La cooperación implica que una persona contribuye causalmente a una acción realizada por otra. No basta con obtener un beneficio después de que alguien haya cometido una injusticia: beneficiarse de un mal pasado no equivale necesariamente a cooperar en su realización, porque la acción posterior no causó el acto anterior.1
La cooperación material aparece cuando el colaborador realiza una acción cuyo objeto propio es distinto del acto malo, aunque el autor principal utilice aquella ayuda para alcanzar su finalidad ilícita. El colaborador no pretende el mal, pero su conducta mantiene una relación causal con él. Esa relación puede consistir en proporcionar un objeto físico, un servicio, una información, una autorización indirecta o cualquier otra condición aprovechable para la acción inmoral.3,2
La distinción no depende únicamente de la intención subjetiva. Una acción que contribuye directamente al acto malo puede constituir cooperación formal aunque la persona alegue que perseguía una finalidad distinta. La valoración moral considera conjuntamente el objeto de la acción, la intención y las circunstancias concretas.4,2
