mal es suficientemente indirecta, existe una razón proporcionada y no hay una alternativa razonable.1,8

La conciencia cristiana debe rechazar toda participación formal en el mal y actuar con prudencia ante las formas materiales de cooperación. La fidelidad moral no exige ignorar la complejidad de la vida social, pero sí obliga a no convertir deliberadamente la propia acción en instrumento de una injusticia.

Citas y referencias

  1. Parte V cuestiones en la atención a los gravemente enfermos y moribundos - Directrices, Conferencia de Obispos Católicos de los Estados Unidos. Directrices Éticas y Religiosas para los Servicios de Salud Católicos, 66 (2016). 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11
  2. B3.2.3 cooperación formal y las vacunas, Ezra Sullivan, O.P. Uso de vacunas derivadas del aborto: Un análisis moral, 50 (2021). 2 3 4 5
  3. B3.2 argumentos sobre la cooperación formal con el mal, Ezra Sullivan, O.P. Uso de vacunas derivadas del aborto: Un análisis moral, 46 (2021).
  4. Ezra Sullivan, O.P. Uso de vacunas derivadas del aborto: Un análisis moral, 47 (2021). 2
  5. B3.2.2 inmoralidad de la cooperación formal con el mal, Ezra Sullivan, O.P. Uso de vacunas derivadas del aborto: Un análisis moral, 48 (2021). 2 3 4 5 6
  6. Cómplice, Enciclopedia Católica, Cómplice (1913).
  7. Ezra Sullivan, O.P. Uso de vacunas derivadas del aborto: Un análisis moral, 53 (2021). 2 3 4
  8. Actuar moralmente - Carácter y conciencia, Conferencia Episcopal Católica de Inglaterra y Gales. Valoración de la Vida, 46 (2004). 2 3
  9. Ezra Sullivan, O.P. Uso de vacunas derivadas del aborto: Un análisis moral, 49 (2021).
  10. Formando conciencias para una ciudadanía fiel, Conferencia de Obispos Católicos de los Estados Unidos. Formando conciencias para una ciudadanía fiel, 45 (2015).
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